
Mons. Ramón Castro Castro, Obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano. / Crédito: Captura de video/Conferencia del Episcopado Mexicano.
El Obispo de Cuernavaca y presidente de la Conferencia del Episcopado Mexicano, Mons. Ramón Castro Castro, clamó al Espíritu Santo durante la celebración de la Solemnidad de Pentecostés, el domingo 24 de mayo: “Ven sobre nuestra Patria y nuestro Estado y rompe las cadenas del miedo, de la corrupción y de la violencia”.
La celebración tuvo lugar una semana después de la multitudinaria Caminata por la Paz en Cuernavaca, en la que el obispo mexicano aseguró que, de cara a la violencia, “nuestro Dios escucha los gritos de las víctimas, camina con ellas y nos llama también a nosotros a no apartar la mirada”.
En su homilía de la Misa del Domingo de Pentecostés, Mons. Castro Castro recordó “la irrupción permanente de Dios en la historia humana”, señalando que “el Espíritu Santo desciende sobre el cenáculo y transforma radicalmente aquellas personas que tenían miedo, los transforma en testigos valientes”.
“Transforma el miedo en anuncio. Transforma el encierro en misión. Transforma la dispersión en comunión”, destacó.
Recordando la “propia soberbia y las “lenguas divididas” que se reconocen en el pasaje bíblico de la Torre de Babel, que se contrapone a Pentecostés, el prelado destacó que “el milagro no consiste simplemente en hablar muchas lenguas, como acabamos de escuchar, sino que cada uno escucha, escucha el Evangelio y lo hace en su propia lengua y puede comprenderlo”.
“Esa es la belleza. El Espíritu no elimina la diversidad, la reconcilia”, señaló.
Más adelante, subrayó que en un mundo en el que vivimos “saturados de estímulos, de información, de velocidad”, el Espíritu Santo llega a “reconstruir el corazón humano desde dentro” y “devuelve sentido donde hay vacío”.
Al recordar Pentecostés, dijo Mons. Castro Castro, “no podemos dejar de pensar en María, la esposa del Espíritu Santo”, la que “en medio de aquel cenáculo aparece de una manera discreta”.
La Virgen, subrayó, “enseña a la Iglesia el arte de la docilidad interior, del silencio fecundo, de la esperanza perseverante. María nos enseña a esperar el tiempo de Dios y custodia el fuego del cenáculo”.
Al finalizar su homilía, el presidente de la CEM precisó que “Pentecostés no puede quedarse solamente en una explicación teológica. Debe convertirse en una súplica ardiente, súplica ardiente”.
“El mundo necesita nuevamente el soplo de Dios”, continuó, y que el Espíritu Santo “venga a encender nuestras heridas personales y a sanarlas”.
Por eso, clamó: “Ven Espíritu Santo y renueva nuestra vida. Ven Espíritu Santo y devuélvenos el aliento divino. Ven Espíritu Santo y danos tu paz. Ven sobre nuestras familias y enséñanos nuevamente el verdadero amor. Ven sobre nuestra Patria y nuestro Estado y rompe las cadenas del miedo, de la corrupción y de la violencia. Ven Espíritu Santo sobre tu Iglesia y hazla más humilde, más santa, más cercana, más misionera”.
“Ven fuego de Dios y despierta nuestros corazones cansados. Ven Espíritu de verdad y enséñanos a caminar en la luz del Evangelio”, dijo el prelado, alentando a los fieles a rogar el auxilio del Espíritu Santo “todos los días”.
Fuente: www.aciprensa.com






