
Basílica Nuestra Señora de Luján / Crédito: Santuario de Luján
Tras los terremotos ocurridos el pasado miércoles, que causaron un grave impacto en la capital de Venezuela y sus alrededores, con miles de muertos, heridos y desaparecidos, y un gran despliegue de búsqueda y rescate con ayuda internacional, los argentinos se unieron en oración por el pueblo venezolano en la Basílica y Santuario Nacional de Nuestra Señora de Luján.
La Eucaristía tuvo lugar este domingo 28 de junio y estuvo presidida por el Arzobispo de Mercedes-Luján, Mons. Jorge Eduardo Scheinig.
Al iniciar la celebración, el prelado señaló que la Basílica de Luján “es la casa de la Virgen” hasta donde se acercan los fieles más cercanos como también los de otras provincias y países. “Es un santuario que recibe a muchas personas de todos lados, y hoy queríamos rezar especialmente por Venezuela”, expresó.
“Le toca a este país vivir ahora estos momentos muy difíciles, por esta catástrofe que significó el terremoto. Pensemos en las personas fallecidas, sus familias. En un minuto muchísimas personas quedaron sin nada, sin nada. Perdieron todo. Recemos por los rescatistas, por todos los que están trabajando. Seamos solidarios con ellos en la oración”, pidió Mons. Scheinig.
Confiando en que la oración es “esa fuerza invisible”, exhortó a hacer un instante de silencio y pedir a Dios y a la Virgen por el pueblo de Venezuela.
El arzobispo dedicó luego su homilía a revisar las prioridades, aquello que “pesa más que otras cosas”, y que “tienen poder para ordenarnos”.
“Si vos tenés buenas prioridades, estás en paz. Pero si elegís mal tus prioridades, eso te confunde, te llena de angustia, no te ayuda a vivir bien. Entonces, de vez en cuando hay que animarse a revisar las prioridades”, señaló.
En ese sentido, afirmó que “Jesús nos ayuda a ordenar nuestras prioridades”, y profundizó: “¿Cuál es la prioridad de Jesús? Dios. ¿Qué está en primer lugar para Jesús? Dios. ¿Y qué nos aconseja a nosotros? Ponelo a Dios en primer lugar y no te vas a arrepentir”, explicó.
Por eso, llamó a preguntarse: “¿Qué lugar ocupa Dios? ¿Qué lugar ocupa la Misa? […] En la lista de mi vida, ¿dónde está Dios?”
“Si ponés el amor de Dios en primer lugar, si en tu vida vos amás a Dios, ese amor es tan bueno, es tan puro, es tan luminoso, que te ordena toda la vida, te ayuda a entender toda la vida. Porque Dios no te quita nada, te llena la vida de amor”, sostuvo. “Poner a Dios en primer lugar significa apostar, arriesgar, llenar el corazón de amor y eso te ayuda a amar de otra manera a todos y a todo, amar mejor”, subrayó.
Al referirse a la situación en Venezuela, Mons. Scheinig reflexionó: “Fíjense qué extraño que es el mundo. Hoy la televisión muestra escenas tremendas. Yo estaba viendo el noticiero y vi un chiquito que estaba llorando, que había quedado perdido solo por el terremoto, y se te parte el corazón. Pero al rato estamos viendo el partido de Argentina”.
“Y fíjense que también vemos escenas de guerras, de personas inmigrantes que no tienen nada, que viven en una carpita. El mundo es esto. Nos pasa también en una familia: estás celebrando el cumpleaños de quince de uno de tus hijos y por ahí fallece un familiar cercano o aparece una enfermedad. Así es la vida. La vida es esa mezcla rara de cosas lindísimas y cosas dolorosísimas”, ejemplificó.
“Pero cuando tu corazón tiene prioridades, no te confundís. Y entonces sí, podemos alentar a la selección, pero mi prioridad no es el fútbol, mi prioridad es la vida, es lo que le pasa al otro. No me dejo atontar por las cosas de la vida”, advirtió.
Por eso, “si Dios es tu prioridad, sos capaz de no perder sensibilidad frente al dolor. Estás ubicado en la vida. Podés ver el Mundial, pero te das cuenta de que esa no es la prioridad. Tu vida está ordenada. Sabés dónde estás parado, qué querés, qué es lo que no querés”, continuó.
En ese contexto, añadió, aparece la necesidad de acompañar a los venezolanos rezando: «Dios, dale fuerza a tanta gente que le cambió la vida en un instante».
“También nos animamos a la solidaridad, nos animamos a dar plata, bienes, compartir lo que tenemos con aquellos que están necesitados, porque tu corazón está ordenado, está con Dios”.
“La vida nos está presentando momentos del mundo complejos, difíciles”, admitió, anhelando que “en nuestra lista de prioridades Dios esté en primer lugar para que podamos mantener nuestra condición de buenas personas”.
Fuente: www.aciprensa.com






