Una de las grandes ventajas de que un robot haga algo por ti es de cajón: no tienes que hacerlo tú, a mano. Pero automatizar una labor es una ardua tarea que tarde o temprano se resuelve: primero para el escenario más general y favorable y después, para las particularidades. Un ejemplo fácil: un (cualquiera) robot aspirador limpia bien un loft con una planta rectangular amplia y despejada. Eso sí, añádele una arquitectura compleja con recovecos, pilares, cables y/o una mascota y verás: o no limpia o atropella el obstáculo o se lo traga.
Así que cuando a Roborock se le ocurrió ponerle un brazo articulado a su Saros Z70, ofrecía una solución a una problemática concreta: retirar ese molesto calcetín de en medio. La firma china lo mostró al mundo en el CES 2025 adelantándose a una tendencia que, un año y medio después en el IFA berlinés ya es una realidad consolidada: primero les pusimos brazos a los aspiradores y ahora queremos ponérselos a todo… y con razón.
En casa ese brazo extra es bien. El Roborock Saros Z70 fue el pionero, pero meses después fue Dreame quien también le puso un brazo a uno de sus aspiradores, el Dreame Cyber10 Ultra. En este caso era capaz de extenderse hasta 33 centímetros y levantar objetos de hasta medio kilo de peso. Es decir, 200 gramos más que el de Roborock. Este año en la feria berlinesa lo hemos visto ya con varios robots cortacésped domésticos, el de Segway, de Dreame y también de Mova, si bien solo el concepto AstraX de la última es la que verdaderamente es un brazo y no una mera extensión.
¿Y la experiencia? Aunque no pudimos probar el modelo de Dreame, sí que analizamos a fondo del de Roborock: la idea era buena y sorprendente, pero no demasiado fiable: no siempre cogía los obstáculos que encontraba y aunque llegara a capturarlos, solo los dejaba en su cubo de vez en cuando. Buena idea, ejecución mejorable.

Fuera de lo doméstico sube de nivel. En categorías domésticas esta extremidad marca la diferencia entre tener que ir tú con la escoba/aspirador vertical o el recortabordes a rematar la tarea para que el suelo o el jardín quede bien o no. En pocas palabras: una automatización con todas las letras que verdaderamente pueda sustituir la operación manual. Pero fuera de casa es otra historia, una que sorprende y convierte la experiencia en algo más emocional.
El ejemplo más claro está en el Robot Phone, un móvil que tiene un brazo que funciona extrayendo la cámara trasera para convertirla en un gimbal, lo que permite disfrutar mucho más con la fotografía y el vídeo. El brazo no es un capricho ni una forma de sacar músculo tecnológico, es un componente de diseño diferencial para cualquier dispositivo que necesite interactuar físicamente con su entorno.
El gran salto. Hasta ahora estamos hablando de dispositivos más o menos cotidianos, como un aspirador, un móvil o un cortacésped, al que ponerle una extremidad… pero obviamente hay un destino: quien mejor te puede grabar siguiéndote es una persona. Quien mejor corta el césped sea como sea tu jardín es un jardinero y por supuesto, limpiar concienzudamente tu casa con la escoba o el aspirador es la mejor manera de tener una casa como la patena. Y a falta de humanos, buenos son los humanoides domésticos. Robots humanoides ya hemos visto unos cuantos y también las proezas que pueden hacer en los World Humanoid Robot Games, donde uno pulverizó el récord del humano Usain Bolt cuando el año pasado corría esos mismos 100 metros en más de 21 segundos.
Tecnológicamente, los humanoides están evolucionando una barbaridad, el siguiente paso es el precio: democratizarlos para que lleguen al hogar. Según el CEO de la empresa 1X Technologies, falta menos de una década para el despliegue definitivo de los humanoides. De momento, ya han lanzado su Neo, capaz de doblar la ropa o limpiar. Eso sí, cuesta 20.000 dólares o una suscripción mensual de 499 dólares. En el CES de 2026, LG mostró su CLOiD, un robot con dos brazos articulados con siete grados de libertad y capaz de levantar hasta 68 kg.
Con brazos todo es mejor. La razón de fondo es sencilla: durante más de una década hemos bautizado como «smart» a cualquier cosa con conectividad, si bien en honor a la verdad algo considerado como inteligente disponía de sensórica para percibir el mundo. El paso siguiente es poder actuar sobre este: el brazo es la pieza mecánica que faltaba para que esa percepción pase a la acción.
Por eso da igual el fabricante y da igual el producto: en cuanto la inteligencia artificial ha avanzado lo suficiente para interpretar lo que ven de forma autónoma, añadir esa pieza es esencial para ejecutar tareas. Puede que en la actualidad todavía tengan un precio elevado y lo que ha llegado en su versión más sencilla tenga notable margen de mejora, pero la dirección del sector es clara: hoy es un brazo un poco torpe, pero en unos años probablemente sea el estándar de muchos dispositivos, domésticos o no.
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Fuente: www.xataka.com






