
Busto del sacerdote Félix Varela ubicado en el Centro Cultural Padre Félix Varela en La Habana (Cuba). | Crédito: Eduardo Berdejo.
La Librería Editrice Vaticana publicó recientemente la primera edición italiana del libro Félix Varela. Una biografía, una obra sobre el sacerdote que es considerado “una especie de fundador de la cultura nacional (cubana) a través de sus obras y escritos”.
Así definió al sacerdote cubano el arzobispo Vincenzo Paglia, quien redactó el prólogo del libro publicado el 9 de julio. Se trata de una obra de 208 páginas escrita por Mons. Carlos Manuel de Céspedes, una destacada figura de la Iglesia Católica en Cuba que falleció en La Habana en 2014.
En su texto, Mons. Paglia —presidente emérito de la Pontificia Academia para la Vida— destacó que “la relación entre Varela y la sociedad cubana es muy profunda”.
Ello porque a través de sus escritos y obras fue “delineando una identidad profundamente ligada a una fe que se expresaba en un nuevo humanismo, donde la primacía de la conciencia era suprema y la condena de la esclavitud y la necesidad de independencia eran fundamentales”, explicó el arzobispo, según una nota de Vatican News.
Además, añadió, se trató de un sacerdote comprometido con las cuestiones sociales y que vivió en una época de profundos cambios en los territorios que entonces tenía el Imperio español en América.
“No es casualidad —indica la nota de Vatican News— que su obra pueda describirse como ‘civilizadora’: sacerdote ejemplar, ‘patriota íntegro’ y ‘el primero que nos enseñó a pensar’, Varela fue capaz de renovar los métodos pedagógicos y la enseñanza de la filosofía, la teología, el derecho y la ciencia, en una síntesis donde fe y cultura se convierten en dimensiones inseparables”.
El P. Varela nació en La Habana el 20 de noviembre de 1788. Gracias a su prestigio, fue enviado a España en 1821 para representar a la isla ante las Cortes de Madrid.
Sin embargo, sus propuestas de ley para abolir la esclavitud en la isla, declarar la independencia cubana y establecer un gobierno para las provincias de ultramar le costaron el exilio en 1823, por lo que se vio obligado a instalarse en Nueva York (Estados Unidos), donde vivió como párroco y vicario episcopal.
Mons. Paglia escribió en su prefacio que, tanto en Cuba como en Estados Unidos, el P. Félix Varela promovió “energías de libertad, enseñando el amor y conmoviendo los corazones para que eligieran a los pobres como sus primeros compañeros de camino”.
Su parroquia en Nueva York “era interétnica e intercultural”. Además, se dedicó especialmente a los inmigrantes, creando un sistema de asistencia social y caritativo sin precedentes en Estados Unidos. El sacerdote cubano estaba convencido de que una misión que tenga el Evangelio como eje central, podía dar lugar a una sociedad más justa y solidaria.
El legado del P. Félix Varela
El P. Félix Varela falleció en San Agustín, Florida (Estados Unidos), el 27 de febrero de 1853, dejando obras como Cartas a Elpidio sobre la impiedad, la superstición y el fanatismo en sus relaciones con la sociedad, calificada de “verdadero monumento de enseñanza moral” por el Papa San Juan Pablo II en su viaje apostólico a Cuba en 1998.
Pero además, señaló Mons. Paglia, en un “mundo contemporáneo, donde a menudo nos enfrentamos a formas increíbles de violencia y peligrosas divisiones políticas”, el P. Varela “representa la posibilidad de la unidad”.
Se trató de “un sacerdote verdaderamente católico, es decir, universal”, y que por tanto “refleja el mensaje del Evangelio, que no divide sino que une, respetando las diferencias individuales”.
Asimismo, señaló, su mensaje lo acerca a los pontífices León XIV y Francisco: “Tres testigos americanos que invitan a las Américas a un nuevo entusiasmo por una vocación misionera que pone la fe al servicio de una sociedad fervientemente arraigada en el Evangelio”.
El P. Félix Varela fue declarado venerable por Benedicto XVI en marzo de 2012. En el decreto vaticano se destaca que “el siervo de Dios se alza en el horizonte de la historia de Cuba como una personalidad notable por sus dotes humanas y por sus virtudes cristianas y sacerdotales”.
Fuente: www.aciprensa.com






