InicioEspiritualidadLuego del terremoto, colombianos encuentran consuelo en la adoración eucarística

Luego del terremoto, colombianos encuentran consuelo en la adoración eucarística


Los colombianos de Manizales acuden a la parroquia Santa Ana para encontrar consuelo en la adoración eucarística, luego del terremoto del 10 de agosto de 2026. | Crédito: Cortesía parroquia Santa Ana de Manizales.

La parroquia San Ana de Manizales fue en la noche del jueves el centro de adoración eucarística en el que los colombianos encontraron consuelo tras la devastación que dejó el terremoto del 10 de agosto.

Una de las primeras imágenes que se difundieron en redes después del sismo fue precisamente la fachada de la Catedral de Manizales con una de sus torres inclinadas sobre la nave central, ante la mirada de los pobladores que buscaron refugio en la plaza principal.

Ese mismo refugio fue el que buscaron el 13 de agosto los fieles que acudieron a la iglesia Santa Ana, una de las 73 iglesias habilitadas por la Arquidiócesis —de las 94 que posee— para seguir celebrando los actos litúrgicos.

Se trató de una jornada convocada por el párroco, P. Luis Fernando Yepes; y la Clínica del Alma, en cabeza del P. Duberley Salazar, para dar una respuesta pastoral ante el sufrimiento que atraviesa la ciudad.

Ello porque, según el informe dado el jueves por el alcalde de Manizales, Jorge Rojas Giraldo, han sido evacuadas de las viviendas y edificios 590 familias, pero están damnificadas más de 4.000. Además, hay 211 heridos y 6 fallecidos.

En ese sentido, en una nota compartida con ACI Prensa, el P. Duberley Salazar indicó que la iniciativa en la iglesia Santa Ana fue para salir al encuentro de “una Manizales golpeada no solamente en sus estructuras, sino también en el corazón de sus habitantes”.

“La Iglesia quiso hacerse presente desde una de sus vocaciones más profundas: ser madre que acoge y hospital para las almas heridas”, indicó el sacerdote colombiano.

Para ello, luego de la Hora Santa, un grupo de «psicólogos católicos ofrecieron un espacio de escucha, primeros auxilios psicológicos y orientación inicial para quienes necesitaban acompañamiento” a causa de los efectos del sismo.

Después de la Hora Santa, se brindó un espacio para las personas que necesitaban consejería psicológica a causa de los efectos del sismo. | Crédito: Cortesía parroquia Santa Ana de Manizales.
Después de la Hora Santa, se brindó un espacio para las personas que necesitaban consejería psicológica a causa de los efectos del sismo. | Crédito: Cortesía parroquia Santa Ana de Manizales.

“Cuando alguna situación requería una atención que superaba esta primera ayuda, se orientaba hacia las rutas profesionales correspondientes”, añadió el sacerdote.

Misa y Hora Santa

El P. Salazar relató que la jornada comenzó “con la celebración de la Santa Misa, ofrecida por quienes perdieron la vida, por sus familiares, por los heridos, por quienes perdieron sus viviendas y bienes materiales y por aquellos que, después del terremoto, continúan experimentando miedo, angustia e incertidumbre”.

Luego siguió la adoración eucarística en la que, además del silencio, el P. Yepes reflexionó sobre la Palabra de Dios, centrada en los pasajes evangélicos de la tempestad calmada y los discípulos de Emaús.

El P. Salazar relató que el pasaje de la tormenta, que es calmada por Jesús en el mar de Galilea, “adquirió una fuerza particular para quienes acababan de experimentar cómo, en cuestión de segundos, aquello que parecía firme podía estremecerse”. Recordó que los discípulos también tuvieron miedo, pero descubrieron «que Jesús permanecía con ellos dentro de la barca”.

“Otro momento central estuvo inspirado en los discípulos de Emaús. Allí apareció una de las claves de la noche: resignificar no significa negar la herida ni llamar buena a la tragedia; significa descubrir, a la luz de Cristo, que aquello que nos hirió no tiene por qué convertirse en la última palabra de nuestra historia”, afirmó.

El director de Clínica del Alma indicó que luego de la tragedia llega el momento de levantarse, pero aclaró que ello «no significa olvidar a quienes murieron, negar las pérdidas ni apresurar el duelo”.

“Significa creer que el dolor no tiene derecho a escribir por sí solo el último capítulo de nuestra historia. Es levantarse para acompañar, servir, compartir y reconstruir; levantarse también para ayudar a ponerse de pie al hermano que todavía no puede hacerlo solo”, afirmó.

El sacerdote colombiano dijo que “Manizales continúa herida” y “algunas pérdidas son irreparables y muchas heridas necesitarán tiempo”, pero al tener delante a Jesús Eucaristía, en los fieles “quedó encendida una certeza: el terremoto pudo sacudir la tierra, pero no pudo sepultar la esperanza”.

Fuente: www.aciprensa.com

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