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La Conferencia Episcopal Paraguaya celebró 70 años dedicados a “sembrar, contagiar y testimoniar”


Obispos del Paraguay en el 70° aniversario de la CEP. Crédito: Conferencia Episcopal Paraguaya

Los obispos de las 17 diócesis del Paraguay se congregaron este domingo en el Santuario Nacional de Nuestra Señora de los Milagros de Caacupé para celebrar el 70° aniversario de la Conferencia Episcopal Paraguaya (CEP).

La Misa de acción de gracias fue celebrada por el presidente del episcopado, Mons. Pierre Jubinville, Obispo de San Pedro, quien comenzó su homilía recordando que la Conferencia Episcopal no es la Iglesia del Paraguay, sino sólo una parte de ella, ya que la Iglesia es todo el pueblo de Dios que vive su fe en Cristo y recibe al Espíritu Santo.

Por lo tanto, precisó, la historia de la Iglesia en el Paraguay es mucho más extensa que estos 70 años de creación de la CEP.

Refiriéndose al Evangelio, Mons. Jubinville comparó a la Conferencia Episcopal con la semilla, el fermento y la sal, asegurando que es una organización pequeña y con pocos recursos, cuya fuerza radica en la gratuidad, el servicio y la entrega de miles de personas.

La CEP es “una veintena de obispos”, describió, “una pequeña comunidad que comparte su experiencia y busca conducir algunos proyectos comunes”, añadió.

“Siempre estará en nuestra naturaleza misma, de ser como la semilla, de ser pequeños, de morir en la tierra, germinar con dolor y crecer con el pueblo, en la confianza en Dios”.

El prelado afirmó que realizan la tarea “con pobreza, con fallas, con conflictos, pero lo vivimos”.

“Sabemos que no hay fermento eficaz si no nos amamos. Somos gente muy diferente, diversa en nuestra formación, nuestra experiencia de vida y nuestras culturas. Pasamos crisis y discusiones, pero buscamos una unidad que no sea solamente de fachada, una verdadera comunión”, valoró el prelado.

En cuanto a las diferencias y los desafíos, recordó a todas las comunidades que es posible superarlos mediante el diálogo, el discernimiento y la búsqueda del bien común, señalando asimismo que el ministerio episcopal no es ejercicio de poder sino un servicio que se vive en comunidad.

“Queremos ser levadura”, enfatizó Mons. Jubinville, recordando que “la evangelización no es un programa, un trabajo como otros; es sembrar, contagiar, testimoniar”.

Al referirse al papel de la conferencia episcopal en la sociedad, admitió que ha sido cuestionada muchas veces, tanto por quienes consideran que debería asumir posturas más críticas como por quienes creen que debería ser más moderada.

“Tal vez la Conferencia Episcopal habla de más, tal vez no habla lo suficiente. Muchos nos piden ser más críticos, otros que seamos más moderados. Seguramente, los obispos deberíamos dar un testimonio más visible y coherente’’, reflexionó, destacando el papel del episcopado en sus 70 años, acompañando momentos importantes de la vida nacional en busca del diálogo y del bien común.

“Lo constante es que tenemos otro poder: Una palabra que debe lo más posible asemejarse a la Palabra, que es Jesús muerto y resucitado, que entregamos con esperanza y con humildad”, afirmó.

“Nos toca pasar por el mismo camino de Jesús, la cruz. No negamos nuestra responsabilidad de pastores, pero antes que nada somos seguidores de discípulos, hermanos de comunidad”, sostuvo.

Finalmente, invitó a todas las parroquias, comunidades y movimientos del país a mirar su propia historia, reflexionando sobre su historia, compromisos y desafíos, y encomendó el camino de la Iglesia en Paraguay al amparo de la Virgen María, “modelo de la Iglesia, discípula y misionera”.

Fuente: www.aciprensa.com

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