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Una idea ha tomado fuerza el fin de semana: suenan tambores de guerra en Europa, y una isla del Báltico está avisando al resto

Una idea ha tomado fuerza el fin de semana: suenan tambores de guerra en Europa, y una isla del Báltico está avisando al resto

Durante el pasado fin de semana ha ido tomando fuerza una idea inquietante en el debate europeo: no que una guerra entre Rusia y la OTAN sea inevitable o inminente, sino que el continente está empezando a prepararse seriamente para la posibilidad de que algún día ocurra. El mejor lugar para observar ese cambio está en mitad del Báltico. En una isla sueca situada frente al flanco oriental de la Alianza, Alemania está desembarcando junto a sistemas de defensa aérea mientras aviones, buques y misiles antibuque preparan cómo mantenerla operativa si el mar que la rodea deja de ser seguro. 

La señal. Porque Gotland funciona así como una advertencia para el resto de Europa: mientras Rusia continúa absorbida por Ucrania y una invasión del Báltico sigue considerándose improbable a corto plazo, la OTAN está dejando de tratar algunos escenarios como ejercicios teóricos y empieza a prepararse materialmente para ellos.

La isla y el ensayo. Silver Wotan 2026 reúne del 14 al 23 de septiembre a fuerzas suecas y alemanas alrededor de una pregunta muy concreta: qué ocurriría si Estocolmo necesitara ayuda aliada para defender Gotland. Más de 500 militares alemanes participan directamente en el ejercicio, con material transportado por mar hasta Visby, sistemas de defensa aérea, aviones A400M, Tornado, fuerzas navales y las propias defensas costeras suecas equipadas con misiles antibuque. 

Lo verdaderamente significativo no es desplegar todo ese poder militar, sino ensayar la cadena completa necesaria para hacerlo llegar cuando las rutas marítimas y aéreas del Báltico pudieran estar amenazadas.

Mucho más que una isla. Su geografía explica semejante atención. Gotland se encuentra aproximadamente a mitad de camino entre Suecia y los países bálticos, relativamente cerca del enclave ruso de Kaliningrado, en una posición desde la que pueden apoyarse operaciones de vigilancia, defensa aérea y control marítimo.

Desde que Suecia ingresó en la OTAN en marzo de 2024, la isla ha adquirido además una dimensión aliada: mantenerla defendida y abastecida ayudaría a preservar la libertad de movimiento entre los miembros septentrionales y orientales de la organización. Por eso Silver Wotan no ensaya únicamente la defensa de territorio sueco, sino la capacidad europea para mover rápidamente fuerzas hacia uno de los puntos estratégicos del Báltico.

Silver Wotan 2026

Silver Wotan 2026

La guerra no tiene que empezar en invasión. El problema es que la presión que preocupa a la OTAN se mueve cada vez más en el terreno existente entre la paz y una guerra convencional. La palabra clave que más se repite es “híbrida”. Ciberataques, sabotajes, interferencias GPS, drones, operaciones contra infraestructuras y violaciones del espacio aéreo permiten poner a prueba las defensas occidentales sin necesidad de enviar divisiones acorazadas a través de una frontera. 

De hecho, el Institute for the Study of War va más lejos y sostiene que esas acciones deben interpretarse como campañas coordinadas rusas contra objetivos europeos. Otros análisis prefieren mantener términos como guerra híbrida o actividades de zona gris. La discusión terminológica importa porque detrás aparece una pregunta mucho más difícil: en qué momento una sucesión de acciones ambiguas se convierte en una agresión suficientemente clara como para exigir una respuesta colectiva.

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La operación de descarga en Visby. Los vehículos que se ven fueron transportados por mar desde Karlskrona hasta la parte continental de Suecia

4.000 página intentando dar respuesta. El almirante Giuseppe Cavo Dragone, presidente del Comité Militar de la OTAN, aseguró este fin de semana que la Alianza tiene preparadas alrededor de 4.000 páginas de planes para defender su flanco oriental, comenzando por escenarios de crisis o interferencias relativamente limitadas. 

Según Dragone, estructuras, soldados y armamento están preparados para responder a una escalada, después de que varios dirigentes europeos hayan advertido sobre la posibilidad de provocaciones diseñadas para medir la reacción aliada. El problema central no es únicamente disponer de suficientes soldados, sino mantener la credibilidad del artículo 5 cuando el hipotético ataque pueda estar calculado precisamente para dividir a los 32 miembros sobre si ha llegado el momento de aplicarlo.

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Soldados del Regimiento de Gotland del Ejército sueco camuflan un vehículo blindado durante un ejercicio de campo previo cerca de Visby

No sabía no va a entrar, todavía. Las propias evaluaciones procedentes de Estonia, Letonia y Lituania introducen un matiz importante frente a los escenarios más alarmistas. Rusia continúa dedicando enormes cantidades de hombres y material a Ucrania, mientras los países bálticos han reforzado sus fronteras mediante la Baltic Defense Line, que combina obstáculos anticarro, barreras, carreteras vigiladas y sensores electrónicos. 

Sus fuerzas armadas tampoco esperarían pasivamente una decisión de Bruselas ante una incursión. Mientras Moscú continúe atrapada militarmente en Ucrania, buena parte de las evaluaciones regionales consideran improbable que pueda emprender con garantías una nueva operación convencional importante en el Báltico.

Un Tornado ECR de la Luftwaffe equipado para una misión de reconocimiento

Un Tornado ECR de la Luftwaffe equipado para una misión de reconocimiento

El reloj empezará a correr de otra manera. Ahí aparece una de las mayores preocupaciones para los próximos años. Numerosos planes europeos han utilizado 2029 o 2030 como horizonte para que Rusia pueda reconstruir suficientemente sus fuerzas, pero otras evaluaciones contemplan plazos más cortos: la estrategia de defensa neerlandesa de 2026 señala que, en el peor escenario, una guerra limitada contra miembros de la OTAN podría ser posible aproximadamente un año después de terminar el conflicto ucraniano. 

El temor no tiene por qué ser una invasión destinada a conquistar los países bálticos completos, sino una operación mucho menor diseñada para apoderarse de una pequeña zona y obligar después a la Alianza a decidir hasta dónde está dispuesta a llegar para recuperarla.

La isla enseña qué ha cambiado. Por eso, la imagen de soldados alemanes desembarcando nuevamente en una isla sueca resulta más importante que el propio ejercicio. Europa está fortificando fronteras, reforzando infraestructuras, estudiando las tácticas desarrolladas en Ucrania y preparando movimientos de tropas en un momento en que también contempla la posibilidad de tener que asumir una mayor responsabilidad convencional si Estados Unidos reduce parte de su peso militar en el continente. 

Si se quiere, Silver Wotan no demuestra que una guerra con Rusia esté cerca y las autoridades suecas recalcan que el ejercicio estaba programado y no responde a una amenaza inmediata, pero Gotland sí ofrece una fotografía difícil de ignorar: en mitad del Báltico, Europa está practicando hoy cómo hacer algo que espera no tener que hacer mañana.

Imagen | Bundeswehr, NATO

Fuente: www.xataka.com

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