
EEUU está tirando la casa por la ventana en lo que a inteligencia artificial se refiere. Y no es una manera de hablar. A lo largo de los últimos meses se han publicado varios análisis que, más allá de las cifras, coinciden en un diagnóstico rotundo: la IA se está convirtiendo en la mayor apuesta económica en la historia del país, con un despliegue de recursos en infraestructura (centros de datos) mayor que el que movilizó en su día la construcción de canales, ferrocarriles, autopistas interestatales o Internet.
La pregunta a la vista de esa ola de inversiones milmillonarias es… ¿Cómo y cuándo se recuperará la inversión? ¿Qué volumen de gasto será necesario para amortizarlas?
Un despliegue histórico. En pleno «boom» de centros de datos y euforia inversora, el think tank Brookings Institution ha hecho un ejercicio interesante: calcular cuántos recursos están destinándose en EEUU a infraestructura orientada a la IA. Su conclusión es que ese esfuerzo va camino de marcar un hito histórico, superando la movilización de medios que en su día se dedicaron a otros despliegues tecnológicos, desde los ferrocarriles a las autopistas o la Red. Quizás suene exagerado, pero se entiende mejor con ayuda de un indicador: el peso del gasto sobre el conjunto del PIB anual.
Paul Krugman just shared this in his recent post. https://t.co/Hq9Z3bpyoa
— Thorsten Froehlich (@FroehlichThors1) September 30, 2026
¿Y qué nos dice? Los cálculos de Stijn van Nieuwerburgh, profesor de finanzas de la Columbia Business School, son contundentes. Según su estudio, el gasto en centros de datos y demás infraestructura asociada a la IA alcanzará los 10,3 billones de dólares entre 2025 y 2032, lo que equivaldría al 3,6% del PIB anual. Otras fuentes rebajan la cifra a 2,3 billones para 2030 o 9 billones para 2032, lo que equivale a gastar el 3,2% del PIB estadounidense. No importa. Para poner esos porcentajes en contexto, pulverizan el 2,2% absorbido por el auge del ferrocarril a finales del XIX.
Si analizamos los recursos movilizados para la electrificación durante el primer cuarto del siglo XX, la construcción de autopistas o las telecomunicaciones y fibra entre 1996 y 2003, la brecha es mucho más amplia. Van Nieuwerburgh calcula que ninguno de ellos superó el 1,2% del PIB. Analizar lo ocurrido en el país de las barras y las estrellas es interesante porque algunos analistas estiman que acapara tres cuartas partes de la inversión global en IA, lo que no está nada mal si tenemos en cuenta que PwC cree que para 2050 el gasto acumulado a nivel internacional en centros de datos superará los 30 billones de dólares.
«Tremendamente complicado». El investigador no se limitó a calcular inversiones y ponerlas en relación con el PIB. Durante la presentación de su informe, hace unas semanas, señaló varios factores que deberían analizarse con cautela, más allá de la magnitud de recursos movilizados. El primero es que quizás podamos hacernos una idea de lo que nos estamos gastando ahora, pero es difícil afirmar cómo se comportarán los ingresos en el futuro. El segundo es que esas inversiones en IA llevan aparejados acuerdos de deuda cada vez más complejos. «Es tremendamente complicado», concluye Van Nieuwerburgh en declaraciones recogidas por Quartz.
Hace no mucho Wall Street Journal calculó el gasto combinado de cinco importantes Big Tech y estimó que en cuatro años, hasta 2029, sumaría 4,2 billones de dólares. El problema es que poco a poco aumenta la parte de ese gasto financiado mediante deuda. «Esta opacidad de todos estos vehículos de propósito especial recuerda en cierto modo a lo ocurrido durante la crisis de las hipotecas subprime«, advierte el analista, lo que deja botando una pregunta tan o más interesante que el volumen de inversión movilizado: ¿Qué flujo de ingreso es necesario para rentabilizar el gasto?
Casi un 9% del PIB estadounidense. La respuesta a la pregunta anterior la daba hace unos días WSJ en un detallado artículo firmado por Greg Ip. El texto arranca con una afirmación rotunda, casi surrealista, desafiante: «Para justificar inversiones tan descomunales, los estadounidenses tendrán que gastar en esta tecnología tanto como en alimentos». No es retórica ni un símil provocador, sino el resumen de un análisis cuantitativo que se apoya también en los cálculos de Van Nieuwerburgh. De hecho, Ip tira de una sola cifra para sustentar su tesis: el 9% del PIB estadounidense.
¿Qué significa eso? Que basándonos en el trabajo del profesor de la Columbia Business School, para justificar la astronómica inversión que está movilizando la IA será necesario que las empresas y hogares de EEUU se gasten al año en los servicios de compañías como Anthropic u OpenAI el equivalente al 9% de su PIB, más o menos lo mismo que dedican a alimentos y mucho más de lo que el país destina ahora mismo a energía, computadoras y software, también a la combinación de los servicios de telefonía, streaming e Internet.
¿De dónde sale la cifra? De analizar primero lo que cuesta construir un centro de datos y la cantidad de estas instalaciones que las empresas planean levantar y, ya en una segunda fase, estimar su impacto económico. Tras asumir que parte de los centros previstos acabarán descartándose y valorar el retorno económico y la rentabilidad que buscan las constructoras, Van Nieuwerburgh concluyó que en 2032 la IA debería generar un volumen de ingresos de 3,5 billones de dólares. Es decir, aproximadamente el 8,8% del PIB.
Pendientes de los precios. Hay un matiz importante que se encarga de subrayar el propio WSJ: los cálculos de Van Nieuwerburgh parten de la base de cierta estabilidad en los precios de los servicios de IA, aunque sobre ese elemento de la ecuación (esencial) sobrevuelan algunas incógnitas. ¿Podrán seguir cobrando los mismos precios Anthropic, OpenAI y las demás compañías del sector en 2032, cuando probablemente la industria registre mayor competencia y trabaje con una capacidad superior? No es una pregunta baladí. La caída de precios ya ha afectado antes a inversores del sector, como los que apostaron por la fibra óptica.
Por supuesto, no solo puede aumentar la competencia y la capacidad, tirando de los precios a la baja. La mejora de las condiciones también puede aumentar la demanda, reforzando los ingresos de las compañías. Hay quien ya estima que a finales de esta década OpenAI y Anthropic manejarán un volumen de ingresos anuales combinados de 300.000 millones de dólares, una cifra “conservadora”, en opinión de Ip.
«Mercados nuevos». Un estudio reciente de Bain & Company aporta otra pincelada extra y concluye que para justificar los gastos actuales en IA sería necesario algo más: el surgimiento de «mercados completamente nuevos» que permitan «cerrar la brecha de financiación», como robótica con IA. No es la única incógnita que sobrevuela en el horizonte.
Aunque se da por descontado que la IA impulsará la productividad, lo cierto es que a día de hoy los principales indicadores económicos, incluido el PIB, muestran que ese impulso aún no ha llegado. Y podría tardar aún, igual que ocurrió en otras ocasiones con tecnologías disruptivas.
«Se puede ver la era de la informática en todas partes menos en las estadísticas de productividad», ironizaba el economista Rober Solow al recordar el impacto de las computadoras, que cambiaron la forma de trabajar en las oficinas, pero cuyo impacto tardó en ser mensurable.
Imagen | Pexels
Fuente: Tecnologia






