La avenida Duarte ya no es la misma de hace algunas décadas.
La principal arteria comercial de Villa Francisca, otrora corazón de Santo Domingo, refleja una transformación profunda.
Las tiendas tradicionales dieron paso a nuevos formatos, mientras los comercios chinos ocupan cada vez más espacios y modifican la fisonomía de un corredor que, durante generaciones, constituyó uno de los principales centros de abastecimiento de la ciudad, con identidad dominicana, española o árabe.
Un levantamiento en las avenidas Duarte y Mella y la calle José Martí arrojó 247 establecimientos. De esos, 151 pertenecen a dominicanos y 82 a chinos; nueve locales están vacíos o en alquiler y cinco son propiedad de otras nacionalidades. Más allá de las cifras, el recorrido mostró cambios en el tamaño, la oferta y la ubicación de los negocios, así como en la relación entre los comercios tradicionales, los nuevos establecimientos y los consumidores.
Esta modificación, además, no ocurrió sobre un territorio comercial vacío. A mediados del siglo XX, estas tres vías formaban parte de un mismo circuito en el que comerciantes e inmigrantes de Europa y Medio Oriente levantaron tiendas, almacenes y talleres que, con el tiempo, se convirtieron en referentes del comercio criollo.
Ese legado todavía puede rastrearse en algunos establecimientos, aunque el paisaje comercial luce hoy distinto.
Eje comercial
La avenida Duarte concentra la mayor cantidad de comercios chinos del recorrido: 49, frente a 25 establecimientos dominicanos. El levantamiento se realizó entre las avenidas México y 27 de Febrero. En al menos dos locales vacíos ya se preparaban espacios para instalar nuevos negocios chinos.
Donde funcionaba Plaza París ahora opera la tienda Mudan. El edificio que albergó Calzados Los Muchachos hoy lo ocupa Casa Isla, mientras que Sederías California pasó a ser un entramado comercial en su mayoría de locales chinos.
La avenida, sin embargo, permanece como una de las principales puertas de entrada al comercio popular de Santo Domingo. Hoy acude un consumidor distinto, sobre todo a negocios de origen asiático, pero también se desplaza hacia plazas y otros formatos comerciales.
Para la antropóloga Tahira Vargas, esa capacidad de permanencia está vinculada con la propia estructura social de la ciudad. La Duarte conserva en el imaginario popular la reputación de ser un lugar donde se consiguen mercancías baratas y todavía mezcla comercio formal, ventas ambulantes, ropa usada y negocios que abastecen a sectores populares.
En su lectura, la expansión de los establecimientos chinos se inserta en una economía donde una parte importante de la población —que vive en la pobreza— compra barato, revende y busca alternativas para sostener sus ingresos. También evidencia la dificultad de mantener un negocio ante la alta carga impositiva que enfrentan sus dueños.
Nuevas superficies
Por décadas, la Duarte fue escenario de grandes negocios dominicanos. La avenida, inaugurada en 1930 con el nombre de José Trujillo Valdez, se convirtió en una de las principales arterias económicas de la capital y concentró tiendas por departamentos, calzados, textiles y mercancías diversas. Algunos negocios sobrevivieron, pero las condiciones comerciales y urbanas son hoy distintas de las de su época de oro.
La Asociación de Comercios de la Avenida Duarte atribuyó en febrero de 2026 parte de la pérdida de establecimientos al cambio generacional y a la diversificación de las inversiones. Según la asociación, de una matrícula que llegó a 96 integrantes, “quedan 24 entre tiendas e hipermercados”.
Para varios consumidores, el cambio no representa una pérdida.
Andreina Cruz compra ropa, zapatos, sábanas, cortinas y accesorios en distintas tiendas chinas porque encuentra precios que considera más accesibles. Wendy Montero cuenta que incluso trasladó parte de sus compras desde plataformas como Shein hacia establecimientos físicos de la Duarte, donde encontró precios más bajos.
La transformación de la Duarte también se relaciona con la capacidad de los nuevos negocios para reunir en un mismo espacio una amplia variedad de productos, captar al consumidor popular y funcionar como puntos de abastecimiento para comerciantes que compran mercancías y luego las revenden.
Otra competencia
Durante años, la calle José Martí cumplió una función complementaria dentro de este corredor comercial. Allí se concentraron almacenes, talleres de confección y negocios vinculados con textiles, calzados e insumos que abastecían a comerciantes procedentes del interior. Más que una sucesión de tiendas, la zona funcionaba como una cadena que conectaba a importadores, mayoristas, fabricantes, vendedores y consumidores.
Hoy la composición es diferente.
Entre las avenidas México y 27 de Febrero hay 21 comercios chinos frente a 52 dominicanos. La cantidad de negocios orientales es menor que en la Duarte, pero una de las mayores superficies comerciales de la zona, con más de tres pisos, ocupa el espacio que antes correspondía al estacionamiento de Sederías California.
El recorrido también encontró diferencias en las formas de pago y en la relación con el consumidor.
A diferencia de la Duarte, durante el recorrido realizado en esta calle varios establecimientos no aceptaban tarjetas y privilegiaban el efectivo o las transferencias. En algunos casos no había letreros visibles con el nombre del negocio ni se entregaba un comprobante escrito por la compra. En la práctica, todo se limitaba a una transacción directa entre comprador y vendedor.
El cambio se extiende hacia Villa Consuelo, donde comerciantes establecidos desde hace décadas describen una caída importante de las ventas. Wellington Araujo, vendedor de lentes en la zona de la José Martí, recuerda que hace diez años podía vender entre 2,000 y 3,000 pesos diarios. Ahora, asegura, puede pasar la jornada completa y apenas vender un lente.
Paradójicamente, el mismo negociante compra toda la mercancía que vende a comerciantes chinos porque consigue mejores precios.
Mayor impacto
La avenida Mella presenta otro escenario.
En el tramo comprendido entre la Duarte y el Mercado Modelo, el número de establecimientos chinos es inferior al registrado en las otras dos vías: apenas 12, frente a 74 dominicanos. Sin embargo, el tamaño de algunos negocios cambia la dimensión del fenómeno. Los locales son amplios; algunos funcionan como almacenes y otros han sido subdivididos para aprovechar sus grandes superficies.
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La diferencia resulta visible frente a los pequeños comercios dominicanos que todavía predominan en la zona. Estos incluyen desde negocios familiares establecidos hace décadas hasta colmados, bancas y tiendas de menor tamaño. Algunos locales muestran deterioro físico, pero la oferta de los establecimientos chinos destaca por la variedad y la organización con que presentan sus mercancías.
El declive comercial de la avenida comenzó antes de la expansión de los negocios chinos.
Un reportaje de Diario Libre de 2018 documentó la disminución del flujo de clientes y el cierre o traslado de negocios establecidos, fenómenos que los comerciantes atribuían a factores como la inseguridad y la falta de una estrategia común para recuperar la zona.
Ahora los antiguos espacios comerciales despiertan el interés de nuevos inversionistas.
Vecinos de la zona aseguran que los comerciantes chinos buscan edificios grandes, con uno o dos frentes, generalmente deteriorados o cerrados desde hace tiempo. Algunos intentan primero alquilarlos y luego adquirirlos, mientras otros procuran comprar de inmediato los inmuebles.
Fuente: www.diariolibre.com




























