InicioActualidadSarampión amenaza seis décadas de avances sanitarios en Estados Unidos

Sarampión amenaza seis décadas de avances sanitarios en Estados Unidos

Estados Unidos necesitó casi cuatro décadas de vacunación sistemática para controlar el sarampión, una enfermedad que antes de 1963 infectaba anualmente a entre tres y cuatro millones de personas y causaba hasta 500 muertes. Aquel esfuerzo permitió declarar eliminada su transmisión endémica en el año 2000. Sin embargo, el descenso de la inmunización infantil amenaza con revertir ese logro y devolver al país a una época de epidemias que parecían superadas.

La advertencia había sido formulada por investigadores de la Universidad de Maryland, quienes publicaron en septiembre de 2026 un estudio sobre el riesgo de brotes de dimensiones históricas si continuaba disminuyendo la vacunación y se eliminaban los requisitos escolares de inmunización. Poco más de un mes después, las autoridades de Nueva York confirmaron la muerte de un niño por sarampión, la primera en ese estado en 30 años, mientras Estados Unidos acumulaba 4,852 casos durante 2026, según el recuento de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) hasta el 29 de octubre.

El problema no radica en una pérdida demostrada de eficacia de las vacunas, sino en la disminución de la proporción de personas protegidas. El avance del movimiento antivacunas, la desinformación sobre la seguridad de la inmunización y las propuestas para flexibilizar los requisitos escolares forman parte de un escenario que preocupa a los especialistas en salud pública.

De la vacuna a la eliminación

Durante buena parte del siglo XX, el sarampión fue una de las enfermedades infecciosas más comunes entre los niños estadounidenses. Antes de la vacunación, los CDC estiman que cada año unas 48,000 personas eran hospitalizadas, alrededor de 1,000 desarrollaban encefalitis —inflamación del cerebro— y entre 400 y 500 fallecían por complicaciones.

La transformación comenzó en 1963, cuando Estados Unidos autorizó la primera vacuna contra el sarampión, desarrollada a partir de investigaciones encabezadas por el científico John Enders.

En 1968 comenzó a utilizarse una versión mejorada, desarrollada por Maurice Hilleman y sus colaboradores. Tres años después, en 1971, se autorizó la vacuna triple viral, conocida como MMR por sus siglas en inglés, que protege contra el sarampión, las paperas y la rubéola.

  • En 1989, las autoridades sanitarias recomendaron administrar dos dosis para reforzar la protección infantil. El esquema permitió reducir drásticamente las infecciones, las hospitalizaciones y las muertes.

El resultado fue uno de los mayores logros de la salud pública estadounidense: en 2000 se declaró eliminado el sarampión, una condición que significa que el virus dejó de circular de manera continua durante al menos 12 meses.

La eliminación no equivalía a su erradicación mundial. Los casos importados podían seguir apareciendo, pero las elevadas tasas de vacunación impedían que desencadenaran grandes cadenas de transmisión.

La advertencia científica

Un estudio de investigadores de la Universidad de Maryland, publicado en septiembre de 2026 en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), examinó las consecuencias que podría tener una mayor reducción de la vacunación infantil.

La investigación utilizó un modelo matemático para analizar los posibles efectos de eliminar los requisitos escolares de vacunación en Florida, uno de los estados donde se ha debatido la flexibilización de estas obligaciones.

Los científicos incorporaron información demográfica, datos sobre inmunización y antecedentes epidemiológicos, incluidos los del brote de sarampión registrado en 2025 en el condado de Gaines, Texas.

Los resultados mostraron que una reducción adicional de la cobertura podría favorecer brotes de gran magnitud, incrementar las complicaciones graves y facilitar el restablecimiento de la transmisión sostenida del virus.

El estudio no pronosticó que una epidemia de esas dimensiones ocurriría inevitablemente. Sus conclusiones corresponden a escenarios matemáticos construidos a partir de determinadas condiciones de vacunación y propagación.

Abba Gumel, profesor de matemáticas de la Universidad de Maryland y coautor de la investigación, destacó la extraordinaria capacidad de contagio del sarampión.

Los investigadores también encontraron que vacunar a los niños puede ser considerablemente más eficaz para reducir la transmisión que concentrar los esfuerzos únicamente en adultos, debido a la frecuencia de los contactos infantiles en escuelas y otros espacios colectivos.

La investigación concluyó que medidas como el aislamiento de los enfermos y la vacunación de adultos no compensarían por sí solas una disminución importante de la inmunización infantil.

La advertencia adquirió especial relevancia ante el aumento de casos registrado durante 2026.

Menos niños protegidos

Los datos de los CDC muestran que la cobertura de la vacuna triple viral entre estudiantes de kindergarten descendió del 95.2 % en el curso escolar 2019-2020 al 92.4 % en 2025-2026.

Aunque representa una reducción de 2.8 puntos porcentuales, la diferencia es epidemiológicamente importante. El sarampión es tan contagioso que se necesita una cobertura cercana al 95 % para impedir brotes sostenidos en la población.

Durante el último curso escolar, aproximadamente 280,000 niños estadounidenses no tenían documentación de haber completado la vacunación triple viral.

Paralelamente, las exenciones de los requisitos escolares de inmunización aumentaron del 3.6 % al 4.2 %, el porcentaje más elevado registrado en la serie de seguimiento de los CDC.

La reducción de la cobertura no responde a una causa única. Los especialistas identifican dificultades de acceso a los servicios sanitarios, retrasos en los calendarios de vacunación y decisiones familiares de rechazar las inmunizaciones.

La concentración de personas no vacunadas en determinadas comunidades aumenta especialmente el riesgo de brotes, incluso cuando la cobertura nacional continúa siendo relativamente elevada.

El avance del movimiento antivacunas

La resistencia a la vacunación no es un fenómeno reciente en Estados Unidos, pero ha ganado visibilidad con la expansión de las plataformas digitales y las controversias sanitarias surgidas durante la pandemia de covid-19.

Uno de los argumentos más difundidos por los grupos antivacunas es la supuesta relación entre la vacuna triple viral y el autismo, una afirmación que numerosos estudios epidemiológicos han descartado.

Una investigación publicada en 2026 en la revista científica Vaccine, con participación de investigadores de la Universidad Johns Hopkins, examinó las actitudes de 2,970 adultos estadounidenses encuestados en agosto de 2025.

El estudio encontró que el 17 % consideraba que los riesgos de la vacuna triple viral superaban sus beneficios. También identificó una asociación entre el consumo de determinados medios digitales y una mayor reticencia a vacunarse.

Los investigadores aclararon que esa relación estadística no demuestra que los medios causen directamente el rechazo, pero permite comprender la influencia del entorno informativo sobre las decisiones sanitarias.

En Florida, el estudio de la Universidad de Maryland recogió datos que reflejaban una desconfianza considerable: el 16 % de los padres consultados cuestionaba la seguridad de la vacuna triple viral y el 18 % rechazaba que fuera obligatoria para ingresar a la escuela.

La investigadora Alice Oveson, primera autora del trabajo, advirtió sobre las consecuencias de eliminar los requisitos escolares. Según el estudio, la medida podría transmitir a las familias la impresión equivocada de que la vacunación infantil resulta innecesaria. 

Una enfermedad potencialmente mortal

El sarampión se transmite por el aire cuando una persona infectada respira, tose o estornuda. El virus puede permanecer en un espacio cerrado hasta dos horas después de que el enfermo lo abandone.

Los síntomas iniciales incluyen fiebre elevada, tos, secreción nasal y enrojecimiento de los ojos. Posteriormente aparece una erupción cutánea que suele comenzar en el rostro y extenderse al resto del cuerpo.

Aunque muchos pacientes se recuperan, la infección puede provocar neumonía, deshidratación y encefalitis, complicaciones que pueden ocasionar daños permanentes o la muerte.

Los CDC estiman que aproximadamente uno de cada 1,000 niños infectados desarrolla encefalitis y entre uno y tres de cada 1,000 pueden fallecer.

La vacunación rutinaria contra el sarampión comienza entre los 12 y 15 meses de edad, con una segunda dosis entre los cuatro y seis años. El esquema completo proporciona aproximadamente un 97 % de protección.

En circunstancias especiales, como viajes internacionales o brotes, los médicos pueden recomendar una dosis temprana entre los seis y 11 meses, que no sustituye las dos dosis posteriores al primer cumpleaños.

El desafío de recuperar la protección

La muerte del niño en Nueva York ha reabierto el debate sobre la responsabilidad de las autoridades frente a las enfermedades prevenibles mediante vacunas.

La gobernadora Kathy Hochul cuestionó las políticas sanitarias del Gobierno de Donald Trump, al considerar que Washington está debilitando décadas de avances en prevención.

La controversia también involucra al secretario federal de Salud, Robert F. Kennedy Jr., quien antes de asumir el cargo promovió afirmaciones críticas sobre las vacunas que fueron cuestionadas por la comunidad científica.

No obstante, la reducción de la inmunización infantil comenzó antes de la actual administración, por lo que el resurgimiento del sarampión no puede atribuirse exclusivamente a un gobierno.

Tampoco se ha divulgado el estado de vacunación del niño fallecido en el condado de Lewis. En consecuencia, no es posible establecer si su caso estuvo relacionado con una decisión familiar de rechazar la vacuna.

Los especialistas coinciden en que recuperar una cobertura elevada es fundamental para contener los brotes. El riesgo no se limita a los menores cuyos padres rechazan la inmunización: también alcanza a bebés demasiado pequeños para recibir las dosis rutinarias y a personas que no pueden vacunarse por determinadas condiciones médicas.

La experiencia estadounidense demuestra que el sarampión puede controlarse con programas sostenidos de inmunización. El aumento de los contagios y las advertencias científicas sobre posibles epidemias muestran, sin embargo, que mantener ese logro requiere proteger a cada nueva generación.

Fuente: Actualidad

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