El contraste entre Rafael “Papito” Cruz y Julio César Valentín revela cómo la conexión con la gente sigue siendo el termómetro real del poder local
Santiago, República Dominicana. — En la política santiaguera, dos figuras aliadas al gobierno marcan una clara diferencia en su forma de ejercer liderazgo: Rafael “Papito” Cruz, presidente del Concejo de Regidores, mantiene presencia activa en los barrios y sectores productivos, mientras Julio César Valentín, exsenador y exlíder influyente, se mantiene alejado del contacto político que en otros tiempos lo llevó a la cima.

Analistas locales coinciden en que la brecha no responde solo a estilos distintos, sino a una desconexión progresiva de Valentín con su base natural, mientras Papito consolida su influencia en el tejido industrial y comunitario.
Eduardo Estrella: poder nacional, distancia local
A este escenario se suma Eduardo Estrella, ministro de Obras Públicas y presidente del partido Dominicanos por el Cambio (DxC), cuya presencia en Santiago también ha sido limitada. Aunque mantiene poder dentro del gabinete, su contacto con la base política local se reduce a los actos en que acompaña al presidente Luis Abinader.
La ausencia visible de Estrella y Valentín ha fortalecido la figura de Papito Cruz como el único aliado político que conserva presencia territorial y vínculo directo con la ciudadanía.
“No se trata de quién es más importante, sino de quién ha entendido el pulso de su gente”, observan voces políticas locales, resaltando que mientras Valentín se ha institucionalizado hasta el anonimato, Papito sigue en las calles, en los barrios y en los eventos donde se construye la legitimidad política real.
Presencia como símbolo de liderazgo
En una ciudad tan observadora como Santiago, donde los liderazgos se miden por presencia, compromiso y contacto con la población, el contraste es evidente: Papito Cruz está en la cancha; Valentín, en la sombra.




