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La increíble historia del edificio más alto del planeta que terminó convertido en la piscina más grande de la Unión Soviética

La increíble historia del edificio más alto del planeta que terminó convertido en la piscina más grande de la Unión Soviética

Durante los inviernos más fríos de la Unión Soviética, había un lugar en Moscú donde miles de personas seguían bañándose al aire libre mientras enormes nubes de vapor cubrían completamente el paisaje. De hecho, desde algunos puntos de la ciudad apenas se distinguían las siluetas de los nadadores entre la niebla artificial. Para muchos visitantes extranjeros, aquella escena parecía más propia de una película de ciencia ficción que del centro de una capital soviética.

No recuerdo espacios que hayan dado para tanto, literalmente.

La catedral que Stalin borró del mapa. Sí, durante décadas, uno de los lugares más extraños de Moscú fue ese inmenso círculo humeante donde miles de personas nadaban bajo la nieve sin pensar demasiado en lo que había existido allí antes. Lo fascinante es que aquel lugar había sido primero la mayor catedral ortodoxa de Rusia, después el terreno elegido para construir el edificio más alto del planeta y finalmente la piscina al aire libre más grande.

Hoy, sobre ese mismo solar, vuelve a levantarse otra vez una gigantesca catedral dorada. Pocas historias explican tan bien cómo la arquitectura puede convertirse en una batalla ideológica permanente entre imperios, revoluciones y memorias borradas.

El monumento que celebraba la derrota de Napoleón. La historia comenzó tras la retirada de Napoleon Bonaparte de Rusia en 1812, cuando el zar Alejandro I prometió levantar una enorme catedral en honor a Cristo Salvador como agradecimiento por la supervivencia del imperio ruso. 

El proyecto atravesó décadas de retrasos, cambios de diseño y disputas ideológicas hasta convertirse en una gigantesca catedral ortodoxa inspirada parcialmente en Santa Sofía de Constantinopla. Su construcción tardó más de cuarenta años y el resultado final dominaba completamente el skyline de Moscú con enormes cúpulas doradas visibles desde el Kremlin. El edificio representaba la unión entre religión, monarquía y poder imperial ruso en un momento en el que el país intentaba proyectarse como una gran potencia europea.

Cathedral Of Christ The Saviour 4

La antigua Catedral de Cristo Salvador

Stalin quería borrar la vieja Rusia y construir algo más grande. Tras la Revolución de 1917, los bolcheviques comenzaron una campaña feroz contra la religión porque consideraban que la nueva sociedad soviética no podía compartir espacio con símbolos del viejo orden imperial. Iglesias fueron cerradas, confiscadas o reutilizadas como almacenes, cines o viviendas, pero la Catedral de Cristo Salvador era demasiado visible para sobrevivir. 

En 1931, por orden directa de Joseph Stalin, el edificio fue demolido con explosivos para dejar espacio al proyecto más delirante de la arquitectura soviética: el Palacio de los Sóviets. El plan consistía en levantar un coloso de 415 metros coronado por una estatua gigantesca de Lenin de unos cien metros de altura, un edificio tan enorme que habría superado cualquier rascacielos existente en el planeta. El objetivo no era únicamente arquitectónico. Stalin quería demostrar físicamente que el comunismo soviético había sustituido para siempre a la vieja Rusia zarista y religiosa.

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Así hubiera quedado el Palacio de los Sóviets

El edificio más alto del planeta nunca llegó a existir. El arquitecto Boris Iofan pasó años obsesionado con aquel proyecto monumental, diseñando enormes auditorios, terrazas escalonadas y espacios concebidos para glorificar al Estado soviético y a sus líderes. Se excavó un gigantesco cráter junto al río Moscova, comenzaron los trabajos de cimentación y parte de la estructura metálica llegó a levantarse, pero la realidad terminó destruyendo el sueño propagandístico soviético. 

El terreno era complicado, el agua inundaba continuamente la zona y la invasión alemana de 1941 paralizó definitivamente las obras. Gran parte del acero acumulado para el edificio acabó reutilizado en fortificaciones y puentes durante la guerra. El que debía ser el mayor símbolo arquitectónico del comunismo mundial terminó convertido en un enorme agujero embarrado en mitad de Moscú.

1969 Panoramio

Entonces ocurrió algo todavía más surrealista. En lugar de retomar el proyecto tras la guerra, el régimen soviético tomó una decisión completamente inesperada: transformar aquella inmensa cimentación circular en una piscina pública gigantesca. Así nació la piscina Moskva, inaugurada en 1960 bajo Nikita Jrushchov. El lugar llegó a convertirse en la piscina al aire libre más grande de la Unión Soviética y posiblemente del mundo, con 130 metros de diámetro y capacidad para miles de personas. 

El agua permanecía climatizada incluso en invierno, creando enormes nubes de vapor sobre el centro de Moscú mientras los ciudadanos nadaban rodeados de nieve y temperaturas bajo cero. Para generaciones enteras de soviéticos, aquel espacio dejó de ser un símbolo religioso o político y pasó a convertirse simplemente en un lugar cotidiano donde aprender a nadar, reunirse con amigos o escapar del frío.

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La piscina más famosa de Moscú y sus leyendas. El gigantesco estanque circular adquirió con el tiempo una fama casi mitológica. Las densas columnas de vapor dificultaban la visibilidad en invierno y comenzaron a circular rumores sobre accidentes, ahogamientos y supuestas “sectas de suicidas” vinculadas al antiguo terreno sagrado donde se había levantado la catedral destruida. 

También aparecieron historias sobre la humedad y la corrosión que el complejo provocaba en edificios cercanos y museos próximos. Aun así, millones de personas utilizaron la piscina durante décadas y para muchos habitantes de Moscú aquel lugar terminó formando parte inseparable de sus recuerdos personales, incluso aunque supieran que nadaban literalmente sobre las ruinas de uno de los templos más importantes de la Rusia imperial.

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La Catedral de Cristo Salvador restaurada sobre lo que fue la piscina más grande

La caída de la URSS volvió a cambiarlo todo. Con el colapso soviético, Rusia comenzó a recuperar símbolos religiosos y nacionales que habían sido perseguidos durante décadas. Mantener la gigantesca piscina se volvió económicamente insostenible por el enorme coste de calefacción y electricidad, mientras crecía un movimiento que reclamaba reconstruir la catedral original. 

En 1994 la piscina fue vaciada y demolida, y poco después comenzó una reconstrucción acelerada financiada mediante donaciones y apoyo institucional. El nuevo templo fue levantado en apenas unos años y consagrado en 2000 como una réplica casi exacta del edificio destruido por Stalin. Para muchos rusos, aquella reconstrucción simbolizaba el regreso de la religión y de la identidad histórica rusa tras el periodo soviético; para otros, era una especie de decorado monumental que intentaba borrar las cicatrices del pasado.

El mismo lugar resume dos siglos de Rusia. Si se quiere también, lo verdaderamente fascinante es que un único solar de Moscú terminó condensando toda la historia política rusa moderna. Primero fue un monumento zarista levantado tras derrotar a Napoleón. Después se transformó en el escenario elegido para construir el mayor símbolo del comunismo mundial. Más tarde acabó convertido en una piscina gigantesca donde familias soviéticas nadaban bajo columnas de vapor en pleno invierno. 

Y finalmente volvió a convertirse en una catedral ortodoxa coronada por cúpulas doradas frente al Kremlin. Una cosa está clara: muy pocos lugares del mundo han cambiado tantas veces de significado sin moverse un solo metro.

Imagen | Fmaschek, Andris Malygin

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La noticia

La increíble historia del edificio más alto del planeta que terminó convertido en la piscina más grande de la Unión Soviética

fue publicada originalmente en

Xataka

por

Miguel Jorge

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Fuente: www.xataka.com

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