Desde 2013 hasta 2020, don Pedro Silverio mantuvo un espacio semanal en Diario Libre. Cientos de pequeños ensayos que enriquecieron la sección de Economía del periódico. Los recoge ahora en un tomo editado por el Archivo General de la Nación: “Ensayos de Economía Pública Dominicana. La interacción entre economía, política e instituciones”.
Una columna es una foto fija, constreñida a un momento y situación; esta recopilación da a los análisis de don Pedro la perspectiva del movimiento de la economía y la política de siete años de la vida de República Dominicana.
Se dice que los economistas son muy buenos prediciendo el pasado, a toro pasado suelen tener la fórmula de la solución a todos los problemas. No es el caso. A Pedro Silverio, esta primera vez en la acera política como asesor económico del presidente Abinader, le ha permitido ver otros matices a las teorías.
—¿La política ha cambiado su percepción de la economía?
Me ha permitido mirar todas estas complejidades y cómo en la política, los intereses juegan un rol. Y yo creo que es una experiencia enriquecedora porque uno mira el mundo de manera muy diferente. Y yo creo que el presidente Abinader hace un buen ejercicio para mantener toda esta perspectiva, para conjugar esos intereses y mantener el barco en la dirección correcta.
—Sus escritos no eran “predicciones económicas”. ¿Cuál era su intención?
Si algo había en esos artículos, era un interés pedagógico. Y justamente fue un esfuerzo de poder unir una idea económica, un planteamiento, con una realidad. Pero siempre el protagonista era la República Dominicana vista desde distintos ángulos. Muchas de las cifras pueden haber cambiado. Pero cuando uno los lee, se da cuenta de que los problemas envejecen más lentamente.
—¿Cómo resisten sus análisis el paso del tiempo?
Resisten bastante bien porque los problemas fundamentales del país tienen una tozudez enorme. Y cuando uno mira esos problemas se dice: “Pero fíjate que teníamos esos problemas hace 10 años, 20, 30 años”.
—¿Por qué no somos capaces de resolverlos? ¿Son irresolubles?
Ese es un problema que en parte está respondido en algunos de mis artículos. Lo que perseguimos es que en algún momento el país se desarrolle, pero para alcanzar el desarrollo tienes que resolver los problemas fundamentales que lo obstaculizan.
—Arreglar las causas, no solo las consecuencias.
Exactamente. A veces somos mejores manejando las consecuencias en el corto plazo que dando soluciones de más largo plazo. El tema son las instituciones.
—Explique…
Ese proceso económico que nosotros llamamos crecimiento económico ha sido ejemplar, pero la pregunta es si hemos sido capaces de ir creando las bases institucionales para que este crecimiento pueda convertirse en desarrollo. Y yo creo que ese es el eslabón que falta: una base institucional que permita que el crecimiento se convierta en los mejores servicios de salud, en la mejor educación, que se convierta en un mejor servicio de movilidad en nuestras vías y que se convierta también en mejores servicios, por ejemplo, de electricidad. Más eficientes.
—¿Y a su juicio, falla “la base institucional”?
Sí, las instituciones son las reglas de juego. Digamos, siguiendo a Douglass North: las instituciones son todo ese conjunto de reglas de juego, formales, informales, la ley, la Constitución. Todo eso son las instituciones. Las organizaciones son los actores, los que propician los cambios institucionales, pero a veces los actores están dentro de zonas de confort y eso no les permite plantear reformas institucionales —las reformas de las reglas de juego— que vayan sentando las bases hacia el desarrollo. Hemos tenido —ese también es un planteamiento que hago de Acemoglu y Robinson— el tema de las instituciones extractivas, instituciones no inclusivas, que impiden que nosotros demos ese salto hacia el desarrollo.
—¿Hace falta más voluntad política o hacen falta mejores técnicos?
Ideas hay, se ha trabajado ese tema de las ideas y de la ayuda externa para lograr que el país se desarrolle… Pero yo no creo que sea un tema de ideas. Yo creo que el tema más fundamental aquí son cómo abordamos los problemas con una voluntad política para crear una transformación.
—Entonces ideas sobran, como sobre la reforma educativa. ¿Qué falta por hablar?
Falta esa parte de la gestión de las instituciones, de las organizaciones que propicien esos cambios. ¿Por qué no se dan? En la esfera de la economía política hay decisiones de poder político, decisiones de grupos de intereses y decisiones que, cuando se ponen en juego para mantener un balance de gobernabilidad, muchas veces sacrifican la capacidad de transformar al país. A veces la gobernabilidad actúa incluso como un freno para que el país pueda abordar cambios profundos en sus reglas de juego.
—¿Temor a perder votos?, ¿a tomar medidas no simpáticas? ¿O temor a que no funcionen?
La ecuación política está llena de muchos factores, pero hay un factor que es la capacidad de maximizar los votos en las elecciones, que son los que al final hacen alcanzar o retener el poder. Muchas de las decisiones están permeadas por una visión de qué impacto se va a tener en las urnas electorales. A veces eso hace que decisiones que pudieran tomarse, porque convienen al país… el tema de la ecuación política lo hace todo más difícil.
—En política dos más dos no son siempre cuatro.
Es que cuando tú pones dos más dos en la ecuación política, lo vas a condicionar por una serie de elementos como la percepción, como la aspiración, lo motivacional y todo eso te va a distorsionar el resultado.
Balance
—Ha sido asesor económico del presidente desde el 2020. ¿Cuál ha sido el momento más difícil?
No hay manera de dejar a un lado la pandemia. Porque esa pandemia cambió todas las reglas del mundo. El gobierno surge con unas ideas en el 2020. Habíamos trabajado en un programa, pero se produce una pandemia. A mí particularmente me da un poquito de, qué sé yo… como que… ¿cuántas veces vamos a usar la pandemia como una excusa? Pero es que le damos vuelta y vuelta y todo nos retrotrae a ese evento que condicionó y desató una serie de políticas internacionales y consecuencias en los mercados internacionales que no pudimos obviar. No se pueden obviar todavía.
—¿Todavía perduran?
Como respuesta a la pandemia, los gobiernos alrededor del mundo tomaron decisiones muy, muy, muy fuertes en materia de gasto público, en materia de emisión de dinero, de intervención en economía. Recoger todo eso fue muy difícil. Porque después, cuando se tranquilizó y se superó la pandemia en niveles más o menos aceptables, era muy difícil lidiar con las consecuencias de haber aplicado una serie de endeudamientos enormes para dar subsidios, las emisiones de dinero que crearon inflación, había que decidir qué hacer con los subsidios…
—¿Aquí se emitió dinero?
Sí, claro que sí. Eso también llevó a un proceso inflacionario, las tasas de interés comenzaron a dispararse. Pero luego, en el 2022, viene la guerra de Rusia y Ucrania con todos los problemas del transporte, los fertilizantes, los precios del petróleo. Y ya seguimos avanzando y, cuando creemos que las cosas se van a normalizar, viene una política comercial de Estados Unidos muy agresiva en materia de protección. Afectó a nuestros intereses, a los de países latinoamericanos y en el mundo.
—Pero a todos los gobiernos les toca algún susto…
No hay gobierno que haya tenido que abordar tantos choques externos, yo lo he dicho varias veces: no hay gobierno en la historia económica reciente que haya tenido que abordar tantos choques externos, tan sucesivos.
—Y sin embargo el crecimiento ha sido sostenido.
Claro, claro. Ha habido años que ha bajado, muy por debajo del nivel potencial, pero en promedio el crecimiento sigue bien. Y yo creo que la economía dominicana ha mostrado bastante resiliencia.
—¿Cómo ve el futuro? ¿Estamos bien?
¿Cómo le digo? Las crisis mundiales, lo de los aranceles no se ha solucionado… Estamos caminando con una cierta ventaja todavía, porque el crecimiento económico este año es casi un 5 %… Se destaca realmente en el contexto internacional. Yo pienso que nosotros, si seguimos haciendo las reformas que debemos hacer, el futuro puede ser mejor.
—Ya hemos entrado en ciclo preelectoral…
Claro está, hay muchos desafíos y todo va a depender de las respuestas que se den.
Entramos de cabeza en un ciclo político electoral y también eso condiciona mucho las decisiones que se toman. Decisiones muy fuertes o con mucho alcance… ya probablemente vayan posponiéndose para el 2028.
—¿Le pareció adecuada la reforma fiscal de Magín?
Sí, yo creo que sí. La considero un componente de lo que pudiera ser una reforma fiscal más profunda. Pero sí, me parece que tenía los elementos básicos en la dirección correcta.
«Decisiones muy fuertes o con mucho alcance… probablemente vayan posponiéndose para el 2028» “
—Como contribuyente… me parece que nos cobran demasiado.
Bueno, eso es verdad. Ese es uno de los problemas más serios que tenemos. Yo creo que hacemos el énfasis de aumentar la presión tributaria. A veces lo hemos hecho por el camino equivocado. Todos los niveles de tasa positiva que tiene el país prácticamente están en los topes. La tasa de impuestos sobre la renta, el ITBIS, la tasa de las comunicaciones, combustibles, los pasajes aéreos. Es decir, todos están al tope. Entonces dices, ¿y cuáles son las opciones que se va a tener para una verdadera reforma fiscal que comprenda la parte tributaria y la parte del gasto público? Y yo creo que una de las tareas más importantes es una lucha más frontal con la evasión fiscal.
«Creo que la reforma de Magín tenía los elementos básicos en la dirección correcta» “
—¿Quién evade más? ¿Los ricos o los menos ricos?
La pregunta no es simple. La pregunta tiene un impacto en el carácter redistributivo de lo que hace el Estado. Porque no es lo mismo que un pobre evada que un rico evada. Hay incluso una carga moral diferente. Pero cuando usted tiene una evasión del ITBIS tan alta… más del 40 %, es una barbaridad. Y una evasión del impuesto sobre la renta por encima del 50 % la última vez que revisé el dato. Es decir… hay mucho espacio para recoger, para trabajar.
—La lucha contra la evasión no es sencilla. Los grupos se organizan.
Exacto. Y ponen presión para que determinadas medidas no se tomen. Y entonces ahí viene todo el tema de la economía política, cómo las decisiones se toman: las decisiones económicas se toman en el campo político, pero con una interacción de grupos.
—¿Cuál ha sido hasta ahora el gran éxito del gobierno de Abinader en términos económicos?
Creo que en términos económicos el mayor logro ha sido mantener la estabilidad económica en medio de tantas amenazas. El crecimiento económico, la estabilidad de precios, aunque reconozco que hemos tenido situaciones con los precios fruto también del entorno internacional. Y el gobierno ha sido capaz también de aplicar políticas de subsidio a distintos sectores para evitar que esos precios se disparen aún más.
La inflación es realmente un gran enemigo de los gobiernos. Tenemos crecimiento, tenemos inflación contenida, tenemos la inversión extranjera fluyendo, el turismo fluyendo, las zonas francas… Quiero decir que cuando un gobierno que ha pasado por tantos sobresaltos en términos del contexto internacional ha sido capaz de mantener el turismo tan bien, yo creo que sería uno de los grandes logros.
—¿Es la primera vez que tiene un cargo en Palacio? ¿Es lo que esperaba, le gusta?
Sí, creo que sí. La política tiene su propia lógica, su propia función de decisión. A veces, los economistas que venimos del mundo académico, que no somos militantes políticamente hablando, es un poco complejo. En mi caso, yo asumí un compromiso con el presidente Abinader.
—¿Ha cambiado su percepción de la política?
Me ha permitido mirar todas estas complejidades y cómo la política, los intereses también, juegan un rol. Y yo creo que eso es parte de una experiencia enriquecedora porque uno mira el mundo de manera muy diferente.
—Usted ha hablado de que sus artículos siempre tuvieron ese interés didáctico. ¿Lo consiguió?
Bueno, escribir una columna semanal es un acto que envuelve casi dos cosas. Disciplina por un lado y la capacidad de ser torturado por otro. Y ese esfuerzo uno lo hace tratando de que al final quede un ensayo, un artículo que pueda ser útil al lector. No necesariamente que el lector esté de acuerdo. Creo que más o menos se logró.
—¿Ha cambiado de escuela económica?
Qué pregunta tan compleja… Yo creo que cuando yo escribí esos artículos tenía una visión más marcada, muy marcada hacia el mercado. Ahora sigo enfatizando en lo del mercado, pero también entiendo algunos de esos planteamientos que yo llamo “credenciales de conducción de la economía”. Una vez que en la economía se establece una dinámica de ese tipo, ya es casi imposible cambiar. Por eso es que las ideas de Keynes han sido tan dominantes, porque el atractivo político que tienen esas ideas es enorme. Mi pensamiento sigue siendo de mercado, pero con una pequeña evolución de tolerancia hacia la acción del gobierno para resolver algunos temas. Es decir, hay fallas que pueden ser corregidas con la acción inteligente del gobierno a través de las regulaciones.
—¿Y solo se vuelve atrás con el método Milei?
Bueno, ese es un proceso muy traumático. Es muy difícil. En uno de mis artículos, yo cito al padre de la economía de mercado, Adam Smith, el padre de la economía como ciencia, como se conoce hoy. La gente tiende a pensar que Adam Smith era un tipo que propugnaba por el capitalismo salvaje. Y no es así. Adam Smith consideraba que los mercados eran compatibles con regulaciones inteligentes, porque si no, grupos de interés podían manipular el mercado. Digamos que esa visión del siglo XVIII es tan fresquecita en este siglo XXI, que es un buen reflejo de cómo el mercado, que es fundamental, puede ser acompañado de buenas regulaciones. Lo que pasa es que a veces las regulaciones son pésimas y dañan el mercado.
—¿Usted cree que recibir tanto dinero en remesas es un logro?
Ese es el problema de Google. Que yo no te puedo responder esa pregunta sin que me saquen en cara artículos que ya he escrito sobre. Aquí hay un tema: las remesas resuelven un problema para tantas personas, tanto necesitadas en el país. Las remesas también se constituyen una especie de impuesto a las exportaciones.
«Las remesas resuelven una gran necesidad pero impactan en la tasa de cambio» “
Imagínate que entran 11, 000 millones de dólares cada año a la economía. Si esas remesas no entraran, ¿en cuánto estaría la tasa de cambio? Es decir, las remesas se defienden por alguna razón, dejan de crecer y tenemos un problema cambiario. Entonces, las remesas, que son un maná que cae, un regalo, también tienen un impacto económico para los sectores exportadores, porque la tasa de cambio tiende a reducirla.
Pero hay otro trasfondo en el tema de las remesas. Y es que el modelo económico que produce las emigraciones hacia otro país, esa gente que no encuentra oportunidad en el país, luego se convierte en los salvadores del modelo que no les dio la oportunidad.
Las remesas tienen un punto de vista muy interesante y tienen sus consecuencias. Por un lado, resuelven una gran necesidad y crean una demanda en la economía, un consumo grande de inversiones. Y por otro lado también tienen este impacto en la tasa de cambio y en los sectores exportadores.
—¿Qué es lo que más le ha gustado de esta posición?
Creo que poder participar en la toma de decisiones de política económica, de políticas sectoriales. Yo creo que eso es importante para un economista, tener esa oportunidad.
Sí, y poder hablar con el presidente y darle mi parecer, decirle mi opinión. Yo creo que eso es realmente un gran privilegio que yo agradezco.
—¿Volvería a la academia? ¿Le interesa?
La he echado de menos. Es posible que vuelva de alguna manera porque yo creo que ahí es donde mejor se impacta el futuro de un país. Mi experiencia en ese sentido es que siempre que tú vayas al aula como profesor y haya dos o tres estudiantes que hagan válido el esfuerzo… ahí está ya cubierto.
Fuente: Actualidad






