
Si nos enseñaran una fotografía del Cray-1 sin decirnos qué es, probablemente nos llamaría antes la atención su forma que su función. Aquella estructura curva, rodeada por un banco acolchado, no era un simple capricho de diseño: permitía acortar las conexiones internas y reducir el tiempo que tardaban las señales en recorrerlas. Presentado en 1976, fue el ordenador más rápido de su época y acabó convertido en uno de los grandes símbolos de la supercomputación. Cincuenta años después, su característica silueta vuelve a cobrar protagonismo en una historia que conecta dos épocas de la informática.
El siguiente capítulo de esa historia nos lleva hasta Majadas de Tiétar (Cáceres). Allí, el Museo de Historia de la Computación ha presentado una reproducción del Cray-1 a tamaño real, desarrollada durante más de un año y medio y con una particularidad: sus cálculos no dependen de componentes históricos, sino de 30 Mac mini de Apple. No estamos, por tanto, ante la restauración de una unidad original. El equipo ha recreado su aspecto exterior y le ha dado capacidad de funcionamiento con hardware mucho más reciente, una diferencia importante para entender lo que realmente han conseguido.
Un Cray-1 por fuera, 30 Mac mini por dentro
El proyecto utiliza 28 Mac mini de 2012 y otros dos de 2014. Veinticinco incorporan procesadores Intel Core i5 de dos núcleos, mientras que los cinco restantes utilizan Core i7 de cuatro núcleos. La clave está en que los equipos están conectados en red para distribuir las operaciones entre ellos. Es lo que se conoce como un clúster, un conjunto de ordenadores que colaboran para realizar una misma tarea, aprovechando la capacidad de cálculo de sus respectivos procesadores.
Hay una cifra que ayuda a entender hasta dónde ha llegado esta recreación. El museo atribuye al conjunto unos 1,5 teraflops. Un teraflop equivale a un billón de operaciones de coma flotante por segundo. El Cray-1 de 1976, en cambio, tenía un máximo teórico de unos 160 megaflops. La comparación permite apreciar cuánto ha evolucionado la informática, aunque no establecer una equivalencia exacta, porque hablamos de arquitecturas diferentes y de cifras obtenidas mediante métodos distintos.

La réplica del Cray-1 reproduce la característica estructura del superordenador de 1976 | Imagen: Museo de Historia de la Computación
Los responsables también tuvieron que resolver un problema práctico: cómo mantener refrigerados los ordenadores sin convertir la exposición en una sala ruidosa. Para ello, colocaron los Mac mini en posición vertical, sobre bandejas de aluminio dentro de una estructura de acero, de modo que el aire caliente pueda ascender y salir por la parte superior sin ventiladores adicionales. La instalación se maneja desde un terminal inspirado en los años setenta, que alberga uno de los equipos de Apple. Los visitantes pueden observar cómo cambia el rendimiento cuando trabajan varios procesadores a la vez.

El interior de la réplica permite observar cómo se distribuyen los ordenadores del clúster | Imagen: Museo de Historia de la Computación
El puesto de control permite gestionar mucho más que los 30 Mac mini. Según la documentación oficial del proyecto, estos ordenadores funcionan con macOS Mojave, pero la instalación también incorpora otros sistemas. Desde su consola de tres pantallas se puede controlar una Raspberry Pi que ejecuta emuladores de entornos informáticos clásicos, además de otro clúster formado por placas Raspberry Pi. El conjunto incluye también dos superordenadores Cray CX1 auténticos que funcionan con CentOS, una distribución de Linux.
Lo que han conseguido los responsables del museo también nos invita a mirar la historia de la informática desde otra perspectiva. No se trata únicamente de conservar el aspecto de una máquina que marcó una época, sino de utilizarla para explicar cómo ha evolucionado la tecnología que tenemos a nuestro alcance. La réplica no reproduce el funcionamiento interno del Cray-1 original, pero precisamente esa diferencia forma parte de su interés. Cincuenta años después, el proyecto permite conectar dos generaciones de ordenadores muy distintas y mostrar cómo ha cambiado nuestra manera de abordar los grandes cálculos.
Fuente: Tecnologia






