En julio de 2002, un puñado de soldados marroquíes desembarcó en el islote de Perejil y levantó allí una bandera de Marruecos. La respuesta española llegó días después con una operación militar tan rápida y medida que terminó convirtiéndose en uno de los episodios diplomático-militares más extraños del Mediterráneo reciente.
Lo que inquieta a España. Mientras Europa concentra buena parte de su atención militar en Ucrania y el flanco oriental de la OTAN, en España crece una preocupación mucho más cercana: el sur del Estrecho. El problema no es solo Marruecos o el equilibrio militar en el Magreb, sino el cambio de actitud de Estados Unidos hacia la región.
La aparición en Washington de documentos oficiales que describen Ceuta y Melilla como ciudades “bajo administración española” en territorio marroquí ha generado una alarma inédita porque rompe un tabú diplomático histórico. Durante décadas, la soberanía de ambas ciudades se consideró fuera de discusión para los aliados occidentales. Ahora algunos sectores políticos estadounidenses empiezan a tratarla como un contencioso abierto susceptible de negociación futura.
La presión de EEUU. La inquietud española no nace únicamente de un informe parlamentario, sino del contexto político que lo rodea. El congresista republicano Mario Díaz-Balart, próximo al entorno de Marco Rubio y alineado con posiciones muy favorables a Rabat, no solo ha defendido públicamente que Ceuta y Melilla están “en territorio marroquí”, sino que el propio informe anima al Departamento de Estado a impulsar conversaciones diplomáticas sobre su estatus.
Todo ello coincide con el deterioro de la relación entre Donald Trump y el Gobierno español por el gasto militar, la OTAN y las discrepancias sobre Irán. En ciertos sectores estratégicos españoles empieza a extenderse la sensación de que Washington considera cada vez más útil a Marruecos como socio regional y menos imprescindible a España dentro de su arquitectura mediterránea.
Marruecos y el nuevo equilibrio. El cambio más profundo quizá esté produciéndose al otro lado del Estrecho. Marruecos lleva años acelerando su modernización militar mediante acuerdos con Estados Unidos, Israel, Turquía y Francia, mientras impulsa además una industria armamentística propia. Desde 2021 se han multiplicado los proyectos industriales ligados a drones, armamento y producción militar avanzada.
Al mismo tiempo, Rabat ha consolidado su posición diplomática en Washington tras el reconocimiento estadounidense del Sáhara Occidental. Para muchos analistas españoles, el problema ya no es solo la presión migratoria o las crisis fronterizas puntuales, sino la aparición de una potencia regional mucho más conectada militarmente con Occidente y cada vez más segura de su posición estratégica.
España queda fuera. La otra gran preocupación es que España parece haberse quedado fuera de la nueva red de alianzas militares del Magreb. Italia se ha convertido en el principal socio estratégico de Argelia en el Mediterráneo, ampliando acuerdos de defensa, cooperación industrial y coordinación militar con uno de los ejércitos más poderosos de África. Marruecos, mientras tanto, estrecha vínculos con Washington, París y Tel Aviv. España ha conseguido recomponer las relaciones diplomáticas con ambos vecinos, pero apenas dispone de acuerdos relevantes en materia de defensa.
Ese vacío empieza a percibirse como un problema serio en determinados círculos estratégicos, especialmente cuando informes ligados al Ministerio de Defensa admiten ya que “al sur del Estrecho de Gibraltar, la presión militar es una realidad”.
Ceuta y Melilla como puntos vulnerables. Por eso los informes del Instituto Español de Estudios Estratégicos plantean cada vez con más claridad la necesidad de un plan específico de defensa para Ceuta y Melilla. El enfoque va mucho más allá de lo militar e incluye logística, ciberseguridad, vigilancia marítima, resiliencia institucional y protección de infraestructuras críticas.
El temor no apunta necesariamente a un conflicto convencional abierto, sino a escenarios híbridos de presión constante: crisis migratorias, tensiones diplomáticas, bloqueos parciales o campañas de desgaste político. Las ciudades autónomas aparecen así como enclaves especialmente sensibles por su dependencia logística y su aislamiento geográfico.
Un regreso brutal: la geografía. Si se quiere también, todo esto refleja algo más amplio: el regreso de la geografía como factor central de la política europea. Durante años, España observó el Magreb sobre todo desde una perspectiva migratoria y comercial, mientras las grandes amenazas parecían estar lejos del Mediterráneo occidental. Pero la guerra de Ucrania ha acelerado el rearme regional y ha reordenado alianzas en toda la zona.
Y en medio de esa transformación, España empieza a descubrir que uno de sus frentes potencialmente más delicados no está en el Báltico ni en Europa del Este, sino apenas al otro lado del Estrecho.
Imagen | US Army
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La noticia
Mientras Europa mira a Ucrania, EEUU ha hecho sonar las alarmas de España en un frente más cercano: perder dos ciudades autónomas
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Miguel Jorge
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Fuente: www.xataka.com







