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Candy Perdomo, una dominicana sobreviviente del 11-5

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Candy Perdomo, una dominicana sobreviviente del 11-5
Candy Perdomo, una dominicana sobreviviente del 11-5

El martes 11 de septiembre de 2001 inició como un día normal para la dominicana Cándida Perdomo, que se desempeñaba como secretaria ejecutiva de Morgan Stanley, una empresa que ocupaba unos 16 pisos de la torre sur del World Trade Center, la segunda en ser impactada por un avión y la primera en derrumbarse.

Perdomo llegó pasadas las 8:00 de la mañana a la oficina, ubicada en el piso 67 de la torre. Su primer paso fue dirigirse a la oficina de su jefe y, tras darse cuenta de que no había llegado, decidió tomarse un café antes de iniciar la jornada: «Déjame prepararme para el día», pensó.

Se dirigía a la cocina cuando sintió que el edificio se estremecía y la luz se fue por un momento. «¿Qué pasó?», se preguntó.

«Cuando me asomé y miré a las ventanas, podía ver que habían hojas de papel volando y humo. Inmediatamente puse la taza en uno de los escritorios de mis compañeros y corrí hacia la ventana del fondo del pasillo para ver exactamente de dónde venía el humo y me percaté de que el humo venía de la torre número uno, que había sido impactada por algo», cuenta.

Dijo que sintió cómo la adrenalina se apoderó de su cuerpo tras ver lo que había pasado y, de inmediato, comenzó a informar a sus colegas sobre lo que había visto y dio la orden de evacuar.

«Corrí por todos los pasillos, los baños, avisando que debíamos evacuar el edificio, que por favor no usaran los elevadores, solamente las escaleras«, recordó Cándida, que ya llevaba varios años trabajando en el complejo financiero y se entrenó para evacuaciones de emergencia tras el atentado con explosivos contra la torre norte en 1993.

En palabras de Cándida, el proceso de evacuación fue «bastante rápido» y, en pocos minutos, solo quedaban Cándida y dos ejecutivos en la oficina. Más de 300 trabajaban en ese piso, pero al momento de la evacuación solo había unas 50 o 60 personas que «habían llegado a la oficina», dijo.

«Le dije a mi madre que mirara mi hombro, me dice ‘para qué’ le digo: ‘la mano de Dios fue que me trajo a casa hoy, porque no sé qué hice, para sobrevivir madre. Es malo lo que ha pasado, hay mucha gente muerta y yo la vi, yo la vi’.» Candy Perdomo Dominicana sobreviviente del 11-S

En la de la antena 

Después de asegurarse de que el piso entero había sido desocupado, Cándida regresó a su escritorio por sus pertenencias.

Una vez allí, se reunió con los dos gerentes y se dio cuenta de la cantidad de llamadas que estaban entrando en ese momento a los teléfonos de la oficina, cada una de ellas siendo redireccionada a su extensión. Antes de salir, decidió responder una, la más importante para ella: la de su familia.

«Todas (las líneas) estaban sonando, pero yo dije: ‘Tengo que contestar la principal porque la llamada venía de casa de mis padres y ya yo sabía que ellos se estaban dando cuenta de lo que estaba pasando en la torre número uno‘».

«Les avisé que yo estaba bien. Que el fuego era en la torre número uno«, recordó sobre la conversación que sostuvo con su tía María. «‘Yo estoy en la que no tiene la antena'», les dijo.

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Infografía

Imagen del impacto a la Torre sur, mientras el humo sale de la torre norte el 11 de septiembre de 2001. (ARCHIVO/AP)

Cándida explica que esta última frase la utilizaba para que sus familiares pudieran identificar su lugar de trabajo. Se refería a la antena de telecomunicaciones colocada sobre la torre norte y que era una de las diferencias visibles entre los edificios que, a simple vista, eran idénticos, lo que les valió el nombre de «Torres Gemelas».

«Mi tía, que estaba con mi padre, me decía: ‘Sí, Candy. Candy, tienes que bajar, tienes que bajar'», pero Cándida no pudo reaccionar a este último mensaje porque, en ese mismo instante, el vuelo 175 de United Airlines se estrellaba contra la fachada de la torre sur, penetrando entre los pisos 77 y 85.

El choque ocurrió a las 9:03 de la mañana, tan solo 17 minutos después del primer impacto. Fue captado y transmitido en vivo por numerosas cadenas de televisión, pero Cándida y sus compañeros lo sintieron desde las entrañas del edificio.

«El piso se llenó de un humo gris, polvorizo. Todo se destruyó», dijo. «Fue tan fuerte que me tiró al piso cerca de mi escritorio y, cuando me levanté, lo único que le dije a mis compañeros: ‘Vamos a morir, qué fue eso, qué fue eso'», agregó.

Momento de salir

Cándida recuerda que uno de los gerentes que estaban con ella la agarró de la mano y le dijo: «No, vamos a salir de aquí», y juntos corrieron hacia la salida de emergencia y se dispusieron a abandonar el edificio bajando las escaleras.

Les costó 42 minutos bajar hasta el nivel número uno, que era la plaza de Main Level.

«Fueron los momentos más agonizantes que puede vivir un ser humano porque dejé muchas personas dentro que sé que no pudieron salir, que no sobrevivieron», dijo Cándida sobre ese tiempo.

Recordó a un señor que encontró en la escalera y que ella quiso ayudar, pero él la instó a seguir bajando. «Tenía una pierna que no le permitía a él bajar más y me recuerdo que lo dejé como por los pisos 23-22. Y ya lo tuve que dejar ahí».

Cuenta que mientras iban bajando vio a los bomberos mientras iban subiendo con todo su equipo, incluyendo tanques de oxígeno para rescatar a las personas que estaban «muy estresadas o simplemente no podían seguir bajando».

«Recuerdo que toqué uno de los bomberos y le dije: ‘Hay una señora que tiene un ataque de asma, necesita oxígeno rápido’, y él me dijo: ‘Continúa, continúa, ya vamos'».

«Tienes que correr»

Una vez abajo, Cándida debía continuar hasta una zona segura. 

«Una policía, nunca la voy a olvidar porque tenía el apellido Rodríguez en su chaqueta, me dijo en inglés: ‘No puedes caminar, tienes que correr, corre hacia allá, no mires hacia atrás'».

«En la parte de atrás era la plaza donde las personas se estaban tirando, se estaban lanzando al vacío», contó. Sin embargo, en medio de la confusión de la tragedia, la solicitud no tuvo cabida porque Cándida no pudo evitar escuchar el grito de alguien que venía cayendo.

«Me sentí totalmente incapaz de ayudar a esa persona y grité: ‘No’, como que no quería que brincaran», dijo, ante lo que la policía le dijo: «Corra, corra, no mire».

«Se viene cayendo»

«Caminamos a través de la plaza del primer nivel de los edificios y salgo, me quedaba en frente una tienda, nunca la voy a olvidar, se llamaba Century 21 y la miré y cruzo la calle, cuando un señor de tez oscura está a mi lado, dice en inglés: ‘Se va a caer, se va a caer‘», relata.

«¿Qué se va a caer?», alcanzó a preguntar. «El edificio se viene cayendo», respondió el señor. En ese momento comenzaron a correr todos, recordó.

En medio de la carrera por alejarse del derrumbe, Cándida recuerda que una mano la sostuvo y la arrastró hasta el interior de una tienda en la que solo notó que había muchas llaves.

«Yo estaba temblando, estaba llorando y solamente decía: ‘Mucha gente ha muerto, mucha gente ha muerto, están adentro’, yo lo vi, yo lo vi», recuerda sobre los momentos tras ingresar a la tienda.

Tras la caída del edificio, la dominicana recuerda que todo el lugar fue cubierto por una bola de humo, por lo que, al salir de la tienda, tuvo que cubrirse la cara para poder avanzar.

«Tuvimos que salir y caminar a un área mucho más clara y ahí había un señor que estaba dando botellas de agua para que uno se lavara la cara, se quitara todo el polvo que había recibido de la caída del edificio y cuando logré mirar, solamente seguía mirando el edificio de la antena, no sabía que el edificio que había caído era el mío «, dijo.

«Cuando noté que el edificio que había caído era el mío, me desplomé y empecé a llorar y a decir que había muchas personas, que mis compañeros estaban dentro del edificio«. En ese momento una señora le explicó que un avión había chocado contra la torre que acababa de abandonar.

  • El otro edificio, el de la antena, terminó derrumbándose a las 10:28 de la mañana.

El camino a casa

Tras la caída del segundo edificio y con una vaga noción de lo que había pasado, Cándida comienza a alejarse de la zona afectada con destino a su casa, cerca de las 11:00 de la mañana.

«Empecé a caminar lejos, alejándome, caminando, pero ya llegó un punto que ya una no podía caminar más«, dijo.

Cándida debía trasladarse desde Manhattan hasta El Bronx, donde vivía con su familia, su hija y su esposo, pero el camino se hacía difícil, ya que en ese momento las líneas telefónicas estaban cortadas, no había servicio de transporte público y los puentes habían cerrado.

«Había bajado 67 pisos, no dejaba de llorar. Estaba completamente hecha un desastre«, dice sobre el estado en el que estaba cuando «unos buenos samaritanos» se le acercaron y le preguntaron si le podían ayudar, pero solo les decía que «había mucha gente muerta» y que había corrido mucho.

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Infografía

Candy Perdomo, dominicana sobreviviente del 11-s. (DIARIO LIBRE/NELSON PULIDO)

«Se ofrecieron llevarme a mi casa y yo le dije que vivía en El Bronx, entonces me dijeron: ‘No te podemos llevar al El Bronx porque los puentes están cerrados, pero te podemos dejar cerca del puente y tu familia puede venir a buscarte'», recuerda.

Relata que, casi a las 4:00 de la tarde, cuando ya estaba en el Alto Manhattan, verificó su celular y se dio cuenta de que tenía señal. Marcó a casa de sus padres y en ese momento fue que se dieron cuenta de que «estaba viva», pero no sabían dónde estaba, por lo que le pasó el teléfono a alguien que iba pasando por allí para que les dijera dónde estaba. 

«Antes del 911, tenía una vida muy linda, estaba casada, tenía una bebé de año y medio, tenía un matrimonio completo, vivía en un apartamento muy lindo en Nueva York, tenía un trabajo maravilloso, en una compañía de las mejores en Estados Unidos, una posición que la me la había ganado a puros puños y al trabajo y a mi buen desempeño. Después de eso, emocionalmente, mentalmente no pude continuar.» Candy Perdomo Dominicana sobreviviente del 11-S

Finalmente, llegó a casa casi a las 5:00 de la tarde, marcando, según dijo, uno de los momentos más difíciles de su vida.

  • «Yo regresé, regresé a los brazos de mi familia, todos los vecinos me esperaban, pero yo también sabía de todas las personas que quedaron adentro», dijo sin poder contener las lágrimas.

Allí, en brazos de su madre, el momento en el que sucumbió a todo lo que había vivido, también fue un momento en el que reconoció que algo más grande que lo conocido fue lo que la ayudó a salir con vida.

«Le dije a mi madre que mirara mi hombro. Me dice: ‘¿Para qué?’. Le digo: ‘La mano de Dios fue que me trajo a casa hoy, porque no sé qué hice que sobreviví, madre'», dijo. «Es malo lo que ha pasado, hay mucha gente muerta y yo la vi, yo la vi», repitió.

  • En conversación con Diario Libre, Perdomo, nacida como Cándida, dijo que tras los atentados del 11 de septiembre su nombre se ha convertido en ‘Candy‘ y cree que la razón es porque la mujer que era antes se quedó bajo los escombros del World Trade Center.

«Ese día empezaron los años más difíciles de mi vida, muy difíciles, porque después me llegué a enterar de todas las personas que perdí y mi mente no podía procesar tanto dolor», dijo. 

Son los dominicanos que perdieron la vida durante los atentados a las Torres Gemelas.

Cuenta que en la empresa en la que trabajaba antes, Marsh & McLennan, fallecieron cerca de 300 personas, de las cuales 42 eran compañeros del departamento en el que trabajó por más de seis años, mientras que en Morgan Stanley fallecieron 23.

  • «Estamos hablando de más de 60 y pico de personas que yo tenía que procesar en mi mente que yo no iba a volver a ver», señaló.

«Ya no era lo mismo»

Candy cuenta que los años siguientes a los atentados del 11 de septiembre de 2001 fueron difíciles, sobre todo cuando comparaba lo que tenía antes de los ataques y lo que le quedó después de ellos.

Según cuenta, antes vivía una vida de ensueño, un ejemplo del sueño americano que sus tres hermanos y sus padres perseguían cuando migraron a Estados Unidos en 1980, y conseguida a base de su trabajo duro.

«Tenía una vida muy linda, estaba casada, tenía una bebé de año y medio, tenía un matrimonio completo, vivía en un apartamento muy lindo en Nueva York, tenía un trabajo maravilloso, en una compañía de las mejores en Estados Unidos, una posición que me la había ganado a puros puños», pero no pudo mantenerlos.

«Emocionalmente, mentalmente, no pude continuar«, dijo.

Producto de este desgaste, Candy dejó la compañía, la cual inició un proceso de transición unas dos semanas después de los atentados, pero finalmente tuvo que despedir a una gran cantidad de empleados de las Torres Gemelas, debido a que el trabajo había sido diversificado a otras oficinas.

Y dejó Nueva York, la ciudad que la acogió junto a su familia y en la que había vivido grandes momentos, pero que ya no evocaba los mismos sentimientos.

  • «La misma ciudad me producía mucha ansiedad y mucha tristeza. Ya no era lo mismo».

En 2002 se mudó a Orlando con su hija Laura Amanda, de unos dos años, y uno de sus hermanos, que la acompañó para que no estuviera sola.

«Me mudé a Orlando, a la Florida, para poder buscar la manera de sanar porque tenía demasiadas cosas en mi mente que había visto, que tenía que procesar y de pronto borrar para poder continuar hacia adelante».

Orlando era la ciudad que ella y su pareja habían elegido durante un viaje apenas un mes antes de los atentados para construir una casa y establecerse cuando su hija estuviera más grande y así pudiera disfrutar de un sistema escolar más tranquilo que el de Nueva York.

¿Por qué me dejaste aquí?

Candy cuenta que fue diagnosticada con estrés postraumático severo.

En los años siguientes a los atentados dijo haber pasado «mucho sufrimiento«, tuvo pesadillas, ansiedad y depresión, sobre todo porque los doctores no sabían cómo tratar la gravedad de su padecimiento.

«Duré casi 13 años en mucha agonía emocional«, dijo.

Dijo que le costó unos 10 años encontrar la ayuda psicológica que necesitaba y fue aproximadamente en 2013 cuando sintió que estaba recuperando la persona que era antes de los atentados del 11 de septiembre.

«Después que empecé a descubrir que estaba mejorando, me propuse vivir el propósito por el cual Dios me había dejado en esta tierra, porque anteriormente me preguntaba siempre: ¿Por qué me dejaste aquí si sufro tanto?».

«Cuando entendí que la razón de Dios no la podía cuestionar, decidí enfrentar a la vida con toda fuerza y dije que la resiliencia era la única opción que iba a tener. No quejarme, no cuestionar a Dios y no sentirme mal por lo que pasó, sino darle toda la fuerza y la cara a la situación y volverme a levantar» Candy Perdomo Dominicana sobreviviente del 11-S

Según cuenta, cada año se somete a evaluaciones físicas debido a que estuvo expuesta al polvo y a los químicos, por lo que deben mantener un monitoreo de sus pulmones.

En una de esas evaluaciones, hace dos años, según dijo, le encontraron 12 quistes en el pulmón derecho, uno de ellos ya comenzó a preocupar al equipo médico.

«Hay uno que ya está presentando preocupaciones para los doctores, pero hasta ahora no consideran que haya que hacer nada, no quieren sugerir operaciones ni nada, sino que trate de llevar una vida de muy poco estrés y no preocuparme por muchas cosas», dijo.

Dos semanas después de los atentados, Candy todavía escupía sangre, debido al polvo y al humo que inhaló.

«Nunca me imaginé que la vida me tenía eso guardado», dice Candy al evaluar su vida como sobreviviente de los atentados de 2001 y asegura que es algo que no le desea «ni a su peor enemigo», ya que —según reflexionó— es una tragedia que provocó muertes inmediatas, pero que le ha costado la vida a más personas a lo largo de estos 25 años, sumado a tener que vivir con los recuerdos.

«Vivimos con mucha más incertidumbre, con temor de que vuelva a suceder y que de momento le den la mala noticia a uno de que tiene ya una enfermedad que viene a raíz de eso», lamenta.

Actualmente, sigue recibiendo asistencia profesional, trata de comer saludable, hacer mucho ejercicio y se rodea de gente que entienda lo que ha pasado, que comprenda que necesita «un poquito más de comprensión».

«Esto es algo que uno tiene sus días buenos y tiene sus días malos y una vez que yo entendí que eso era parte del proceso de sanar, he sabido que cuando estoy mal puedo comunicarme con una amiga cercana o alguien, o incluso miembro de mi familia, le digo: ‘Hoy no me siento bien’ y ya ellos saben», cuenta.

El camino de la resiliencia

En 2004, entró a trabajar en Lockheed Martin tras su llegada a Orlando, Florida. Allí se presentó como una sobreviviente de los atentados y fue recibida «con los brazos abiertos». Cuenta que la empresa ya tenía experiencia con empleados con su condición y allí permaneció por 12 años.

«En los momentos más difíciles pueden llegar las bendiciones más grandes», dice al tomar como ejemplo su ingreso a esta compañía el mismo año en el que se estaba divorciando.

En 2017, abrió su propia empresa, una agencia de viajes llamada Simply Elite Travel & Tours, que terminó siendo un reto, ya que ella misma tenía miedo a montarse en aviones tras los atentados, a pesar de que antes disfrutaba volar y viajar.

«Cuando sucedió eso (los atentados), duré esos 6, 7 años que me daba mucho pánico montarme en un avión, pero también eso fue una decisión que hice de que no iba a dejar que algo tan trágico quitara de mí algo que me gustaba hacer, que era viajar».

Cuenta que su primer viaje fue seis años después de los atentados, un vuelo por trabajo desde Orlando hasta las oficinas de su empresa en Washington. Dijo que pasó el trayecto de unas dos horas agarrada de su compañera de trabajo, mientras lloraba.

Su segundo vuelo, un tiempo después, fue con su mamá a la República Dominicana y lo realizó bajo sedante, según su relato.

Fue gracias a su agencia y a la cantidad de viajes que ha realizado a través de ella que terminó conquistando el temor y recuperó su pasión por los viajes.

  • «Siempre viajo con una imagen de Jesucristo en mis manos aquí para que me dé la tranquilidad que necesito durante todo el vuelo».

«Sentir que hoy tengo mi propia empresa en Orlando, una agencia que le puedo llevar el momento de felicidad a otra persona cuando ellos logran viajar a un lugar que de pronto pensaron, nunca se imaginaron que lo podían hacer. Eso me da mucha felicidad y hasta cierto grado llena algunos de los vacíos que tenía de todos estos años.» Candy Perdomo Dominicana sobreviviente de 11-S

A pesar de que la idea de la agencia de viajes nació en un plan organizado por ella para viajar con su hija, la joven no trabaja con ella. Actualmente se prepara para terminar la carrera de medicina y vive ahora mismo en la ciudad de Jacksonville.

«Es una hija maravillosa. Ha sido mi fuerza, mi enfoque, mi paz, mi felicidad«, dijo.

Imágenes que se sienten

El recuerdo de los atentados, para Candy, llega desde el cambio de estación. El otoño entra y ella percibe en el ambiente un aura de melancolía y tristeza, que combate con menos tiempo frente al televisor para evitar las recaídas emocionales de ver las imágenes de los ataques, imágenes que dice sentir, más que ver.

«Han pasado 25 años y aunque muchas personas me dicen: ‘Tienes que olvidarlo’, es difícil. Poner un día tan trágico en el baúl de los recuerdos y no tener, no sentir lo que pasó, es muy difícil».

«Tenemos que estar muy conscientes de que todo obra para bien, todo, y tener la fuerza y la resiliencia de que cada vez que nos caemos tenemos que volvernos a levantarnos. No hay otra opción, volvemos a levantarnos.» Candy Perdomo Dominicana sobreviviente de 11-S

«Entonces trato de no verla porque para mí, cuando una persona ve el avión cuando entra así de lado, ustedes lo están viendo, yo lo estoy sintiendo porque yo estaba dentro del edificio cuando el avión impactó«.

Tras la tragedia siguieron años difíciles, en los que cuestionó la razón por la que sobrevivió, mientras otras personas no lo lograron, años en los que tuvo que lidiar con las secuelas emocionales de los atentados, pero también en los que descubrió que la resiliencia era el único camino que le quedaba.

«Tenemos que estar muy conscientes de que todo obra para bien, todo, y tener la fuerza y la resiliencia de que cada vez que nos caemos tenemos que volvernos a levantar. No hay otra opción».

Fuente: www.diariolibre.com