La Organización de Estados Americanos (OEA) vive momentos turbulentos a una semana de su 56ª asamblea general en Panamá, con presiones de Washington en todos los frentes, incluida la secretaría general, bajo el mando del surinamés Albert Ramdin.
El gobierno de Donald Trump dice que la OEA debe mejorar su gestión interna, ser más ágil y más alineada con su agenda conservadora, centrada en la seguridad regional.
Washington no ha entregado aún su contribución a la organización, de en torno a los 47 millones de dólares, lo que representa prácticamente la mitad de su gasto corriente, según datos oficiales de la organización del mes de junio.
Para 2027 no hay una partida específica para la OEA en el proyecto de presupuestos estadounidenses.
Situada a apenas unas cuadras de la Casa Blanca, la OEA y sus cerca de 500 empleados viven una situación delicada.
«La solicitud de presupuesto (…) concentra la financiación en siete organizaciones internacionales, incluida la OEA, que promueven directamente los intereses de Estados Unidos«, precisó explicó un portavoz del Departamento de Estado a la AFP bajo anonimato.
Pero según un documento interno del Congreso, la situación es más ambigua.
El gobierno Trump «ha solicitado 5,000 millones de dólares para un nuevo Fondo de Oportunidades America First, que (…) podría utilizarse para proporcionar una cantidad no especificada de fondos a organizaciones internacionales«.
Esta situación se asemeja a la presión financiera que ejerce Estados Unidos sobre la ONU, y deja amplio margen al Departamento de Estado para financiar los proyectos que le interesen, y eso incluye a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).
Las fuentes consultadas explican que el año pasado, Washington esperó a la segunda mitad del año para desembolsar paulatinamente su parte.
Una espada de Damocles
«Es como una espada de Damocles sobre tu cabeza», explicó a la AFP una fuente del Consejo Permanente de la OEA, bajo anonimato.
«Si retrasan mucho el pago, eso crea una situación que la organización tiene que hacer préstamos internos de tesorería«, añadió.
«Algunos países pagan por adelantado y eso ayuda, pero a largo plazo se crea una situación que no es sostenible», indicó.
Esa presión se traslada al plano diplomático.
La agenda de la asamblea permanente de Panamá, del 22 al 24 de junio, se vio muy complicada por las objeciones de Estados Unidos.
El representante estadounidense, Leandro Rizzuto, un multimillonario cercano a Trump, fue confirmado en octubre de 2025 por el Senado.
Rizzuto consiguió descarrilar una propuesta sobre los derechos de los afrodescendientes en la región, que estaba siendo consensuada en el seno del Consejo Permanente.
Luego la invitación de organizaciones exteriores a la OEA provocó una crisis en el seno del Consejo, que tuvo que dedicarle dos sesiones al tema para desbloquear la situación.
Estados Unidos sorprendió al resto de representantes del Consejo (33 presentes en la actualidad) con una exigencia: sacar de la lista a organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) o la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC).
Invitar a ese tipo de organizaciones a la asamblea general es una medida de cortesía, que habitualmente no genera mayores problemas. Esas instituciones no votan ni participan activamente en el encuentro de los cancilleres.
La insistencia de la legación estadounidense causó revuelo y obligó a protagonizar varias votaciones consecutivas. Sus demandas fueron finalmente rechazadas con amplias mayorías.
Un cambio de ciclo con Ramdin en la mira
El Consejo Permanente de la OEA ha recogido el gran cambio de ciclo político en América Latina, y los debates a menudo son dominados por las voces de los gobiernos conservadores.
El gobierno de Trump no está solo en sus discursos beligerantes en el seno del Consejo Permanente.
El secretario general del la organización también pasa por momentos delicados. Ramdin tuvo que desprenderse de su jefa de gabinete, Xaviera Jessurun, inmersa en una investigación por corrupción en su país, Surinam. Washington le revocó su visado diplomático.
Jessurun dejó su cargo «por circunstancias fuera de control«, explicó Ramdin, según publicó un medio de comunicación surinamés, StarNieuws.
La salida de esta alta funcionaria deja en mala posición a Ramdin, y con el suspense en torno a la financiación sin resolver.
Fuente: www.diariolibre.com






