Reflexión sobre la crisis de valores y el deber de proteger a los niños y niñas en la República Dominicana

Santo Domingo, RD.– Ante la ola creciente de la destrucción de niños y niñas indefensos e inocentes de los errores de los adultos en nuestro país, surge un clamor desde la profundidad del corazón.
Se trata también de una denuncia profética que nace del amor profundo por la vida, la infancia y la verdad.
El mensaje de la Biblia y la desconexión humana
La Biblia no es un simple libro. Es un compendio de sabiduría divina, de ciencia espiritual, de códigos éticos que trascienden el tiempo.
En ella está la arquitectura del ser humano en su diseño original: amoroso, justo, compasivo.
Pero el hombre, en su afán de poder, egoísmo o dolor no sanado, ha distorsionado esa esencia… y hoy vemos los frutos de esa desconexión.
La herida de la violencia familiar
Los actos atroces cometidos por progenitores son una herida abierta en el corazón de la humanidad.
Son el reflejo de una sociedad que ha perdido el sentido del vínculo sagrado entre padres e hijos, y que necesita urgentemente volver a las raíces del amor, del respeto por la vida y del cuidado de los más vulnerables.
Cápsula de conciencia: volver a la raíz del amor
Sabiendo que la infancia es el terreno más sagrado de la humanidad, cada niño es una promesa viva, una semilla de esperanza que merece ser cuidada con ternura y reverencia.
Cuando el dolor humano se convierte en violencia contra los más indefensos, hemos perdido el rumbo.
Es tiempo de volver a la raíz: al amor que sana, a la fe que guía y a la sabiduría que nos recuerda que “el que recibe a un niño en mi nombre, a mí me recibe” (Mateo 18:5).
Fundamento en Dios
Es imperante que nos apropiemos de la palabra conforme al Salmo 127:1:
“Si Jehová no edificare la casa…”
- La casa representa no solo el hogar físico, sino también los proyectos, instituciones, familias y comunidades.
- Edificar implica construir con propósito, estructura y visión.
Este versículo recuerda que, sin la guía de Dios, cualquier esfuerzo humano está incompleto, vulnerable o destinado al vacío.
Educar para transformar: sembrando humanidad
Todo lo anterior nos inspira a educar para transformar. El quehacer educativo no puede limitarse a la transmisión de contenidos académicos.
En su esencia más profunda, educar es sembrar humanidad: valores, empatía y amor al prójimo.
Cada aula debe convertirse en un espacio de cultivo ético, donde el conocimiento se entrelace con la compasión, y donde el aprendizaje sea también un acto de servicio.
En tiempos marcados por la indiferencia y la pérdida de referentes morales, el educador tiene el deber sagrado de formar no solo mentes brillantes, sino corazones comprometidos con la justicia, la solidaridad y la dignidad humana.
🏷️ Etiquetas
#InfanciaRD #ProtecciónNiñez #ValoresFamiliares #EducaciónConAmor #FeYEsperanza #ViolenciaFamiliar