Damos por sentado que al abrir el grifo sale agua. Es un gesto casi automático, cotidiano, en el que rara vez nos detenemos a pensar. Sin embargo, lograr que este recurso brote limpio y seguro en Benidorm, una ciudad que llega a triplicar su población en plena temporada alta estival, requiere de un auténtico milagro de la ingeniería y la gestión.
En la Marina Baixa, una de las comarcas de la Comunidad Valenciana con mayor estrés hídrico, abastecer a millones de visitantes anuales es un rompecabezas colosal. Tal como recogen los medios locales, la filosofía de quienes operan este engranaje la resume a la perfección Ciriaco Clemente, gerente de Veolia en Benidorm: «En un territorio donde la presión sobre los recursos hídricos es estructural y permanente, garantizar que el agua llega al grifo en perfectas condiciones sanitarias y que, una vez usada, regresa al entorno sin dañarlo no es una opción, es una obligación».
El desafío de la cantidad y la calidad. El reto hídrico no es exclusivo del litoral alicantino, es un problema de alcance nacional. Según los datos oficiales del Ministerio de Sanidad (SINAC), la calidad del agua en España está cada vez más amenazada. La filtración de nitratos procedentes de la actividad agropecuaria industrial está saturando la capacidad de autolimpieza de muchos acuíferos, poniendo en jaque a las potabilizadoras locales de cientos de municipios, especialmente en la España interior.
Mientras buena parte de esa España interior lidia con la contaminación por nitratos, Benidorm se enfrenta a su propia tormenta perfecta: una demanda estacional extrema y la amenaza de la escasez. La ciudad no solo necesita asegurar que haya agua suficiente para todos, sino que su calidad sea intachable bajo cualquier circunstancia, independientemente de si proviene del embalse de Guadalest, del Amadorio o del Canal Bajo del Algar. Para sortear esta crisis, la capital turística se ha blindado en torno a dos infraestructuras esenciales gestionadas por Veolia: la Estación de Tratamiento de Agua Potable (ETAP) y la Estación Depuradora de Aguas Residuales (EDAR).
Más allá de la sed. La calidad del agua es sinónimo de salud pública y de supervivencia económica. De hecho, consumir agua con niveles de nitratos cercanos o superiores al límite legal europeo de 50 mg/L conlleva riesgos serios, y estudios médicos recientes sugieren que incluso umbrales mucho más bajos podrían estar vinculados a problemas oncológicos. Tratar el agua al milímetro es, por tanto, una cuestión de vida o muerte.
En el plano económico, como subraya el diario Información, para la enorme planta hotelera de Benidorm, abrir el grifo y que fluya agua con garantías sanitarias totales «no es un detalle secundario: es un requisito básico para operar y para mantener la confianza de los visitantes». Además, el sistema debe ser capaz de resistir los embates del clima. Según Alicante Plaza, la ETAP se enfrenta a escenarios extremos tras episodios de lluvias torrenciales, cuando el agua captada llega con una enorme turbidez debido al arrastre de sedimentos. Ante esto, la planta ajusta sus tratamientos en tiempo real. «Nuestra responsabilidad no termina con que haya agua; termina cuando esa agua llega al grifo en perfectas condiciones», sentencia en estos medios Noelia Llinares, jefa de planta de la ETAP.
Dejando atrás la gestión tradicional. Como detallan desde Veolia, la respuesta está en la tecnología. Se ha desplegado en Benidorm un ecosistema digital que incluye sensores en toda la red, algoritmos de detección de fugas y sistemas de telecontrol. Esto ha permitido el hito de reducir las pérdidas de agua en la red a niveles mínimos del 5%. Para soportar esta carga, la propia ETAP ya recibió una potente inyección de más de 9 millones de euros en su última gran ampliación de 2010.
Pero el ciclo no termina en el sumidero. La EDAR trabaja bajo una estricta filosofía de economía circular: el agua usada no es un residuo, es un recurso. Hoy en día, el 35% del agua que llega a la depuradora ya se reutiliza, destinándose sobre todo al riego agrícola. Y hay un factor extra que añade complejidad: las depuradoras son devoradoras de electricidad. Para contrarrestarlo, María José Martínez, jefa de la EDAR, detalla que la instalación aprovecha subproductos como el biogás o los fangos para generar su propia energía. «El objetivo es claro: que la planta sea cada vez más autosuficiente y que su huella ambiental sea la menor posible», afirma Martínez.
El próximo reto: exprimir la regeneración. Detrás de todo esto hay un ambicioso proyecto en marcha: el Plan Director de Agua Regenerada. El objetivo a corto plazo es aprovechar hasta 2 hectómetros cúbicos adicionales de agua regenerada para usos puramente urbanos, aliviando la asfixia de las fuentes convencionales y reforzando la red contra la sequía.
Benidorm ha demostrado empíricamente que las altas cifras de turismo masivo y la sostenibilidad hídrica no son conceptos antagónicos, sino aliados necesarios. En un contexto marcado por el cambio climático, la experiencia de la ciudad alicantina arroja una lección periodística y vital ineludible: la gestión inteligente del agua ya no es una simple ventaja competitiva o un eslogan verde. Es, pura y llanamente, una cuestión de supervivencia. Cada gota cuenta, desde que se embalsa hasta que, gracias a la ingeniería, se regenera para volver a empezar.
Imagen | Diego Delso
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La noticia
Benidorm triplica su población en verano y no se queda sin agua. El secreto es un milagro de la ingeniería invisible
fue publicada originalmente en
Xataka
por
Alba Otero
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Fuente: www.xataka.com







