
Mons. José Gómez en Misa en Basílica de Guadalupe, en Ciudad de México, el 7 de julio de 2018. Crédito: María Langarica/ACI Prensa.
Mons. José Gómez, Arzobispo de Los Ángeles, California (Estados Unidos), recordó el legado de los mexicanos que cruzaron la frontera en busca de refugio ante la persecución religiosa que sufrían los católicos en México a inicios del siglo XX.
En un artículo titulado Haciendo memoria de la persecución en México, un siglo después, publicado en Angelus News, Mons. Gómez, originario de Monterrey, Nuevo León (México), apuntó al centenario —que se conmemora este 2026— de la entrada en vigor de la llamada “Ley Calles”, una “ley anticatólica” impuesta por el entonces presidente Plutarco Elías Calles, y que “prohibió gran parte de las labores y ministerios de la Iglesia, buscando someter a los sacerdotes al control estatal y prohibiendo, rigurosamente, el culto público”.
“Se confiscaron iglesias, seminarios, conventos y otras propiedades de la Iglesia, y muchos fueron cerrados, profanados o destruidos”, recordó el prelado.
La Ley Calles entró en vigor el 31 de julio de 1926. Los obispos, en respuesta, suspendieron el culto público en todas las iglesias católicas de México. El historiador Jean Meyer aseguró en su obra La Cristiada que la suspensión del culto es el hecho “que puede marcar el comienzo de la guerra ‘cristera’, ‘la Cristiada’”.
Mons. Gómez recordó que, durante la persecución que sufrieron los católicos, “los sacerdotes fueron ejecutados por pelotones de fusilamiento; algunos fueron acribillados al celebrar la Misa, las religiosas fueron expulsadas del país y los católicos comunes, —inclusive los adolescentes— fueron encarcelados, torturados y asesinados”.
“Aquel régimen llegó a colgar a muchas de sus víctimas en los postes de telégrafo que se encontraban a lo largo de las carreteras”, señaló, y añadió: “En el auge de aquel derramamiento de sangre, Calles se llegó a jactar de que borraría el recuerdo del catolicismo de la conciencia mexicana en el plazo de una generación, pero se equivocó”.
“Yo crecí en Monterrey, en la generación posterior a aquellas persecuciones”, añadió el prelado. “Nosotros conocíamos los nombres de los mártires y sus historias. Sabíamos que ellos perdonaron a sus perseguidores y que murieron con las palabras: ‘¡Viva Cristo Rey y Nuestra Señora de Guadalupe!’ en los labios”.
Una reliquia de la tilma de Guadalupe en Los Ángeles
El Arzobispo de Los Ángeles resaltó que en la ciudad “tenemos la bendición de contar con lo que creemos que es la única reliquia de la sagrada tilma en la que se encuentra la imagen milagrosa de Nuestra Señora de Guadalupe, en una capilla de la Catedral de Nuestra Señora de los Ángeles”.
“Esa reliquia fue un regalo que el arzobispo de la Ciudad de México, el Siervo de Dios Luis María Martínez le dio a mi predecesor, el arzobispo John J. Cantwell”, dijo.
Mons. Gómez resaltó que Mons. Cantwell “fue un héroe discreto que, junto con los Caballeros de Colón y varias personas más, trabajó para acoger a miles de mexicanos que huían, en pánico, y a quienes ellos ofrecieron refugio y ayuda para establecer su nuevo hogar en Los Ángeles”.
“Mons. Luis María Martínez, le entregó al arzobispo Cantwell este valioso fragmento de la tilma en 1941, en agradecimiento por su valentía y su hospitalidad”, aseguró.

Una Iglesia “modelada” por los refugiados
El arzobispo dijo además que “especialmente aquí en Los Ángeles, nosotros hemos de tener presentes estas persecuciones”, y afirmó que “nuestra Iglesia local ha sido modelada por aquellos refugiados acogidos por Cantwell, que llegaron a convertirse en pilares de nuestras parroquias y comunidades”.
“Nuestra procesión anual de diciembre en honor a Nuestra Señora de Guadalupe —que es la festividad religiosa más antigua de la ciudad— fue organizada a partir de 1931 por las familias mexicanas que huyeron de las persecuciones”, indicó.
En ese marco, dijo que “no debemos, pues, olvidar nunca de dónde vinieron ellos. No hemos de olvidar que, hace no tanto tiempo y no muy lejos de este lugar, decenas de miles de nuestros hermanos y hermanas fueron asesinados por vivir su fe y por defenderla”.
Tras recordar los testimonios de fe de los beatos Miguel Pro y Salvador Huerta, la Sierva de Dios María de la Luz Camacho y San José Sánchez del Río, Mons. Gómez recordó el mensaje de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) publicado el 31 de julio, al cumplirse 100 años de la entrada en vigor de la Ley Calles y de la suspensión del culto público en México.
“La memoria cristiana no es nostalgia del pasado: es fortaleza para el presente”, aseguraron los obispos mexicanos.
En ese marco, Mons. Gómez alertó que “la persecución de los cristianos no es cosa del pasado. El Vaticano afirma que más de una docena de cristianos son asesinados cada día, tan solo porque viven su fe en Jesús, y que más de 400 millones de cristianos de todo el mundo se enfrentan a la violencia y a la persecución”.
“Y nunca podemos dar por hecho nuestra libertad religiosa”, añadió.
“Pidámosle a Nuestra Señora de Guadalupe que ella les proporcione a los mártires de hoy el don de la fortaleza, y que a todos nos conceda la valentía de dar testimonio de nuestra fe en su Hijo”, concluyó.
Fuente: www.aciprensa.com






