
Quinientas cintas agotadas en horas, otras 500 de reposición y un grupo que nunca había editado un álbum en cassette, al frente de la recuperación mainstream del formato añorado por nostálgicos y coleccionistas. El primer lanzamiento de Arde Bogotá en formato cinta se compra en apenas un par de gasolineras en toda España, y la responsable es una compañía que lleva meses reivindicando esta pieza de nuestra cultura popular.
Vuelven los ochenta. El viernes 9 de octubre, a las siete de la mañana, la estación de Repsol de la calle Ángel Bruna, en la rotonda de Mandarache de Cartagena, empezó a vender ‘Manufacturas del Club de la Gente Sola’, tercer álbum de los cartageneros Arde Bogotá, en casete. La primera tirada de 500 copias voló en horas y Repsol ha sacado otras 500. Además de en Cartagena, la cinta se ha vendido en la estación de Alberto Aguilera en Madrid. En la tienda online de Repsol, donde costaba 18,90 euros, la ficha ya avisa de que el producto se ha agotado.
Una triquiñuela comercial. La cinta forma parte de ‘Música de gasolinera‘, iniciativa con la que Repsol reivindica la venta de música en estos comercios, tan habitual del paisaje de las carreteras en España durante años. Otra acción de la campaña ha consistido en producir una serie especial del podcast ‘Delirios de España’, presentado por Juan Sanguino, investigando los orígenes de la música de gasolinera, la cultura de los radiocasetes (especialmente a bordo de los coches) y qué artistas superventas nacieron al margen de los circuitos oficiales, como Camela, Los Chichos, Los Chunguitos o El Fary.
Como no podía ser de otra forma, Repsol también ha colaborado con Camela, los reyes de la música de gasolinera, en el anuncio de la campaña, con un evento en una estación de servicio Repsol y promocionando el vigésimo álbum del dúo, ‘Titánicos’. Antes de eso, cinco meses antes del lanzamiento de Arde Bogotá, Camela repartió por gasolineras casetes de su sencillo ‘Tu mirada’ como homenaje a sus inicios. Repsol también ha presentado listas de reproducción temáticas en Spotify con versiones y canciones icónicas del género, recopiladas por colaboradores como Pablo Martín Jones, Paco Gamarra o el mismo Sanguino.
Historia de un fenómeno. La gasolinera empezó a funcionar como punto de venta musical a principios de los setenta cuando el cassette llegó a España, como han contado estudios como ‘Dame más gasolina‘. En 1989 se movieron en los expositores de las gasolineras españolas cerca de nueve millones de cintas, entre recopilatorios y cintas de humor, una suma que resulta absolutamente descomunal si tenemos en cuenta que se movían al margen de los canales aficiales. Philips había presentado el formato en 1963 y Sony lo haría portátil con el Walkman en 1979, pero en España la cinta encontró en las estaciones de servicio un escaparate muy particular, rebosante de géneros masivos pero al margen del mainstream oficial, como la copla, la rumba y el flamenquito.
En España el fenómeno funcionó como efecto tardío del Desarrollismo: un país que se motorizaba a toda prisa compraba su música en el mismo sitio donde llenaba el depósito, esquivando por casualidad y por intereses comerciales (los sellos aprovechaban las gasolineras para no rendir cuentas con los artistas) el prejuicioso filtro de la radio y la prensa musical. Así nacieron, más tarde, fenómenos como Camela, el segundo grupo español que con un respaldo mínimo de la industria ha tenido más ventas en las últimas tres décadas. El dúo debutó en 1994 con un sello independiente con el que publicó un disco al año hasta 1999. Resultado: más de siete millones de copias vendidas en España.
El otro negocio de las gasolineras. Todos hemos visto vender en las gasolineras mucho más que gasolina, desde todo tipo de chucherías a prensa, útiles electrónicos y banastas de fruta escarchada. Ya en 2019, Repsol hablaba de su negocio no estrictamente vinculado al combustible como una prioridad. En un boletín corporativo presumía de mover más de cinco millones de productos Disney en sus tiendas y de haber cerrado ese año su alianza con El Corte Inglés con 352 supermercados.
El negocio del cassette. Por eso, la campaña ‘Música de gasolinera’ es muy jugosa para Repsol, ya que funciona a la vez como maniobra comercial y como atractivo artefacto nostálgico en estos tiempos de devoción por lo retro, con tiradas muy cortas que se agotan en horas. El cassette conserva un mercado propio, aunque sigue siendo pequeño. En Reino Unido, por ejemplo, sus ventas cayeron por debajo de 4.000 unidades en 2012, pero en 2025 la categoría que agrupa sobre todo cintas había crecido cerca de un 80%, hasta rozar las 330.000 unidades.
Es un negocio aún lejos de los 7,6 millones de vinilos que se mueven en la actualidad, pero aún así muy jugoso para Repsol, ya que tiene los establecimientos perfectos para echarse a los hombros la reivindicación de una zona esquinada y aún no lo suficientemente estudiada de nuestra cultura pop. Aunque eso sí, todo el mundo habla de Camela, pero quién se acuerda de las cintas de Pepe Da Rosa Jr., de chistes del 23-F o de contenido directamente pornográfico. Eso, y no el pop español de última hornada, es la auténtica cultura del expositor.
Fuente: Tecnologia






