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Ofrenda de Día de Muertos: ¿Qué puede incluir un católico y qué debería evitar?

Un elemento destacado de la celebración del Día de Muertos en México es el altar u ofrenda de Día de Muertos: un espacio decorado con fotografías de los seres queridos fallecidos, flores de cempasúchil —principalmente de color anaranjado—, velas y diversos objetos, especialmente alimentos que recuerdan a los difuntos.

Además de ser un espacio para la memoria de los fallecidos, la ofrenda puede incorporar elementos culturales y religiosos. Sin embargo, también pueden mezclarse en ella prácticas o creencias supersticiosas incompatibles con la fe católica.

Para aclarar el panorama, dos sacerdotes hablaron con EWTN News Español sobre qué puede incluir un católico en su altar u ofrenda de Día de Muertos y qué objetos o prácticas debería evitar.

Cuatro “dimensiones” de la muerte

El P. Luis Fernando Valdés, doctor en Teología por la Universidad de Navarra y director de Teología de la Universidad Panamericana en México, explicó que “la muerte, al igual que el nacimiento, no es un hecho puramente biológico”, sino que “es un acontecimiento multidimensional”.

Hay una “dimensión biológica y metafísica: Es el cese de la vida terrenal y la separación del cuerpo y el alma”, así como una “dimensión afectiva y familiar: Es la vivencia del duelo, la memoria y el vínculo con quienes amamos”.

Las otras dos dimensiones son la cultural, pues “es el modo en que cada pueblo concibe la transición de esta vida a la otra”, y la “religiosa y trascendente”, pues “en nuestro caso como católicos, es la apertura a lo divino a través de Jesucristo, quien ha vencido a la muerte mediante su resurrección”.

“Dado que la persona humana integra todas estas realidades, es natural y coherente que la manera de recordar y celebrar a los difuntos refleje esa misma riqueza. La devoción y la memoria no se reducen al ámbito exclusivamente litúrgico, ni tampoco al puramente folclórico”, señaló.

“Por ello, en la ofrenda de muertos conviven armónicamente los retratos familiares y los recuerdos (dimensión afectiva), las flores y elementos tradicionales (dimensión cultural) y las oraciones o la cruz (dimensión de fe). Lejos de oponerse, estos elementos se complementan para dar un testimonio integral de fe, memoria y esperanza en la vida eterna”, destacó.

De adorno de temporada a pedagogía de la fe

Para el P. Francisco Manuel Aguilar Ortega, canónigo de la Catedral de Puebla y secretario general del Pontificio Seminario Mayor Palafoxiano, es importante darle a la ofrenda de muertos “un sentido ‘misionero’ en nuestra fe”.

De esa forma, señaló, este altar será “compatible con las verdades enunciadas en el Credo y que hablan de las ‘realidades del mundo futuro’ en la que sobresale la gran esperanza de la vida eterna”.

El P. Aguilar precisó que “toda creencia en una espiritualidad fatalista y reiterativa de la condenación es incompatible con la fe que confiesa nuestra amada Iglesia Católica”.

“El discernimiento de objetos, símbolos o prácticas que son contrarias a la experiencia del optimismo de la Vida Eterna nos ayuda a purificar y transformar lo que no corresponde a prácticas meramente culturales o folclóricas”, añadió.

Así, junto con “los alimentos propios de la temporada, las flores, el papel picado, las velas, el incienso” y “la foto de los familiares difuntos”, el P. Aguilar recomendó colocar un crucifijo, la Sagrada Escritura y “algún signo eucarístico”, como pan ázimo, trigo, uvas o una copa con vino.

También sugirió incluir alguna frase del Nuevo Testamento que exprese la promesa de la vida eterna, “como por ejemplo el capítulo VI del Evangelio según san Juan”, conocido como el discurso del “Pan de Vida”.

De esa forma, en la ofrenda la familia podrá reunirse para rezar el Rosario por los fieles difuntos, y el altar “dejará de ser un adorno de temporada para ser una pedagogía en la fe de nuestra amada Iglesia Católica”.

Altar monumental de Día de Muertos en Huaquechula, Puebla (México), con flores, velas, alimentos, fotografía del difunto e imágenes religiosas, el 1 de noviembre de 2025. | Crédito: David Ramos/EWTN News.
Altar monumental de Día de Muertos en Huaquechula, Puebla (México), con flores, velas, alimentos, fotografía del difunto e imágenes religiosas, el 1 de noviembre de 2025. | Crédito: David Ramos/EWTN News.

La frontera entre la piedad y la superstición

Al momento de armar el altar de muertos, el P. Valdés destacó la importancia de “identificar dónde está la frontera entre el recuerdo piadoso o cultural y la superstición”.

En una “dimensión subjetiva”, sobre “la intención y la actitud de la persona”, el sacerdote señaló que con un “sentido correcto” resulta que “poner en el altar la comida que le gustaba al difunto o su fotografía es un gesto de cariño, memoria y afecto familiar. Encender una veladora es expresar la fe en Cristo, Luz del mundo, y pedir por el descanso eterno de esa alma”.

Sin embargo, alertó que se puede caer “en la superstición cuando se le atribuye al objeto un poder mágico o una función que no tiene. Por ejemplo, pensar que si no se pone cierta comida el difunto vendrá a castigar a la familia, o creer que el alimento ‘aplaca’ o ‘tranquiliza’ a los muertos”.

“Ahí el problema no es el pan o el platillo, sino la ignorancia o la deformación de la fe en la conciencia de la persona”, explicó.

Por otro lado, señaló que “existen elementos que en sí mismos son incompatibles con la fe cristiana”.

“Mientras que las flores, los retratos, la comida (dimensión cultural y afectiva) o los crucifijos y las imágenes de los santos (dimensión religiosa) son buenos y legítimos, hay símbolos cuya esencia misma representa fuerzas oscuras, idolatría o paganismo”, dijo.

Entre ellos, apuntó a los “símbolos de magia negra, esoterismo o imágenes del culto a la ‘Santa Muerte’”, pues “estos objetos son intrínsecamente inaceptables en un altar católico, pues su significado objetivo atenta contra la fe, la esperanza y la confianza en Dios”.

“La frontera se cuida evaluando ambas partes. Que el objeto en sí mismo sea digno y coherente con la cultura y la fe (criterio objetivo), y que la intención del corazón esté guiada por el amor, la oración y la esperanza en la resurrección, y no por el miedo o la magia”, señaló.

Fuente: Religion

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