Si analizamos la sangre de un hombre promedio de hoy y la comparamos con la de su abuelo a la misma edad, los resultados revelan que los niveles de testosterona se han reducido a la mitad. Esto es algo que durante años ha sido un rumor o un hallazgo aislado en estudios locales, pero que ahora un importante estudio le ha dado mucho más rigor.
Está probado. El estudio, presentado en la reunión anual de la European Society of Human Reproduction and Embryology, arroja luz sobre lo que los científicos consideran una «epidemia silenciosa». Y es que la investigación se ha centrado en analizar los datos de 118.593 hombres procedentes de seis estudios longitudinales en Israel, Estados Unidos, Brasil, Finlandia y Dinamarca entre 1972 y 2019.
Tras analizar la progresión de los niveles de testosterona, se ha visto claramente una caída del 54% de media en los niveles de testosterona total. Estamos hablando de un descenso superior al 1% anual de media que se ha ido acelerando a partir del año 2000.
El envejecimiento. La primera reacción lógica al leer estos datos es pensar en la esperanza de vida. Si vivimos más, es normal que la media poblacional de testosterona baje, pero los investigadores se adelantaron a esta hipótesis.
En sus resultados ha quedado claro que el declive detectado es independiente del envejecimiento, puesto que los datos han sido ajustados por edad. Esto quiere decir que un hombre de 30 años en 2019 tiene niveles significativamente más bajos de testosterona que los que tenía un hombre de 30 años en 1980. Y si no es la edad, la ciencia apunta directamente a nuestro entorno y a cómo vivimos.
La obesidad. Si buscamos a los culpables, este es uno de ellos, y sin duda uno de los más determinantes. Debemos saber que el tejido adiposo no es inerte, sino que funciona casi como un órgano endocrino que convierte la testosterona en estrógeno a través de una enzima llamada aromatasa que está presente en la grasa. De esta manera, a más grasa habrá una mayor conversión y, por tanto, una menor cantidad de testosterona.
Sin embargo, los estudios más recientes van un paso más allá y advierten que la diabetes tipo 2 ha superado a la obesidad como factor de riesgo principal para tener un nivel bajo de testosterona en suero. La razón está en que la resistencia a la insulina crea un círculo vicioso que bloquea la producción normal de esta hormona.
Disruptores endocrinos. Vivimos rodeados de químicos y sustancias presentes en plásticos (como los bisfenoles), envases alimentarios, pesticidas y productos de cuidado personal que actúan como «hackers» de nuestro sistema endocrino. Y aunque la evidencia sobre sustancias específicas sigue construyéndose debido a la dificultad de aislar sus efectos, la comunidad científica asume que la exposición crónica a estos químicos está interfiriendo en la fertilidad y en la síntesis de testosterona a nivel global.
El estilo de vida. En la actualidad estamos viviendo en una sociedad donde el sedentarismo está a la orden del día, y esta falta de ejercicio y el exceso de horas en una silla frenan la producción hormonal. Pero además, la privación de sueño es también un gran problema, puesto que dormir poco o mal destruye los ritmos circadianos necesarios para segregar testosterona, que ocurre principalmente de noche.
Más allá de la reproducción. Solemos asociar la testosterona a la fertilidad o al desarrollo muscular, pero su papel es sistémico. Aquí es importante saber que niveles crónicamente bajos se asocian con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, osteoporosis, depresión y deterioro cognitivo. Es por ello que un cambio de vida es fundamental para mantener unos niveles altos de testosterona que actúen con ese perfil protector para conseguir tener una salud mucho más fuerte con el paso del tiempo.
Imágenes | Julia Larson
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La noticia
Los niveles de testosterona se han desplomado a la mitad en los últimos 50 años. El misterio es por qué está pasando
fue publicada originalmente en
Xataka
por
José A. Lizana
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Fuente: www.xataka.com








