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Dejé de mirar el móvil 24 horas y solo conseguí aburrirme y pasar hambre: la cura contra la hiperconexión es ir «lento»

Dejé de mirar el móvil 24 horas y solo conseguí aburrirme y pasar hambre: la cura contra la hiperconexión es ir "lento"

Llevas dos horas, o tal vez tres, en una postura imposible mirando el móvil en medio de una especie de trance. Una notificación te hizo desbloquear la pantalla y, tras saltar de una aplicación a otra, caíste en el agujero negro del scroll infinito. Difícilmente podrías decir qué has visto. ¿Qué mecanismo perverso ha secuestrado tu atención? 

La tecnología ha «hackeado» nuestra psicología basándose en los experimentos con ratas de laboratorio que el psicólogo B.F. Skinner realizó en los años 40. Al igual que los roedores se obsesionaban con una palanca que a veces les daba comida y a veces no, nosotros somos víctimas del refuerzo intermitente. Deslizamos el dedo por la pantalla buscando una recompensa impredecible (un like, un vídeo gracioso o una noticia indignante), lo que genera un pico altamente adictivo.

No es casualidad que la Dra. Anna Lembke, experta en adicciones, describa a los smartphones como «agujas hipodérmicas de hoy en día«. El problema de vivir en este tiovivo digital lo expone con claridad la psiquiatra Evita Singh: los estallidos cortos y frecuentes de dopamina terminan por sobreestimularnos. Con el paso de los meses, las vías cerebrales pierden sensibilidad y lo que antes nos daba gratificación, deja de hacerlo, abriendo la puerta a la depresión, la ansiedad y la falta de concentración.

El gran mito del ayuno de dopamina

Para solucionar este cortocircuito, Silicon Valley popularizó el concepto del «ayuno de dopamina», creado por el psiquiatra Cameron Sepah. Sin embargo, este término ha generado una enorme confusión.

El Dr. Peter Grinspoon advierte en una publicación para Harvard que el nombre no debe tomarse de forma literal. Biológicamente hablando, es imposible «ayunar» de una sustancia química natural del cerebro. De hecho, la Dra. Singh aclara que el objetivo de reducir el tiempo de pantalla no es vaciar el cuerpo de dopamina, sino resetear la sensibilidad de nuestras células nerviosas para que vuelvan a reaccionar ante estímulos normales.

Frente al frenesí del scroll, hay una tendencia que ha aparecido con fuerza: la dopamina lenta (slow dopamine). Se trata de un enfoque que aboga por placeres estirados en el tiempo, casi meditativos, donde la intensidad deja paso al matiz. En la práctica, es reeducar al cerebro en la gratificación aplazada: aceptar que la recompensa requiere de paciencia y esfuerzo previo, como ocurre al preparar una comida desde cero, leer un libro durante horas o cuidar de un jardín. Esto contrasta frontalmente con la dopamina rápida, que ofrece un pico instantáneo seguido de una caída brusca (el scroll, el azúcar, las compras online).

La ciencia de la velocidad

La diferencia entre algo adictivo y algo constructivo a menudo reside, pura y simplemente, en la velocidad. Un estudio publicado en la revista científica Neuropsychopharmacology demostró que los efectos gratificantes de los estimulantes en el cerebro dependen de manera crucial de la rapidez con la que elevan la dopamina.

A través de escáneres cerebrales, los investigadores observaron que los aumentos rápidos de dopamina activan redes neuronales vinculadas específicamente con la experiencia subjetiva del «subidón» o recompensa intensa. Por el contrario, los aumentos lentos generan patrones de conectividad global en el cerebro radicalmente distintos y opuestos.

Además, es vital entender que hemos trivializado a esta molécula. La dopamina no es solo la «hormona del placer», sino que se trata de un neurotransmisor fundamental que actúa en nuestro movimiento, memoria, atención y sueño. Su desequilibrio no solo genera adicciones, sino que está vinculado a enfermedades como el Parkinson, la esquizofrenia o el TDAH. Romper este circuito no se soluciona en un fin de semana, restaurar estas vías cerebrales y formar nuevos hábitos puede llevar hasta 90 días.

De la adicción al aislamiento

Malinterpretar la neurociencia puede ser peligroso. La periodista Kirsty Grant, de la BBC, se sometió a un ayuno de dopamina radical de 24 horas: nada de pantallas, ni música, ni interacción, y apenas agua. Su conclusión fue reveladora: en lugar de alcanzar la iluminación y la concentración, experimentó un nivel de aburrimiento abrumador, hambre intensa y sintió que estaba castigando a su cuerpo.

El Dr. Grinspoon en Harvard critica precisamente estas derivas extremas, donde la gente se priva de hablar o interactuar socialmente basándose en mala ciencia. La literatura médica respalda esta preocupación: una investigación publicada en la revista Cureus concluye que los ayunos de dopamina intensos, que incluyen aislamiento extremo o dietas estrictas, pueden dañar tanto la salud física como la mental. Este tipo de prácticas radicales provocan sentimientos de soledad, ansiedad y desnutrición.

En su lugar, los estudios proponen explorar un enfoque integral que incluya actividades de mindfulness. Prácticas como la meditación o el yoga ofrecen efectos reales y positivos en la regulación de la dopamina, permitiéndonos desconectar de las distracciones digitales de forma sana.

El antídoto contra el doomscrolling y el desgaste mental no pasa por encerrarnos en una cueva sin estímulos. La ciencia y la psicología apuntan hacia una reeducación suave. Es volver a enseñar a nuestra mente que el esfuerzo sostenido también es una recompensa.

La «dopamina lenta» nos invita a recuperar el control de nuestro tiempo y nuestra atención, transformando el placer en algo más profundo y menos volátil. Se trata, en definitiva, de lograr que la tecnología vuelva a ser una herramienta útil a nuestro servicio, y deje de ser una máquina tragaperras instalada permanentemente en nuestro bolsillo.

Imagen | Photo by Borna Hržina on Unsplash

Xataka | La ciencia del «doomscrolling»: cómo la tecnología hackeó a la psicología para que no podamos soltar el móvil


La noticia

Dejé de mirar el móvil 24 horas y solo conseguí aburrirme y pasar hambre: la cura contra la hiperconexión es ir «lento»

fue publicada originalmente en

Xataka

por

Alba Otero

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Fuente: www.xataka.com

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