La Unión Europea lleva tiempo rumiando que depender de terceros para gestionar sus datos, sus chips y su infraestructura digital es un riesgo que ya no puede permitirse, así que el próximo miércoles 3 de junio va a poner sobre la mesa un paquete de medidas para alcanzar su soberanía tecnológica (o al menos, para depender menos de países como Estados Unidos o China) cuyo borrador ya han tenido acceso el Financial Times o Político.
El paquete de soberanía es tan ambicioso que apunta a marcar un antes y un después a la altura del RGPD y no es algo general e intangible: son cuatro medidas concretas para que vulnerabilidades como la de Nexperia no vuelvan a suceder. Pero la dependencia con Estados Unidos es igual de preocupante, como el portazo de Países Bajos a la compra de Solvinity. Dos ejemplos concretos de dos países diferentes para un mismo problema: la infraestructura crítica europea está en manos de otros.
El paquete de medidas de la UE. El próximo miércoles la comisaria de tecnología Henna Virkkunen presentará la revisión de dos leyes conocidas como la Chips Act y la Cloud and AI Development Act, además de una estrategia de software de código abierto y una hoja de ruta para la digitalización del sector energético. Más concretamente:
- La nube, a prueba. Auditorías y pruebas de estrés para descubrir vulnerabilidades y así anticiparse ante un posible apagón estadounidense.
- Chips Act 2. La Comisión se impone el poder para, en caso de emergencia, anular contratos de suministro de semiconductores en caso de escasez, multar a empresas que oculten información de su cadena de suministro y actuar como comprador central para los 27 estados miembros, como ya hiciera con las vacunas cuando el COVID.
- El open source como vía alternativa. La UE quiere impulsar a las empresas europeas de software libre, favorecerá la colaboración entre estados y creará un instrumento para mantener soluciones autóctonas frente al software propietario de EEUU.
- Mucha financiación: Hacen falta 200.000 millones de euros para ampliar la capacidad de centros de datos hasta 2036 y otros 20.000 millones para ejecutar planes de digitalización e IA en el sector energético. ¿De donde? Fundamentalmente, atrayendo inversión privada.
Por qué es importante. Porque Europa no gestiona sus propios datos ni controla el core de su industria crítica y esto tiene consecuencias claras y directas. El viejo continente ya le ha visto las orejas al lobo. Un buen ejemplo es la nube: tres empresas estadounidenses copan el 70% del mercado europeo, según datos de Sinergy, frente a un pírrico 15% made in Europe. Esto son hospitales, administración pública, defensa de toda Europa funcionando en servidores donde manda Washington.
En materia de chips ya lo ha vivido con Nexperia: el gobierno de Países Bajos tomó el control de la empresa para evitar que China la arrasara y Pekín respondió cortando el suministro de chips, lo que se tradujo en escasez de procesadores y hasta parones en una industria tan esencial para el viejo continente como el automóvil.
Contexto. Este paquete de medidas llega con bases claras: las recomendaciones del informe de competitividad de Mario Draghi de 2024 y la Brújula de Competitividad de la UE y en realidad no es más burocracia, sino una forma de simplificarlo todo para ver el objetivo más claro. De hecho, hace un año que el Parlamento Europeo definió qué entendía como soberanía tecnológica: «la capacidad de construir capacidad, resiliencia y seguridad reduciendo dependencias estratégicas, evitando la dependencia de actores extranjeros y proveedores únicos, y salvaguardando tecnologías e infraestructuras críticas».
En cuanto a la industria de fabricación de chips, se observa un cambio de paradigma: hemos pasado del práctico «just in time» para agilizar inventarios buscando la eficiencia y el bajo coste a fabricar «por si acaso», algo que ya contempla tanto la ley de chips europea como su homóloga estadounidense. El problema de Europa es que llega tarde y con un músculo de manufactura minúsculo.
Sí, pero. El historial europeo invita a tomarse este ambicioso plan con cautela. Los diferentes proyectos para fabricar chips en el viejo continente han avanzado de forma desigual, los fondos de la ley original se dispersaron entre diferentes proyectos estatales sin una estrategia industrial común (por ejemplo, Alemania negoció con Intel y Francia con STMicroelectronics) y la realidad hoy es que las condiciones de fabricación de chips en Europa sigue siendo peores que en China, Corea del Sur o Estados Unidos. Que Europa legisle y cada estado vaya a la guerra por su cuenta también aplica a la nube: el gobierno de cada estado tiene potestad para decidir qué hacer tras las auditorías pertinentes.
El nuevo paquete de medidas parte del mismo punto y corre idénticos riesgos de fragmentación. Por otro lado está la cuestión económica: puede que la financiación pública se disperse, pero es que la privada para los centros de datos aún no está asegurada. Y finalmente hay un gran problema de fondo: Europa tiene leyes, pero le falta un ecosistema industrial potente y completo para alcanzar la soberanía tecnológica.
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La noticia
Europa prepara cuatro medidas para independizarse de la tecnología de Estados Unidos. El problema es que no sabe cómo
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Xataka
por
Eva R. de Luis
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Fuente: www.xataka.com







