
Los participantes portan el estandarte de la Peregrinación Eucarística Nacional bajo una bandera con las inscripciones “Dios bendiga a América” y “Una nación bajo Dios” durante la procesión por Filadelfia, el domingo 5 de julio de 2026. | Crédito: Jeffrey Bruno
Secándose una gota de sudor de la frente, el P. Matt Brody, de la Arquidiócesis de Filadelfia (Estados Unidos), observaba a la multitud de fieles que avanzaba por la Broad Street de Filadelfia mientras rezaba el Rosario.
“La gente quiere saber por qué desafían el calor para seguir un palio”, explicó a EWTN News. “Ya les he explicado a tres personas qué es la Eucaristía. Sienten curiosidad por la custodia, y esto brinda una oportunidad para evangelizar”.
La evangelización fue la misión principal de la Peregrinación Eucarística Nacional 2026, que concluyó el domingo tras recorrer 18 diócesis desde que comenzó el 24 de mayo en San Agustín, Florida.

La última etapa, en Filadelfia, adquirió un marcado tono patriótico en la Ciudad del Amor Fraternal, donde alrededor de 2.000 fieles llenaron la Basílica Catedral de los Santos Pedro y Pablo para participar en la Misa. Antes de la celebración, varias religiosas se arrodillaron ante las reliquias de Santa Katharine Drexel, una de las primeras santas de Estados Unidos. La peregrinación de este año puso un énfasis especial en los santos estadounidenses que han contribuido no sólo a la Iglesia, sino también a la historia del país.

El Papa León XIV dirigió un mensaje en video al inicio de la Misa, en el que animó a sus compatriotas estadounidenses a “cultivar una vida eucarística… con los ojos fijos en la patria celestial”. El Pontífice mencionó, entre otros, a Santa Elizabeth Ann Seton, Santa Katharine Drexel y San John Neumann.
La peregrinación ha atraído tanto a creyentes como a personas que desean creer en algo superior a sí mismas. Eso fue lo que llevó a Erin Daly y a sus dos hijas, Elsa y Lydia, a unirse a la procesión inmediatamente después de la Misa del domingo. Habían asistido a la primera Misa de Corpus Christi presidida por el Papa León en Roma el pasado mes de junio y quisieron estar presentes en la ciudad para esta ocasión especial. Elsa, estudiante de la Universidad de Dallas, fue una de los muchos jóvenes que portaban carteles con mensajes espirituales de esperanza y fe.

Otro de los participantes que llevaba una pancarta, Amear Mottley, explicó que había asistido a Misa ese fin de semana, que sentía curiosidad por conocer más y que se unió a la procesión porque quería estar cerca de Jesús. Cuando le preguntaron si era católico, respondió: “No sé lo que soy”.
Los peregrinos llegaron desde diócesis vecinas y de distintos puntos del país. El diácono Dave Matour participó junto con su esposa, Sue, y otras 25 personas de su parroquia en Norristown, Pensilvania, mientras que la Diócesis de Oakland, California, estuvo representada por 28 católicos vestidos con camisetas rosadas a juego.
Muchos optaron por ondear banderas estadounidenses y expresar abiertamente su patriotismo. Kevin y Janet Daly, provenientes de Michigan, estuvieron entre quienes lucían el lema “Una nación bajo Dios”.

La procesión avanzó lentamente por la Broad Street bajo un sol abrasador, con el Ayuntamiento de Filadelfia a sus espaldas. Por los altavoces resonaba el Ave María en inglés y en español, mientras los peregrinos soportaban el calor sin quejarse, compartían agua entre ellos y permanecían atentos a las personas mayores que pudieran necesitar ayuda adicional.
La procesión giró hacia Girard Avenue para recorrer el último tramo hasta el Santuario Nacional de San John Neumann, última parada de la peregrinación y lugar donde tendría lugar la bendición final con el Santísimo. Unos toques de trompeta recibieron a los peregrinos mientras subían las escalinatas del templo, abanicándose con los programas de la Misa.

Cuando la custodia fue elevada y se impartió la bendición a la multitud, el calor dentro de la iglesia pareció disiparse por un momento, y los agotados asistentes experimentaron una sensación de alivio.
“Lo logramos”, bromeó el Arzobispo de Filadelfia, Mons. Nelson Pérez, quien llevó el Santísimo Sacramento durante todo el último tramo de la peregrinación el domingo y concluyó la jornada con unas palabras que combinaron humor y asombro por el impacto que las procesiones han tenido en las comunidades visitadas: “La peregrinación ha terminado”, dijo, “pero nuestro camino continúa porque Cristo camina con nosotros”.
Artículo publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.
Fuente: www.aciprensa.com






