La gran mayoría empleados mayores de 63 años algo en común: no ven la hora de jubilarse. Sin embargo, cada año que pasa, la jubilación parece estar un poco más lejos. En realidad, no es una percepción, sino que es una realidad que se viene produciendo desde 2011, cuando se aprobó la normativa que retrasa cada año unos meses la edad de jubilación.
Alfonso Muñoz Cuenca, funcionario de la Seguridad Social especializado en pensiones, contaba desde su canal en YouTube el caso de una conocida con 65 años y 25 años cotizados que no veía el momento de jubilarse. Para el experto, este sentimiento es el síntoma de un problema que se repite cada vez más a medida que se endurecen los requisitos de jubilación: hay personas que llegan al tramo final de su vida laboral sin capacidad real de aguantar el ritmo que se les exige.
La edad sube, pero el cuerpo no siempre acompaña. Tal y como destacaba Trendencias, la reforma de la Seguridad Social de 2011 establecido en la Ley 27/2011 fijó el retraso progresivo de la edad de jubilación, al tiempo que se también se incrementaban los requisitos para acceder a ella. En 2026, solo podrán jubilarse a los 65 años aquellas personas que acrediten un mínimo de 38 años y 3 meses cotizados. Quien no haya cotizado ese tiempo, tendrá que esperar hasta los 66 años y 10 meses para jubilarse.
El sistema actual de pensiones se diseñó en un contexto social y sanitario muy diferentes, en el que los trabajadores vivían una media de siete años tras jubilarse. Según datos del INE hoy la esperanza de vida supera los 20 años de media después de jubilarse. Sin embargo, que la esperanza de vida sea mayor no implica que los más veteranos lleguen al final de su vida laboral en plenas condiciones físicas para cumplir con las exigencias del puesto, lo que hace que esos últimos sean especialmente duros para ellos.
El desgaste no siempre tiene un diagnóstico. Muñoz Cuenca lo resume en su vídeo asegurando que «hay trabajadores que a duras penas pueden llegar a los 67 años subidos a un andamio, o haciendo guardias interminables en un hospital sin descanso». El problema es que ese desgaste rara vez aparece en un informe médico. No hay incapacidad declarada, sino fatiga acumulada, pérdida de ritmo y un cuerpo que ya no responde igual que lo hacía con 40 o 50 años.
Los datos de burnout en España recogidos por Unobravo confirman que el 55% ha sufrido agotamiento total en algún momento. El sector sanitario y los oficios de cuidado son los más afectados por esa situación, con unos sectores con una escasez de personal crónica y cargas de trabajo elevadas. El informe de la UGT de 2025 añade que la precariedad laboral eleva un 61% las probabilidades de desarrollar depresión. El agotamiento de los empleados en los últimos años de su carrera laboral que Muñoz Cuenca describe tiene, al parecer, bastante respaldo estadístico.
El problema de los años cotizados. El experto comenta en su vídeo el caso de una trabajadora de 65 años y medio que quiere jubilarse, pero solo acumula 25 años cotizados, lo que cierra las puertas a la jubilación anticipada. Solo para tener la posibilidad de acceder a la jubilación anticipada de forma voluntaria se necesita haber cotizado al menos 35 años. Quien no llega a esas cifras tiene pocas opciones.
Muñoz Cuenta cuenta que, tras una trayectoria laboral marcada por la precariedad de los contratos temporales, los años dedicados al cuidado de sus hijos, no sumar esos mínimos es más frecuente de lo que parece. El Informe del Mercado de Trabajo de los mayores de 45 de 2026 elaborado por el Observatorio de las Ocupaciones cifra en más de once millones las personas mayores de 45 años ocupadas o afiliadas a la Seguridad Social, más de la mitad del total. Muchas llegaron tarde al mercado laboral o acumulan carreras con muchos baches, lo que los convierte en serios candidatos para no cumplir con los requisitos mínimos para acceder a la jubilación a los 65 años.
La jubilación parcial como válvula de escape. Muñoz Cuenca plantea lo que él denomina «desaceleración laboral»: reducir la carga de trabajo de forma progresiva a medida que se acerca el final de la vida activa. No como un derecho nuevo, sino como un cambio de mentalidad en las empresas para facilitar el relevo generacional. La herramienta legal ya existe en forma de jubilación parcial con contrato de relevo. Desde 2025, se puede solicitar hasta tres años antes de la edad ordinaria, con un mínimo de 33 años cotizados.
Este mecanismo permite reducir la jornada del empleado entre un 25% y un 75%, y cobrar parte de la pensión, al tiempo que la empresa contrata a alguien para cubrir las horas restantes e ir formándole para ocupar su lugar cuando la jubilación sea definitiva. Sin embargo, lejos de ser la norma, este tipo de jubilaciones progresivas son la excepción ya que no todas las empresas están obligadas a aceptarlo, por lo que al empleado no le queda más remedio que forzar la máquina más allá de sus capacidades, y derivando en un incremento del 43% en el número de bajas entre los empleados de entre 55 y 65 años.
Gina Aran, consultora de recursos humanos, confirmaba en una entrevista para La Vanguardia que «la jubilación debe ser una elección propia, tomada con criterio, teniendo en cuenta el estado de salud, e insiste en que no debe ser algo brusco y obligatorio».
Imagen | Unsplash (Sweet Life)
–
La noticia
Los expertos de la Seguridad Social coinciden: «es muy difícil que un trabajador llegue a los 67 años en plena capacidad»
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Rubén Andrés
.
Fuente: www.xataka.com







