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La crisis de sargazo en México es peor que la nuestra

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La crisis de sargazo en México es peor que la nuestra
La crisis de sargazo en México es peor que la nuestra

La crisis de sargazo en México es más compleja, extensa y costosa que la nuestra. Sin embargo, lo que México tiene, y lo que nos falta, es una estrategia nacional y un marco legal y económico que convierte ese problema en una oportunidad de negocio. En eso, nos llevan ventaja.

La semana pasada formé parte de una delegación dominicana de alto nivel convocada por la GIZ y la Unión Europea a través del programa Euroclima. Visitamos ministerios federales, institutos científicos, plantas de biogás, empresas de valorización y operadores hoteleros. Fui esperando encontrar la misma realidad que conocemos en la República Dominicana. Sin embargo, volví con una perspectiva diferente.

El problema de ellos es más grande. Su respuesta también.

El corredor turístico dominicano afectado por el sargazo, desde Cap Caná hasta Macao y Uvero Alto, concentra la mayor parte de nuestro turismo en una franja relativamente manejable. El corredor mexicano equivalente, desde Cancún hasta Tulum, pasando por Puerto Morelos y Playa del Carmen, tiene más de cinco veces esa extensión, con una densidad hotelera y un flujo de visitantes que supera varias veces la escala del Este dominicano. A diferencia de nuestra costa, el sargazo los golpea en plena temporada alta comenzando en diciembre, cuando los hoteles están llenos y la presión sobre la imagen turística es máxima.

Lo que me sorprendió no fue la magnitud del problema, sino la integridad de la respuesta institucional mexicana. En materia de barreras y experiencia operativa en la costa, la República Dominicana no les debe nada a los mexicanos. Llevamos más de quince años en primera línea y conocemos el sargazo mejor que casi nadie en la región. Lo que nos falta es lo que ellos construyeron después de reconocer que el problema no iba a desaparecer: voluntad política, coordinación institucional e inversión pública sostenida.

Cómo se crea una industria desde cero

El gobierno mexicano no inventó una solución al sargazo. Hizo algo más estratégico: creó las condiciones para que el sector privado la construya. La decisión más importante que escuché en todo el viaje fue que México clasificó el sargazo como recurso pesquero. Como el atún o el camarón, no como basura ni residuo de manejo especial. Esa clasificación le da una identidad legal: se puede recolectar, vender, exportar y valorizar comercialmente. No necesariamente sé si ese sería el modelo más idóneo para la realidad de la República Dominicana. Pero la lección es clara: no se puede construir una industria alrededor de algo que no existe legalmente.

A eso sumaron incentivos fiscales para empresas que valoricen el sargazo y zonas económicas especiales para el desarrollo de esa industria. Tres decisiones de política pública que se traducen hoy en una docena de empresas nuevas operando. Vi una planta de biogás funcionando con sargazo como materia prima, dos empresas convirtiéndolo en biofertilizantes agrícolas y alimento animal, y en Quintana Roo visité a CarbonWave, una empresa que transforma sargazo en insumos agrícolas y otros productos. 

No son proyectos piloto. Son empresas incorporadas con planes de negocio, inversores, y contratos. Están buscando mercados con una visión de expansión en el Caribe. Uno de esos mercados pudiera ser la República Dominicana.

Lo que la República Dominicana necesita hacer

La República Dominicana tiene condiciones que México envidiaría: una línea de costa manejable, quince años de experiencia operativa acumulada del sector privado, una Red Interuniversitaria de Sargazos activa en investigación y valoración, y algo que muy pocos países del Caribe tienen: un Gabinete presidencial dedicado exclusivamente al sargazo.

Ese Gabinete es una ventaja significativa, pero solo si se operacionaliza. Hasta ahora la respuesta dominicana frente el sargazo ha sido fragmentada entre diferentes ministerios y direcciones. Esa descentralización tiene un costo concreto: duplicación de esfuerzos, falta de coordinación y, sobre todo, incapacidad de aprovechar oportunidades que requieren una contraparte única a nivel de gobierno.

En México nos reunimos con representantes del Banco Mundial, el BID, la GIZ, AECID y otras entidades que ya financian iniciativas de sargazo, no como caridad, sino como inversión en una industria emergente. Están dispuestos a estructurar préstamos, donaciones y mecanismos de financiamiento. Pero requieren una contraparte coordinada con capacidad de gestionar esos recursos de manera eficiente. La República Dominicana tiene las condiciones para ser ese socio, si el Gabinete funciona como una unidad ejecutora real y no como un comité de coordinación.

El resto del camino es más directo: una definición legal para el sargazo que dé certeza jurídica al sector privado, exoneración arancelaria para los equipos de protección y recolección, incentivos para las empresas que quieran valorizar el sargazo en el país, y mayor inversión en investigación científica local. 

Otro tema que México ya está regulando y que no podemos seguir ignorando: quién opera actualmente las máquinas de limpieza (llamado “beach rakes”) de nuestras playas y cómo lo hace. La recolección mal hecha destruye silenciosamente el activo más valioso del turismo dominicano. México regula a sus operadores y exige parámetros técnicos. Tenemos el borrador protocolo nacional que define exactamente eso. Lo que falta es aplicarlo.

Esto ya no es un problema turístico

Los datos del Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida son contundentes: 

  • En 2011 el Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico prácticamente no existía. 
  • En 2018, el primer pico grande, se estimaba aproximadamente 20 millones de toneladas métricas. 
  • En 2025, su biomasa supera los 38 millones de toneladas métricas.

El volumen total sigue creciendo de manera casi exponencial y no hay señales de estabilización.

Lo que hoy afecta principalmente el Este y el Sur del país tiene todas las condiciones para expandirse a nuevas áreas de la costa dominicana. Ya no estamos hablando de un problema del sector hotelero de Punta Cana, está afectando diferentes plantas eléctricas y la pesca a nivel nacional. Es una amenaza a la seguridad económica nacional.

La República Dominicana tiene mejores condiciones que México para construir una industria alrededor de un problema que no va a desaparecer. Tiene la experiencia, el Gabinete presidencial y el interés de los financiadores internacionales. Lo único que falta es decidir.

El sargazo va a seguir llegando. La pregunta es si vamos a seguir combatiéndolo individualmente, o si vamos a empezar a hacer negocios con él en conjunto.

Fuente: www.diariolibre.com