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Hace 2.000 años alguien metió la pata en una fundición. Gracias a ella hemos descubierto un taller romano escondido en Alemania

Hace 2.000 años alguien metió la pata en una fundición. Gracias a ella hemos descubierto un taller romano escondido en Alemania

Cuando una pieza de metal sale mal, lo normal en un taller artesano es que acabe desechada. Pues bien, algo así debió suceder hace 2.000 años y ese hallazgo fortuito de un lingote de plomo en una excavación en Rothaargebirge, en la región alemana de Sauerland, ha ayudado a descubrir, entender y reconstruir cómo se producía este metal en el Imperio Romano. 

El hallazgo. Todo comenzó con un gran lingote de plomo fundido, de factura característica de época imperial romana, que encontró el vecino de Brilon y buscador de metales Peter Hoffman. Entonces avisó a las autoridades: el lingote no era una unidad perdida en tránsito, sino un fallo de colada que probablemente se dejó allí con idea de volver a fundirlo para aprovecharlo, algo que afortunadamente (para la arqueología) nunca sucedió.

Con esa pista, el equipo de arqueología de la Asociación Regional de Westfalia-Lippe (LWL) inició en junio la campaña de excavación en una elevación del macizo del Rothaargebirge, cerca de Brilon. Lo que allí encontraron confirmó sus sospechas: allí había una zona de procesamiento de plomo de época romana, algo único hasta ahora en el suroeste de Westfalia.

Por qué es importante. Puede que no sea tan espectacular como tumbas o tesoros, pero este lingote de plomo defectuoso sirve para cubrir un vacío en la historia: es la primera prueba arqueológica sólida de que existía una cadena de producción metalúrgica en Sauerland, algo que hasta la fecha no constaba. Así rellena una pieza para explicar mejor cómo funcionaba la economía romana. 

Como además los lingotes son productos directos de la minería y vienen marcados con sellos o grabados, permiten trazar su cadena de distribución: el lugar de procedencia (el taller de manufactura está cerca de la mina), su comercio y redes de distribución. De hecho, existe un corpus que reúne unos 2.250 lingotes romanos documentados desde Escocia hasta Marruecos y desde Portugal hasta Israel.

Contexto. Como explica el Deutsches Bergbau-Museum Bochum, el plomo fue un metal muy utilizado en la época romana para todo tipo de cosas: tuberías, pesos, proyectiles de honda o revestimientos de sarcófagos… y a veces estaba vinculada de la extracción de plata, de modo que es común encontrar la producción de ambas de forma conjunta. Precisamente esa relación entre plomo y plata es esencial para explicar Brilon. 

Según el doctor en arqueología de la LWL Manuel Zeiler, en el yacimiento se hallaron cantidades relativamente pequeñas de plomo, lo que sugiere que el objetivo era producir plomo de forma eficiente y no generar residuos derivados de una explotación de plata, un detalla importante porque en muchos yacimientos antiguos ambas actividades van de la mano. Trabajos anteriores de LWL ya señalaban que en el entorno de Brilon había yacimientos ricos en mineral y que metalúrgicos romanos habían visitado la zona con el interés de obtener plomo, pero no se sabía bien cómo.

En detalle. El equipo, dirigido por Sebastian Magnus Sonntag, documentó que allí había fragmentos cerámicos de tradición prerromana y numerosos fragmentos pequeños de plomo relacionados con el proceso de obtención del metal, además de una base construida con losas de piedra dispuestas con cuidado. 

Tanto esas losas como el suelo arcilloso que había debajo mostraban señales de fuego y calor y en los huecos entre piedras había restos de carbón vegetal, todavía por analizar, pero la hipótesis del equipo apunta a que ese lugar era un punto de tostado: allí se calentaba la galena (el sulfuro de plomo más común en la región) junto con carbón vegetal para reducir su contenido de azufre para después fundir el metal resultante y verterlo en moldes y obtener lingotes como el encontrado.

Sí, pero. La excavación apenas duró un par de semanas y las conclusiones todavía son preliminares, pero hay algunas cosas que todavía no cuadran: los fragmentos cerámicos apuntan probablemente al inicio de la época imperial romana, pero es una datación relativa y no absoluta. La clave estará en la datación de los restos de carbono vegetal. Pero la gran duda de fondo era quién trabajaba el metal allí: si eran romanos, germanos o artesanos locales en contacto con tecnología romana.

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Portada | LWL y Jebulon 


La noticia

Hace 2.000 años alguien metió la pata en una fundición. Gracias a ella hemos descubierto un taller romano escondido en Alemania

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Xataka

por

Eva R. de Luis

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Fuente: www.xataka.com

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