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Los investigadores apuntan que los primeros 1.000 días en la vida de una persona son claves para nuestra vida y la memoria

Los investigadores apuntan que los primeros 1.000 días en la vida de una persona son claves para nuestra vida y la memoria

Algo bastante sonado entre la sociedad en general es que los niños más pequeños son auténticas esponjas que absorben todo lo que hay a su alrededor, siendo esto fundamental para su personalidad de adulto. Aquí hay algunos expertos que apuntan concretamente a que los primeros 1.000 días de vida lo son prácticamente todo, ya que se abre una ventana temporal que puede determinar en gran medida la inteligencia, la salud y las habilidades sociales del futuro. Pero… ¿es así?

Hay preguntas. La evidencia científica pide pisar el freno, ya que, aunque no se niega la importancia abrumadora de estos primeros compases de la vida, los investigadores están empezando a advertir contra el determinismo absoluto. Y todo esto porque, aunque los primeros 1.000 días son una ventana crítica, los siguientes 1.000 días son igual de cruciales. 

Los primeros días. Lo que ocurre hasta los dos años en el cerebro, la verdad es que es fascinante, porque aquí algunas investigaciones apuntan específicamente a que la alimentación temprana influye en el desarrollo físico y en la salud metabólica a largo plazo. Pero además, el vínculo de apego con una figura adulta traza las trayectorias físicas, neurales, cognitivas y socioemocionales, haciendo que, si no existe este apego, puedan generarse bastantes problemas. 

Pero además, escuchar a los cuidadores, como por ejemplo los padres, hablar, cantar e interactuar, sienta las bases de las redes neuronales vinculadas al lenguaje y las habilidades comunicativas que se tendrán en un futuro. 

El efecto en la memoria. A menudo pensamos que la memoria es la capacidad de adulto de recordar conocimientos que hemos ‘metido’ en nuestro ‘cajón’ cerebral, pero en la infancia la memoria es un mecanismo neuronal básico de aprendizaje y construcción de identidad. En estos casos, los bebés graban información sensorial y emocional constante, como olores, voces, respuestas afectivas y el contexto de acogida. 

Y justamente los expertos apuntan que si en esta etapa el niño es correctamente estimulado y coge bien los recuerdos, el cerebro «entrena» sus circuitos sinápticos, facilitando que en el futuro el aprendizaje de nuevas habilidades sea mucho más sencillo. Es literalmente como si se estuviera generando una base (de la que no nos vamos a acordar) para generar las nuevas habilidades en el futuro al generar unas redes neuronales muy fuertes para la futura memoria.

No hay que ser absolutistas. Decir que solo esos 1.000 días determinan el desarrollo cognitivo y social es un error, ya que la bibliografía nos apunta a que no estamos ante una «ventana cerrada», puesto que la plasticidad cerebral humana es asombrosa y no tiene un interruptor que se apaga automáticamente cuando se cumplen dos años. 

A partir de aquí, lo que rodea a los más pequeños de la casa, la educación que reciben y también las interacciones sociales continúan teniendo un impacto profundo más allá de los 24 meses. Es por ello que simplificar el concepto hasta el extremo puede llevar a un determinismo biológico que desvía la atención de otras etapas igualmente importantes de la infancia.  

Todo lo que ocurre. Aquí es donde entra la evidencia más reciente para que haya que poner el foco en lo que pueden ser los «siguientes 1.000 días» que es el periodo que va desde los 2 hasta los 5 años. Esta etapa preescolar no es un periodo de mantenimiento, sino que es una nueva ventana de oportunidad dorada, ya que durante estos años las habilidades motoras complejas se disparan al comenzar a andar, por ejemplo. 

Pero más allá de esto, también el lenguaje pasa de palabras aisladas a una gramática compleja y a la capacidad de narrar y razonar. E incluso las habilidades socioemocionales como la empatía o el control de impulsos también experimentan un crecimiento vertiginoso. Es por ello que promover un entorno de cuidados seguros y hábitos saludables en este periodo es capaz de alterar y mejorar significativamente el desarrollo, compensando los déficits que se han podido tener en los primeros años de vida. 

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La noticia

Los investigadores apuntan que los primeros 1.000 días en la vida de una persona son claves para nuestra vida y la memoria

fue publicada originalmente en

Xataka

por

José A. Lizana

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Fuente: www.xataka.com

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