
Lionel Messi celebra un gol seguido por el también argentino Julián Álvarez, durante el Mundial de Qatar 2022. Crédito: Hossein Zohrevand / Tasnim News Agency (CC BY 4.0).
La selección argentina de fútbol continúa avanzando y, tras un dramático partido contra Egipto, consiguió este martes un lugar en los cuartos de final de la Copa Mundial de la FIFA 2026, convirtiéndose en el único equipo del continente americano entre los mejores ocho del torneo.
El próximo sábado, la “Scaloneta” —como se le suele llamar al grupo dirigido por Lionel Scaloni— se enfrentará a Suiza, que llegó a esta etapa tras vencer a Colombia en los penales.
La pasión que despierta el fútbol en Argentina no es novedad, y el país se mantiene en vilo aguardando el desenlace del torneo, que tiene a Lionel Messi, capitán de la selección, como uno de sus grandes protagonistas, quien está disputando su último mundial a sus 39 años.
Por estos días, las calles de cada ciudad de Argentina se tiñen de celeste y blanco, hay banderas y camisetas, se escuchan cantos, gritos y bocinazos. Cada ciudadano que por nacimiento o por adopción habita el país del “fin del mundo” se une a los demás en un abrazo invisible, sacando a relucir el orgullo y la alegría.
En ese contexto, el Arzobispo de Corrientes, Mons. José Adolfo Larregain, reflexionó en diálogo con Diario Época sobre el fenómeno mundialista entre los argentinos, observando una realidad que trasciende lo deportivo: «Estos días de Mundial nos vuelven a recordar algo muy profundo del alma y del espíritu argentino. Más allá del resultado de un partido, emerge un sentimiento de pertenencia que nos abraza como pueblo», aseguró.
«La camiseta celeste y blanca logra, por momentos, silenciar tantas divisiones, rivalidades y grietas que lamentablemente con frecuencia nos entristecen como nación. Nos descubrimos alentando juntos, abrazándonos con desconocido, emocionándonos con un mismo gol y pronunciando todos juntos un ‘vamos Argentina’”, rescató.
Si bien aclaró que el fútbol no es la solución a nuestros problemas, valoró que “revela algo que está debajo y que es muy profundo. Pone de manifiesto que los argentinos sí somos capaces de caminar unidos cuando encontramos algo que nos convoca por encima de los intereses personales».
«Quizás sea pasajera, pero nos revela que la fraternidad no es una utopía ni algo inalcanzable, sino una posibilidad real que habita en el corazón de nuestro pueblo. Basta rascar un poquito y enseguida aflora», sostuvo, invitando a la reflexión acerca de la unión por sobre las diferencias.
Al referirse a la selección y a su capitán Lionel Messi, el pastor de Corrientes reconoció: “Me emociona el esfuerzo de la Scaloneta y admiro el compromiso de nuestros jugadores. La grandeza de Messi no radica solamente en su extraordinario talento deportivo, sino también en su humildad, su perseverancia, el espíritu de equipo y la serenidad con la que ha sabido ejercer el liderazgo».
Mons. Larregain se detuvo asimismo en el papel de la espiritualidad en la vida de Messi: “Es muy valioso el lugar que ocupa lo espiritual en su vida, el reconocimiento de que el talento es un don que Dios le ha regalado. Ese testimonio también transmite un mensaje muy importante”, consideró.
El arzobispo concluyó su mensaje anhelando “que la alegría que compartimos estos días no quede reducida solamente al Mundial”.
“Sería hermoso que ese mismo espíritu de comunión, de respeto y de alegría compartida pudiera prolongarse en la vida cotidiana entre los argentinos», añadió.
«Si podemos unirnos para alentar una camiseta, también podemos aprender a encontrarnos para construir una Argentina más fraterna, reconciliada y esperanzada. Cuando dejamos de lado aquello que nos enfrenta y privilegiamos lo que nos une descubrimos la mejor versión de nosotros mismos y de nuestro pueblo. Ese es un tesoro que no debemos perder y que tenemos la responsabilidad de cultivar», concluyó.
Fuente: www.aciprensa.com






