En los últimos meses, varios obispos de Estados Unidos han endurecido las normas funerarias de sus diócesis, haciendo hincapié en una observancia más estricta del Ritual de Exequias Cristianas (OCF, por sus siglas en inglés), ante la evolución de ciertas prácticas populares en los funerales que se apartan de las normas de la Iglesia y que se relacionan, entre otros aspectos, con los velatorios, los elogios fúnebres y los restos cremados.
“Anomalías litúrgicas”
En un mensaje en video y una carta adjunta, las nuevas normas del obispo Thomas Paprocki para la Diócesis de Springfield, Illinois, que entraron en vigor el 1 de julio, abordan lo que él describió como “prácticas irregulares” y “anomalías litúrgicas”.
Mons. Paprocki explicó que su objetivo es “garantizar que los funerales católicos en nuestra diócesis se ajusten a las normas de la Iglesia Católica” y preservar la integridad de las tres partes del OCF: la Vigilia por el Difunto —la noche anterior a la liturgia exequial—, la propia liturgia exequial —la Misa o una liturgia fuera de la Misa— y el Rito de Sepultura.
Entre las “anomalías” que el obispo abordó y prohibió se encuentra la práctica de celebrar velatorios en la iglesia el día de la liturgia exequial, ya que, por definición, la vigilia debe tener lugar la noche anterior. Los sacerdotes o diáconos dirigirán las oraciones de la vigilia incluso cuando no haya una reunión pública, aunque se recomienda encarecidamente la participación de los familiares.
Las familias aún podrán reunirse en la funeraria para las breves oraciones del traslado del cuerpo a la iglesia o al lugar de sepultura. Si no hay clérigos disponibles, estas podrán ser dirigidas por un director funerario, un miembro del personal parroquial o un familiar. La procesión hacia la iglesia —ya sea a pie o en caravana de vehículos— es importante, señaló, pues sirve como “recordatorio del momento en que la persona fallecida entró por primera vez en la Iglesia” mediante el bautismo.
Paprocki afirmó que no se permiten elogios fúnebres durante el rito exequial, pero sí “palabras de recuerdo”, siempre que estas “hablen de la vida de fe de quien ha fallecido y alaben a Dios”. Los elogios fúnebres convierten “a la persona elogiada en el principal centro de atención”, escribió, mientras que “la homilía y las palabras de recuerdo tienen a Dios como centro primordial”.
Debido a que quienes hablan al final de una Misa exequial en ocasiones dicen cosas “muy inapropiadas” o se encuentran demasiado abrumados por el dolor, el obispo dispuso que todas las “palabras de recuerdo deberán presentarse al párroco para su aprobación […] al menos tres días antes del funeral. Sólo el sacerdote o el diácono leerá entonces las palabras de recuerdo”, en un momento distinto de la celebración del rito exequial o de los instantes inmediatamente posteriores a este.
Las propias familias podrán pronunciar elogios fúnebres o compartir recuerdos en otras reuniones, como una comida posterior al Rito de Sepultura, siempre y cuando no tengan lugar inmediatamente antes o después de los ritos litúrgicos.
En cuanto a la cremación, Paprocki reafirmó la preferencia de la Iglesia por la sepultura del cuerpo, aunque permite la cremación cuando esta no se elige para negar la resurrección corporal.
Todos los restos cremados deberán ser sepultados íntegramente después del Rito de Sepultura y, por lo general, en un plazo de 30 días.
“El Ritual de Exequias Cristianas no contempla la exposición del cuerpo dentro de una iglesia”
Por su parte, el obispo David J. Bonnar, de Youngstown, Ohio, emitió un decreto en octubre de 2025 por el que puso fin a los velatorios en los edificios eclesiásticos, con efecto a partir de diciembre de 2025.
Bonnar afirmó que celebrar un velatorio o exponer el cuerpo en una iglesia menoscaba el carácter del espacio sagrado “debido al ruido y a las actividades impropios de la reverencia debida al Santísimo Sacramento”.
Su decreto estableció una política uniforme para toda la diócesis y respondió al creciente número de solicitudes de velatorios en iglesias por razones de comodidad y costo.
La única excepción permitida por el obispo corresponde a los funerales de sacerdotes o religiosos, en los que la exposición pública del cuerpo en la iglesia o capilla continúa como una tradición de larga data.
Las familias aún podrán celebrar velatorios en funerarias u otros lugares apropiados.
“Es el cuerpo cuyas manos visten a los pobres y abrazan a quienes sufren”
El obispo Robert McManus, de Worcester, Massachusetts, emitió en mayo un decreto que reafirma la sepultura íntegra de los restos cremados, al tiempo que hace hincapié en la preferencia de la Iglesia por la sepultura del cuerpo.
“Aunque la Iglesia permite actualmente la cremación, esta no tiene el mismo valor que la sepultura del cuerpo”, afirma el decreto. “La Iglesia claramente prefiere y exhorta a que el cuerpo del difunto esté presente en los ritos exequiales, puesto que la presencia del cuerpo humano expresa mejor los valores que la Iglesia afirma en dichos ritos”.
“La enseñanza de la Iglesia con respecto al cuerpo humano, así como la preferencia de la Iglesia por la sepultura del cuerpo, deberían formar parte habitual de la catequesis en todos los niveles”, escribe McManus.
Según el decreto, la totalidad de los restos cremados de un cuerpo deberá ser sepultada después del Rito de Sepultura en una tumba, un mausoleo o un columbario. Los restos no podrán dividirse y depositarse en varios lugares ni esparcirse en ningún sitio. Tampoco podrán conservarse en domicilios particulares ni incorporarse a piezas de joyería.
La sepultura de los restos cremados no deberá retrasarse indebidamente después de los ritos exequiales. Si no se respetan las normas de la Iglesia relativas a la cremación, el obispo señala que podrá denegarse la celebración pública de los ritos exequiales, a discreción del párroco celebrante.
Las disposiciones del decreto “entran en vigor de inmediato”.
Los cementerios son “lugares de esperanza cristiana”
En la Diócesis de Charlotte, Carolina del Norte, el obispo Michael Martin promulgó el 19 de marzo, Solemnidad de san José, patrono de los moribundos, el decreto Normas diocesanas para el gobierno y la administración responsable de cementerios y columbarios.
En una carta adjunta a las modificaciones, Martin afirmó estar “convencido” de que las nuevas normas “atenderán las necesidades de los fieles cuando den sepultura con reverencia a los restos mortales de sus seres queridos”.
Las actualizaciones establecen directrices claras sobre quiénes pueden ser sepultados. Aunque los cementerios y columbarios católicos están destinados principalmente a los católicos bautizados, el decreto señala que podrán adoptarse disposiciones para otras personas, incluidos los no católicos e incluso los no cristianos.
Los cementerios y columbarios católicos son “prolongaciones del ministerio de la Iglesia […] y no simples lugares funcionales de sepultura”; son también “lugares sagrados reservados por la Iglesia para la obra de misericordia corporal de enterrar a los muertos y para proporcionar un lugar de descanso definitivo a los fieles difuntos, como signo de su esperanza en la promesa de la resurrección”, afirma el decreto.
En consecuencia, dichos lugares deberán mantenerse y utilizarse de una manera que refleje “reverencia por los difuntos y cuidado de la naturaleza”.
Los costos de sepultura también deberán seguir siendo asequibles y accesibles.
Las parroquias de la diócesis disponen de seis meses para adaptar sus políticas locales a las nuevas normas, mientras que los contratos existentes continuarán vigentes.
La USCCB revisa las “Oraciones después de la muerte”
En un boletín informativo publicado en marzo, el Comité para el Culto Divino de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (USCCB) anunció una revisión de las “Oraciones después de la muerte”, que tienen lugar durante el rito del OCF.
Según el comité, la estructura ritual, las rúbricas y los elementos individuales de la oración revisada son “prácticamente idénticos” a los de la edición anterior, “con excepción de las oraciones conclusivas del número 314” del Ritual de Exequias Cristianas.
“Estas oraciones han sido traducidas nuevamente siguiendo el modelo del Misal Romano y de acuerdo con los principios de Liturgiam authenticam”, escribió el comité.
Liturgiam authenticam (“Liturgia auténtica”) es una importante instrucción vaticana publicada en 2001 que estableció normas precisas para traducir los textos litúrgicos —y las Sagradas Escrituras destinadas al uso litúrgico— de las ediciones oficiales en latín a las lenguas modernas, cuyo principio fundamental es la fidelidad al texto original.
Artículo publicado originalmente en EWTN News. Traducido y adaptado por el equipo de ACI Prensa.
Fuente: www.aciprensa.com






