
El Papa León XIV con el embajador de Estados Unidos, Brian Burch, y su familia en la residencia del embajador en Roma el 4 de julio de 2026. | Crédito: Embajada de Estados Unidos ante la Santa Sede.
El Papa León XIV todavía conserva una tarjeta de crédito peruana, se despierta en medio de la noche para revisar los resultados del fútbol, sigue a los Chicago White Sox y usa teléfono celular.
También es, según Brian Burch, embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, un Papa plenamente consciente de su papel como pastor de la Iglesia universal, cuidadoso de no dar la impresión de ser simplemente un Papa estadounidense y frustrado porque, en ocasiones, sus acciones son interpretadas como gestos contra el presidente Donald Trump o contra Estados Unidos.
Burch ofreció ese retrato personal del Santo Padre durante una conversación con un pequeño grupo de periodistas italianos sobre la histórica cena del 4 de julio que ofreció al Papa León en Villa Richardson, residencia del embajador estadounidense.
El Papa acudió personalmente a la residencia, rezó con la familia de Burch y compartió una cena que incluyó una tabla de embutidos estadounidenses, ensalada de sandía, hot dogs al estilo de Chicago, pastel de manzana y helado. Según Burch, a León XIV le agradó el menú. La velada fue de carácter informal, más que una reunión bilateral: el Pontífice llegó sin secretarios y acompañado únicamente por dos gendarmes vaticanos.
Burch explicó que quiso conmemorar el 250º aniversario de Estados Unidos invitando a cenar al primer Papa nacido en ese país. La invitación fue enviada hace aproximadamente dos meses y la confirmación llegó alrededor de un mes después, señaló el embajador.
La cena tuvo lugar el mismo día en que León XIV realizó una breve visita a Lampedusa, un viaje que algunos interpretaron como un gesto simbólico dirigido contra la administración Trump. Burch aseguró que el Papa rechazó esa interpretación durante su conversación.
El embajador indicó que el propósito era crear una ocasión para celebrar el 4 de julio. Recordó que, cuando el vicepresidente JD Vance visitó al Papa con motivo de la Misa de inicio de su pontificado, también lo invitó a viajar a Estados Unidos. Mientras esa visita se concreta, dijo Burch, la embajada quiso organizar un momento de celebración, y la aceptación de la invitación por parte del Pontífice fue recibida con gratitud y alegría.
Burch subrayó que la cena en su residencia no debe entenderse como un intento de resolver grandes cuestiones políticas. Más bien, dijo, fue una muestra extraordinaria de la afinidad y la cálida cercanía del Papa con Estados Unidos.
Según el embajador, el Pontífice llegó alrededor de las 7:30 p.m. Posó para una fotografía con la familia de Burch, les impartió su bendición y compartió con ellos un aperitivo. Burch contó que él y León XIV, ambos originarios de Chicago, conversaron sobre la ciudad y sobre los muchos amigos que tienen en común.
Después de la cena, Burch también tuvo la oportunidad de hablar en privado con el Papa en el jardín. El embajador dijo que abordaron una amplia variedad de temas. Antes de abandonar la embajada, alrededor de las 10:00 p.m., el Pontífice cantó la canción patriótica God Bless America y firmó varias pelotas de béisbol, anotando la fecha en cada una.
Burch relató que León XIV se mostró relajado y que ambos rieron sobre muchas cosas. Añadió que, con frecuencia, las personas dentro y fuera de la Iglesia sólo tienen una imagen del Papa y olvidan que también es un hombre como cualquier otro.
El Pontífice le contó a Burch que recientemente pasó una noche sin poder dormir y terminó viendo el partido entre Argentina y Cabo Verde. También hablaron sobre los White Sox y sobre su vocación, incluido el motivo por el que decidió convertirse en sacerdote misionero.
Burch aseguró que León XIV le dijo que ama a Estados Unidos, donde nació, y que siente un gran afecto por el país. Sin embargo, también quiere ser cuidadoso para no parecer demasiado favorable o demasiado cercano a Estados Unidos. El embajador señaló que el Papa expresó la misma idea cuando presentó sus cartas credenciales.
La Iglesia en Estados Unidos es dinámica y sigue creciendo, afirmó Burch, pero no es el único lugar donde está presente la Iglesia, y León XIV es consciente de la necesidad de no parecer demasiado estadounidense.
Burch indicó que también existe cierta cautela respecto a un posible viaje papal a Estados Unidos. Esa cautela, explicó, no se debe a una hostilidad hacia el presidente, sino a la necesidad de elegir el momento adecuado y de situar esa visita después de varios viajes que manifiesten el compromiso apostólico del Papa.
El embajador dijo que León XIV también habló de su frustración por la forma en que cada gesto del Papa puede ser cuestionado o interpretado a través del prisma de Estados Unidos. Burch afirmó que la visita del 4 de julio a Lampedusa no pretendía ser un ataque contra ese país.
Según Burch, la misión del Papa es ser pastor del mundo y señalar los desafíos globales de la migración, que no es un problema exclusivo de Estados Unidos. Con la visita a Lampedusa, dijo el embajador, León XIV hizo un llamado a la humanidad y pidió a los líderes prestar atención a los migrantes en un momento difícil.
El embajador afirmó que las relaciones entre la Santa Sede y Estados Unidos están marcadas por un fuerte deseo de cooperación. Añadió que su conversación con el Papa no profundizó en las áreas de desacuerdo.
Burch señaló que la Santa Sede apoya la no proliferación nuclear, sigue de cerca la situación en Cuba, desea la paz entre Rusia y Ucrania y se ha opuesto a la explotación del pueblo venezolano. En materia migratoria, añadió, existe en general un amplio consenso sobre la necesidad de contar con procesos que permitan a las naciones gestionar la migración de forma segura, ordenada y legal.
El Papa respeta ese equilibrio, dijo Burch, porque entiende que, cuando surge una tensión, corresponde a las naciones resolverla.
Según el embajador, las principales diferencias tienen que ver con la manera de alcanzar objetivos compartidos: cómo construir la paz en Medio Oriente, cómo combatir el narcotráfico en Centroamérica y cómo proteger a las personas frente a los desafíos de la migración masiva. Burch calificó estas diferencias como cuestiones de juicio prudencial.
Burch reconoció que León XIV y el presidente Donald Trump aún no han hablado. Señaló que Trump tampoco ha conversado con muchos otros líderes y que, cuando sea necesario, ambos hablarán. Añadió que el Papa no simplemente toma el teléfono para discutir asuntos políticos con los líderes mundiales.
La migración sigue siendo uno de los ámbitos donde existen diferencias. Burch sostuvo que el mensaje del Papa en Lampedusa no es incompatible con la postura de Estados Unidos sobre la migración. Explicó que ese país siempre ha establecido normas y ha expulsado a quienes no las respetaban, mientras que la administración Trump está respondiendo a una situación en la que millones de personas han ingresado fuera del marco legal.
Burch dijo que el Papa no sostiene que las normas deban dejarse de lado para acoger a los migrantes. Más bien, explicó, León XIV invita a las personas a mirar hacia un ideal en el que sean lo más acogedoras posible. El Papa, indicó Burch, habla como pastor universal de la Iglesia y no como alguien que propone una aplicación política concreta.
Para Burch, las diferencias de opinión sobre la migración no representan un problema grave. Afirmó que es normal que los líderes tengan desacuerdos y que siempre existirán diferencias sobre cómo conciliar la política estadounidense con la doctrina social de la Iglesia. Esas diferencias, añadió, no significan que las relaciones deban ser difíciles.
Por el contrario, Burch sostuvo que la Santa Sede y Estados Unidos siguen trabajando juntos en numerosos temas, entre ellos Cuba y la paz en Medio Oriente. Al hacer balance del último año y medio, señaló lo que describió como la paz entre Israel y Hamás, la eliminación de narcoterroristas, las conversaciones entre Israel y Líbano, la cooperación entre los Estados árabes, la creación de condiciones para una cooperación real, la eliminación de la amenaza nuclear en Irán y el corte del financiamiento a los terroristas. También aseguró que ambas partes pueden hacer mucho más juntas en favor de los cristianos perseguidos.
En resumen, dijo Burch, la cuestión no es si el Papa y el presidente pueden hacerse amigos, sino si existe la posibilidad de alcanzar resultados trabajando juntos.
Consultado sobre qué le dejó la cena y qué fue lo que más le impresionó, Burch respondió que existe un gran respeto por el Papa, tanto entre católicos como entre quienes no lo son. Pero luego, añadió, uno se encuentra con un caballero que es una persona como cualquier otra, alguien que sabe disfrutar.
Sobre todo, concluyó Burch, el Papa está extraordinariamente bien informado. León XIV demostró un profundo conocimiento de todos los temas que abordaron, dijo el embajador. Cuando Burch le preguntó cómo lograba mantenerse tan informado, el Pontífice mencionó los informes diarios que recibe. Burch respondió que seguramente esas no eran sus únicas fuentes de información. El embajador describió al Papa como un lector serio, muy inteligente y muy bien informado.
Artículo publicado originalmente en ACI Stampa. Traducido y adaptado por el equipo de EWTN News y ACI Prensa.
Fuente: www.aciprensa.com






