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Veterano de la Segunda Guerra Mundial se convierte al catolicismo y recibe el Bautismo a los 98 años


El P. Edson Elizarraras, párroco de San Cristóbal en Marana, Arizona, bendice a Raymond Martin. | Crédito: Foto cortesía del diácono Jack Trevino

Un veterano del Ejército de Estados Unidos que combatió en la Segunda Guerra Mundial, Raymond «Ray» Martin Sr., ingresó a la Iglesia Católica a los 98 años.

Antes de encontrar su camino hacia la Iglesia en Tucson, Arizona, Martin sirvió en Okinawa (Japón) y en Filipinas. Posteriormente trabajó por 27 años como policía en el estado de Illinois.

Su vínculo con el catolicismo comenzó gracias a su difunta esposa, Ann Marie.

Cuando el diácono Jacinto «Jack» Treviño, capellán de un hospicio y colaborador pastoral de la parroquia Santa Isabel Ana Seton, en la Diócesis de Tucson, conoció a Martin en diciembre de 2025, ambos conectaron de inmediato por su pasado común en las fuerzas del orden. También hablaron de su esposa y de la fe que ella profesaba.

“Ray es una persona extraordinaria. Conectamos desde el primer momento. Hablamos mucho sobre nuestro trabajo y compartimos varias risas”, dijo Treviño a EWTN News.

Pero las conversaciones no se limitaron al buen humor. A medida que se fueron conociendo, sus conversaciones se volvieron más serias.

“Ray me habló de su esposa, que ya había fallecido. Me contó que ella era católica y que él la acompañaba a Misa y rezaba el Rosario con ella”, recordó Treviño.

“Un día me comentó que nunca había sido bautizado ni había recibido ninguno de los sacramentos, y que quería ser católico. A partir de entonces comenzamos conversaciones más profundas sobre la fe”, continuó el diácono.

Con el tiempo quedó claro que Martin tenía una profunda fe en Cristo y en la Eucaristía.

“Manifestó una auténtica fe en Cristo y en la enseñanza de la Iglesia Católica. Expresó su fe en la Eucaristía y la importancia del Bautismo y la Confirmación. Ray me dijo que, aunque no era católico, siempre rezaba el acto de contrición”, señaló Treviño.

Al borde de la muerte, encontró una nueva vida

Treviño y el P. Edson Elizarraras, párroco de San Cristóbal en Marana (Arizona), comprendieron que había urgencia en administrarle los sacramentos.

En los últimos años Martin había sobrevivido a un accidente cerebrovascular, a varias caídas y a otros problemas de salud. En mayo estuvo incluso al borde de la muerte tras sufrir otro derrame cerebral.

“Sorprendentemente, Ray logró salir adelante. Fue después de ese accidente cerebrovascular cuando expresó claramente su deseo de hacerse católico y recibir los sacramentos de iniciación”, dijo Elizarraras a EWTN News.

Ambos acudieron al obispo para solicitar que pudiera recibir los sacramentos de manera anticipada. Habitualmente, quienes desean convertirse al catolicismo realizan un proceso de iniciación cristiana para adultos que suele durar entre uno y dos años antes de recibir los sacramentos.

“Aunque se casó con una mujer católica y asistió fielmente a la Santa Misa con ella hasta su fallecimiento, el diácono Treviño observó que Ray siempre se sintió indigno de recibir los sacramentos, a pesar de creer en Dios”, explicó Elizarraras.

“Ray rompió en llanto al expresar su deseo de abrazar la fe católica y compartió que durante toda su vida había rezado el acto de contrición y el Rosario. Cuanto más lo visitaba el diácono Treviño, más preguntas hacía Ray, demostrando que estaba plenamente convencido y preparado para recibir la gracia sacramental”, añadió.

Uno de los días más importantes de su vida

La fecha quedó fijada para el 16 de julio y el lugar sería la residencia asistida donde vivía Martin. Según Treviño, la administradora del centro decoró la sala con pancartas con cruces para preparar el lugar de la celebración.

Ese día, el P. Elizarraras utilizó el rito breve del Orden de Iniciación Cristiana de Adultos (OICA), previsto para personas en peligro cercano de muerte.

«En el momento en que me acerqué a saludarlo, comenzó a llorar y a sonreír. Sabía que aquel era uno de los días más importantes de su vida», relató el sacerdote.

A la Misa asistieron otros residentes del centro, cuidadores y familiares de Martin.

«De manera muy hermosa, al comenzar la liturgia, el señor Raymond pidió que lo ayudaran a acercarse al pequeño pero digno altar que habíamos preparado», recordó Elizarraras. «Quería escuchar con claridad y contemplar la obra de Dios».

«Cuando le pregunté: ‘Querido hermano Raymond, has pedido ser bautizado porque deseas, como los cristianos, tener la vida eterna… Esta es la fe de los cristianos. ¿Lo sabes?’, respondió con firmeza: ‘¡Sí, lo sé!’, mientras lloraba de alegría», recordó.

«Durante todo el rito permaneció profundamente atento, sonriendo y, por momentos, meditando con los ojos cerrados. Cuando llegó el momento de su Bautismo, abrió los ojos y cruzó los brazos sobre el pecho, reconociendo aquel encuentro sobrenatural con Dios», continuó.

Treviño describió la jornada como «profundamente conmovedora».

«Me sentí inmensamente bendecido por poder participar humildemente y ser testigo de cómo Cristo, el Esposo, derrama su amor y su misericordia a través de su Esposa, la Iglesia, mediante los sacramentos para su pueblo», afirmó.

Después de la celebración compartieron unos cupcakes y conversaron sobre cómo Martin podría vivir su nueva fe desde la residencia.

«Lo primero que nos preguntó a mi esposa Elena y a mí fue cómo podría volver a recibir la Comunión, ya que no puede desplazarse para asistir a Misa. Le prometimos que le llevaríamos la Comunión personalmente y que podría seguir la Misa por EWTN», contó Treviño.

Martin también pidió una medalla de San Cristóbal. Le dijo a Treviño que «siempre había querido tener una», y San Cristóbal se convirtió oficialmente en el santo que eligió para su Confirmación.

Un encuentro con Cristo

El P. Elizarraras aseguró que abandonó la celebración «con una inmensa alegría y paz».

«En la respuesta de Ray a la gracia vi un alma que verdaderamente cobraba vida», afirmó.

La celebración le hizo recordar una frase de Deus Caritas Est («Dios es Amor»), la encíclica escrita por el Papa Benedicto XVI en 2005.

«Ser cristiano no es el resultado de una decisión ética o de una gran idea, sino el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da a la vida un nuevo horizonte y una orientación decisiva», dijo Elizarraras, citando a Benedicto XVI.

«Para Ray, a sus 98 años, este sacramento fue precisamente ese encuentro, que dio a los últimos días de su vida un horizonte nuevo y glorioso», añadió.

Una semana después, Elena, esposa de Treviño y ministra laica, llevó la Comunión a Martin.

«Le leyó el Evangelio de la Misa siguiente, la parábola del tesoro escondido. Le dijo a Ray que él era el hombre de la parábola que había encontrado el gran tesoro. Él estaba muy feliz», contó Treviño.

Artículo publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.

Fuente: www.aciprensa.com

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