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La medicina tenía un límite con los trasplantes de animales. Un paciente lo ha roto tras nueve meses viviendo con un riñón de c…

La medicina tenía un límite con los trasplantes de animales. Un paciente lo ha roto tras nueve meses viviendo con un riñón de cerdo

La escasez de órganos es uno de los mayores cuellos de botella de la medicina moderna, provocando que muchas personas mueran mientras esperan en la lista de espera algún órgano compatible. Para resolver este problema, la ciencia ha estado mirando hacia el trasplante de animales a humanos como la solución definitiva, y ahora la medicina acaba de marcar un nuevo hito histórico

Lo conseguido. Tal y como se ha publicado este mismo mes de septiembre en la revista The Lancet, un paciente de 66 años con enfermedad renal ha logrado vivir 271 días sin necesidad de someterse a diálisis gracias al riñón de un cerdo genéticamente modificado. 

Pero la verdadera noticia no es solo el tiempo récord que el órgano porcino funcionó, sino que lo llamativo fue que el riñón de cerdo sirvió como un «puente» vital que mantuvo al paciente con vida hasta que pudo recibir con éxito un riñón humano.

Editado. El trasplante original se llevó a cabo el 25 de enero de 2025, bajo un programa de acceso ampliado de la FDA estadounidense. Y es que implantar un órgano animal en un ser humano tiene un reto colosal, que es el rechazo hiperagudo que puede provocar la muerte casi inmediata del receptor. Algo que tiene sentido, puesto que nuestro sistema inmunitario está diseñado para atacar sin piedad a cualquier tejido extraño, y un riñón de cerdo hace saltar todas las alarmas. 

Para evitarlo, se pensó en usar la tecnología de edición génica CRISPR-Cas9, haciendo 69 modificaciones genéticas en el cerdo de donde procedía el órgano. El objetivo aquí era doble, ya que por un lado se eliminaban los genes porcinos que causan el rechazo fulminante y, además, se introducían genes humanos que mejorarían la compatibilidad inmunológica. 

El resultado fue un éxito rotundo, puesto que el injerto funcionó de manera inmediata tras la operación. Y aunque el paciente sufrió un episodio temprano de rechazo, el equipo médico logró controlarlo con tratamiento inmunosupresor. Además, no se detectó transmisión de ningún patógeno porcino, uno de los grandes miedos en este tipo de procedimientos.

Límite del injerto. A pesar del hito técnico, la barrera biológica entre especies sigue siendo un desafío gigantesco, y es por ello que, tras proporcionar una función renal suficiente durante meses, a los seis meses de la cirugía comenzaron a aparecer los problemas.

El órgano porcino empezó a sufrir lesiones microvasculares y una inflamación progresiva, lo que provocó un fallo en el órgano que fue avanzando hasta que el equipo médico se vio obligado a retirar el riñón. A partir de aquí, el paciente volvió temporalmente a diálisis tras haber ganado 271 días de libertad. Aunque, por suerte, meses después apareció un riñón humano compatible procedente de un donante fallecido y que pudo recibir. 

Un gran cambio. El gran temor de los médicos era que el contacto prolongado con el órgano de cerdo provocara una «sensibilización inmunológica», es decir, que el sistema inmunitario quedara tan alterado que rechazara el futuro riñón humano. El seguimiento posterior demostró que no hubo tal sensibilidad, ya que el cuerpo aceptó el riñón humano sin que el xenotrasplante previo lo perjudicara. 

Esto abre ahora una puerta para la medicina del futuro, puesto que puede permitir utilizar los órganos de cerdos genéticamente modificados no como sustitutos definitivos, sino como un sistema de «espera» que salve a los pacientes mientras llega un órgano humano que sea compatible. 

Fuente: www.xataka.com

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