
Scott Kwiatkowski participa en una manifestación en el Capitolio de Utah (Estados Unidos) para oponerse a la construcción del centro de datos Stratos en el condado de Box Elder, el 23 de mayo de 2026, en Salt Lake City. El centro de datos propuesto, que ocupará aproximadamente 40 000 acres y se estima que consumirá 9 gigavatios de energía, está generando una fuerte oposición. / Crédito: Natalie Behring/Getty Images.
El Papa León XIV lanzó severas advertencias contra la construcción de una “nueva torre de Babel” al desarrollar inteligencia artificial (IA) en su reciente encíclica Magnifica humanitas, en un momento en que muchas personas muestran creciente preocupación por el impacto de esta nueva tecnología y por la rápida expansión de los centros de datos que la sustentan.
Su encíclica, cuyo título significa “magnífica humanidad”, pide un desarrollo de la IA que proteja los recursos naturales de la Tierra, preserve la dignidad del trabajo, fortalezca la solidaridad humana y no concentre el poder en manos de unos pocos, sino que garantice que todas las personas se beneficien de la innovación.
Mientras las empresas estadounidenses avanzan rápidamente en la expansión de los centros de datos para IA —con más de 4.000 en funcionamiento y miles más en construcción—, los proyectos enfrentan protestas locales y los críticos señalan preocupaciones ambientales, contaminación acústica, falta de empleo a largo plazo y un escepticismo más amplio sobre el impacto de la IA en la sociedad.
Aunque una encuesta de Gallup realizada en marzo entre 1.000 estadounidenses encontró que el 71 % se opone a los centros de datos de IA en sus comunidades y sólo el 27 % los apoya, el secretario del Interior de Estados Unidos, Doug Burgum, promovió la expansión de estos centros en Fox Business el 26 de mayo, citando beneficios de productividad en numerosos sectores de la economía.
Según afirmó, las protestas son campañas de “propaganda dirigida desde el extranjero” por países que compiten con Estados Unidos. También desestimó las orientaciones de León XIV entre risas y comentó: “No sabía que opinar sobre tecnología formaba parte del papel de ser Papa”.
Sin embargo, el escepticismo hacia la IA es bastante evidente entre la población estadounidense. Una encuesta de Pew Research Center realizada en junio de 2025 entre 5.000 personas halló que el 50 % se siente más preocupado que entusiasmado por la IA; el 38 % se siente igualmente preocupado y entusiasmado; y sólo el 10 % está más entusiasmado que preocupado. Otra encuesta de NBC realizada en marzo entre 1.000 personas reveló que el 57 % cree que los riesgos de la IA superan sus beneficios, mientras que el 34 % opina lo contrario.
David Cloutier, profesor de Teología de la University of Notre Dame y director académico del programa Business Ethics and Society, dijo a EWTN News que “creo que la resistencia a los centros de datos está arraigada en una sospecha más amplia hacia la propia tecnología”.
“Son un objetivo simbólico realmente tentador”, afirmó, añadiendo que los centros de datos “simbolizan un futuro que es todo computadoras y máquinas y sin personas”.
“Creo que la gente experimenta la llegada de esta tecnología como algo que no pidió y que les resulta abrumador”, añadió Cloutier.
Dignidad del trabajo y concentración de poder
Los centros de datos suelen recibir importantes incentivos fiscales estatales y locales. Al menos 28 estados ofrecen incentivos específicos para este tipo de instalaciones: todos eximen de ciertos impuestos sobre las ventas, 14 ofrecen subsidios energéticos y 11 reducciones en impuestos sobre la propiedad, según la Conferencia Nacional de Legislaturas Estatales.
En un pequeño número de estados con un crecimiento significativo de centros de datos —como Texas y Virginia— estas instalaciones reciben más de 1.000 millones de dólares anuales en incentivos fiscales. Más allá de los empleos temporales de construcción, los centros de datos más pequeños suelen emplear a menos de 150 trabajadores permanentes, mientras que los más grandes pueden emplear a unos pocos cientos.
El P. Philip Larrey, profesor de filosofía del Boston College, declaró a EWTN News que “no tiene sentido” ofrecer esos incentivos porque “no se necesita mucha gente para operar estas instalaciones”.
“¿Qué ventaja tiene para la población local contar con un centro de datos en su ciudad?”, preguntó. “Probablemente ninguna”.
Cloutier destacó la diferencia entre los incentivos otorgados a los centros de datos y los que reciben las fábricas, señalando que “una fábrica sólo puede funcionar si los trabajadores acuden a ella”, mientras que “los centros de datos no emplean personas como lo hacen las fábricas”.
“La cuestión es una cuestión de poder y de quién controla estas entidades tan importantes, y de si comparten la riqueza que generan”, afirmó, aludiendo a la preocupación de León XIV por la centralización del poder y la dignidad del trabajo.
En la encíclica, León XIV contrapuso la Torre de Babel con el Libro de Nehemías, que relata la construcción de nuevas murallas para Jerusalén. El Santo Padre afirmó que el desarrollo de la IA debería reflejar las prioridades expuestas en ese texto: “cuidando lo humano y el bien común”.
Cloutier animó a los responsables de los gobiernos locales a preguntarse: “¿Quién se beneficia realmente de estos desarrollos?” y “¿Está beneficiando realmente a mi comunidad local?” al evaluar proyectos.
“Escuchen a la comunidad y planteen preguntas a la empresa de manera que el proyecto se parezca más a Nehemías construyendo la muralla”, afirmó.
La reacción contra los centros de datos también alimenta la preocupación por el reemplazo de trabajadores por la IA, y Cloutier señaló que “son enormes, pero están vacíos de personas”.
A medida que la tecnología mejora, Larrey expresó inquietud por su impacto a largo plazo en la fuerza laboral, afirmando que será difícil convencer a una empresa de contratar a una persona si puede obtener “el mismo resultado con una IA que con un ser humano y a un costo casi nulo”. No obstante, exhortó a los empleadores a considerar el impacto humano y animó a los trabajadores a incorporar la IA a sus tareas si ello puede ayudar a evitar ser reemplazados.
“Que puedas reemplazar a una persona por una IA no significa que debas hacerlo”, afirmó.
Judith McGill, especialista en marketing y contenidos de DataBank —empresa desarrolladora de centros de datos— y católica practicante, declaró a EWTN News que considera engañosas las críticas relacionadas con el empleo, porque aunque los centros en sí no emplean “a mucha gente”, los servicios benefician a “todos los empleados de nuestros clientes” que utilizan IA.
Afirmó que los gobiernos no ofrecerían incentivos si las inversiones no representaran “un beneficio económico neto para esas comunidades”. Pese a los incentivos, señaló: “Pagamos impuestos y, de hecho, contribuimos a escuelas y carreteras”.
Por ejemplo, McGill indicó que DataBank sigue las directrices de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) para empresas multinacionales, las cuales priorizan cuestiones como los derechos laborales y el medio ambiente.
“Nuestro enfoque está en aquellas organizaciones que desarrollan capacidades técnicas para estudiantes que ingresan al mercado laboral y para los docentes”, afirmó.
Medio ambiente y recursos
En su encíclica, León XIV advirtió sobre una tendencia a “subestimar el impacto ambiental” de la IA y sobre las “enormes cantidades de energía y agua” que requieren los centros de datos, que “consumen recursos de manera intensiva” e influyen en las emisiones de dióxido de carbono.
Un informe del Electric Power Research Institute concluyó que entre el 4 % y el 5 % de la energía nacional de Estados Unidos es consumida por centros de datos, pero que esa cifra aumentará hasta situarse entre el 9 % y el 17 % para 2030, principalmente debido a la IA. En siete estados podría superar el 20 %, y en Virginia situarse entre el 39 % y el 57 %. Muchos centros de datos utilizan agua para enfriar sus equipos.
Cloutier afirmó que las preocupaciones ambientales son “un punto muy importante que es muy fácil pasar por alto”, añadiendo que “la cantidad de trabajo informático que debe realizarse para que una empresa de IA responda [una] pregunta es muy, muy grande”.
“El impacto ambiental es una consecuencia de la forma en que utilizamos esa tecnología”, explicó, señalando que si la IA llega a estar “completamente integrada en nuestras vidas”, las preocupaciones se agravarán.
Larrey señaló que el agua y la energía son dos de las principales preocupaciones a medida que continúan construyéndose centros de datos: “Se necesitan enormes centros de datos para operar los servidores que hacen funcionar estos grandes modelos de IA, que solo serán cada vez más grandes con el paso del tiempo”.
Larrey sostuvo que la innovación puede aliviar algunas preocupaciones y citó las inversiones del director ejecutivo de OpenAI, Sam Altman, en pequeños reactores nucleares que podrían ampliar las oportunidades de utilizar energía limpia. También hizo referencia a AlphaFold, sistema ganador del Premio Nobel desarrollado por DeepMind, que redujo significativamente el tiempo y la energía necesarios para la predicción de la estructura de proteínas mediante IA.
“Se necesitan enormes centros de datos para mantenerse al ritmo de la competencia”, afirmó. “Ahora las empresas tienen que encontrar la manera de hacerlos más eficientes y utilizar menos electricidad. … Se está convirtiendo en un verdadero problema para las compañías porque la gente está protestando, literalmente en las calles”.
McGill, hablando en nombre de DataBank, señaló que las preocupaciones ambientales expresadas por León XIV y otras inquietudes más amplias son “muy pertinentes” y que, aunque los desarrolladores de centros de datos no sean organizaciones religiosas, eso “no nos exime de comportarnos responsablemente”.
Explicó que DataBank está experimentando con aceite vegetal hidrogenado como fuente de energía. La empresa también diseña sus centros de datos con sistemas de refrigeración por agua de circuito cerrado, lo que significa que el agua se recicla continuamente en el sistema en lugar de consumirse agua adicional.
McGill añadió que “los centros de datos pagan por su electricidad”. Reconoció que el consumo energético es una “preocupación legítima”, pero criticó la narrativa que presenta a la industria de los centros de datos como “un gran monstruo aterrador”, convirtiéndola en “chivo expiatorio” del aumento del consumo y de las tarifas energéticas. Señaló que la inflación y la política exterior en Oriente Medio tienen un impacto importante en los costos de la energía.
“Lo que estamos haciendo en favor de un comportamiento responsable, de los seres humanos y del medio ambiente está absolutamente en línea con la encíclica del Papa”, afirmó.
En medio de las crecientes protestas y de las orientaciones provenientes del Vaticano, McGill contó que un feligrés de la parroquia a la que asiste le preguntó cómo una católica podía trabajar para una empresa de centros de datos, pero aseguró que esa pregunta implicaba erróneamente “que existía una desconexión”.
“Mi conciencia está tranquila”, afirmó. “Esta es una industria que no sólo evita hacer cosas malas, sino que busca activamente maneras de hacer lo correcto”.
Artículo publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.
Fuente: www.aciprensa.com






