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Sacerdote rescata 3 iglesias históricas del abandono en Ciudad de México: Había “basura acumulada por décadas”


El P. Adrián Huerta celebra la Misa en el Santuario de Nuestra Señora de Loreto, en el centro histórico de la Ciudad de México. / Crédito: Cortesía del P. Adrián Huerta.

Tres iglesias con cientos de años de historia en el centro de Ciudad de México se encontraban en una situación de grave abandono, con “basura acumulada por décadas”. Ese era el panorama y desafío que encontró el P. Adrián Huerta en octubre de 2025, y en poco más de medio año el progreso ha sido notable.

Los tres templos son la iglesia parroquial de San Sebastián Mártir y las rectorías de Santa Teresa la Nueva y el Santuario de Nuestra Señora de Loreto.

El P. Huerta no es nuevo en las labores de restauración y conservación de importantes iglesias católicas, y es seguramente su experiencia la que llevó a que la Arquidiócesis de México le asignara esta nueva responsabilidad al frente de la parroquia de San Sebastián Mártir. Antes estuvo al frente de la parroquia San Bernardino de Siena, en el centro de Xochimilco, iglesia que actualmente es la Catedral de la Diócesis de Xochimilco.

También estuvo a cargo de la Antigua Basílica de Guadalupe, hoy Templo Expiatorio de Cristo Rey.

Un estado “indigno para el Cuerpo y la Sangre del Señor”

En diálogo con ACI Prensa el 5 de mayo, el P. Adrián Huerta compartió que lo primero que hizo fue “dorar con baño de oro los vasos sagrados de las tres iglesias, porque estaban en un deterioro muy triste, indigno para el Cuerpo y la Sangre del Señor”.

“Comenzamos por eso”, continuó, “por dignificar todo lo del altar, lo sagrado, y a partir de ahí pues todo lo demás”.

La fundación de San Sebastián Mártir se atribuye al franciscano Fray Pedro de Gante, uno de los primeros evangelizadores en llegar a lo que hoy es territorio continental mexicano, en 1524, por lo que se considera uno de los primeros templos católicos de la actual Ciudad de México.

A pocos metros de ahí se encuentra Santa Teresa la Nueva, un exconvento fundado a inicios del siglo XVIII. También muy cerca está el Santuario de Nuestra Señora de Loreto, construido entre los años 1806 y 1819, durante los años de la gesta independentista de México.

El abandono que sufrieron las tres iglesias hizo que estuvieran “infestadas de ratas y cucarachas”, con muchas obras de arte cubiertas bajo “el polvo de las décadas”.

“Si uno abre las iglesias, la gente sí entra”

Los tres templos, explicó el P. Huerta, “estaban casi cerrados antes” y “casi no los abrían, con ese pretexto de que la gente no va a Misa”.

“Pero no: si uno abre las iglesias, la gente sí entra”, aseguró, y compartió que desde que comenzó con su labor de recuperación de los templos estos “se han abierto desde las 7 de la mañana. Y sí entra la gente”, pues muchos “tienen devociones con las imágenes que están ahí”.

“Siempre se ha dicho que no vive gente en el centro histórico, que son puros comercios, que son puras bodegas, que son puras tiendas y puras plazas comerciales”, señaló. Pero no es verdad, pues “vive muchísima gente (…) muchas familias ahí”, especialmente en unidades habitacionales a las cuales él mismo ha visitado y celebrado Misa ahí.

La mayoría de estas personas, destacó, “son católicos que saben responder la Misa, que en el momento de la consagración todos se arrodillan. Es algo admirable”.

Aunque ciertamente muchos de estos vecinos de la zona se dedican principalmente al comercio, algo que ocupa casi todo su día e incluso parte de la noche, el sacerdote les alienta a “ser agradecidos con Dios”, porque “les va muy bien”.

Trabajando de la mano de las autoridades y los donantes privados

Uno de los desafíos eclesiales para la restauración de iglesias antiguas en México parte de su situación jurídica: todos los templos construidos antes de 1992 pertenecen a la Nación, son propiedad federal confiada al cuidado de la Iglesia Católica.

Sin embargo, el P. Huerta ha logrado progresos en coordinación con el Fideicomiso Centro Histórico, un fondo que depende del Gobierno de la Ciudad de México y se destina a “la recuperación, protección y conservación” del centro de la capital mexicana, que desde 1987 fue declarado Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO.

También el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) ha prestado su ayuda a la restauración de las iglesias.

Además, indicó, “hay varios empresarios que me están apoyando y están dispuestos a seguir apoyando”, con donaciones para las labores como “la impermeabilización, por ejemplo, que es muy cara”, y es necesaria para proteger las iglesias de las fuertes lluvias que caen sobre Ciudad de México entre mayo y noviembre de cada año.

La expectativa es prometedora. “Yo pienso que en unos dos años podemos recuperar bastante”, aseguró el P. Huerta, resaltando que “desde que llegué inmediatamente busqué las autorizaciones correspondientes del Instituto Nacional de Antropología e Historia para poder intervenir los tres monumentos históricos. Y me las dieron exactamente el 12 de diciembre”, en la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe.

Las labores pendientes van desde el resanado de grietas y la limpieza hasta labores de pintura, señaló. Desde el INAH, entre otras labores de restauración, “van a ayudar bastante directamente con lo de los portones antiguos, para hacerlo adecuadamente, con los materiales apropiados por la antigüedad de las puertas”.

Restauración sin descuidar la atención a los más vulnerables

Sin embargo, no sólo la restauración de los templos tiene preocupado y ocupado al P. Huerta, sino también una urgente necesidad de asistir a los sin techo, especialmente a los más ancianos, que viven y duermen en las calles del centro histórico de Ciudad de México.

“A un lado de los edificios de lujo, por ejemplo, tenemos periferias, tenemos miseria. Afuera de los hospitales tenemos gente sufriendo ahí a la intemperie”, dijo.

En la parroquia San Sebastián Mártir, indicó, “tenemos un comedor y unas regaderas calientes para personas en situación de calle, porque hay muchísimas personas en situación de calle en el centro histórico y van incrementando cada día más, es algo muy grave”.

“Lo que más me preocupa son los adultos mayores en situación de calle, porque son los que van amaneciendo muertos por el abandono que sufren de las instituciones, del gobierno, de la sociedad, de la Iglesia misma”, expresó.

El P. Adrián Huerta comparte con personas vulnerables que reciben alimentos en el comedor de la parroquia San Sebastián Mártir, en el centro histórico de Ciudad de México. Crédito: Cortesía del P. Adrián Huerta.
El P. Adrián Huerta comparte con personas vulnerables que reciben alimentos en el comedor de la parroquia San Sebastián Mártir, en el centro histórico de Ciudad de México. Crédito: Cortesía del P. Adrián Huerta.

“Tenemos que hacer algo más como Iglesia, no podemos dejarlo y decir ‘que el gobierno se encargue’, ‘que las organizaciones no gubernamentales se encarguen’. No, Cristo nos dijo a la Iglesia: ‘denles ustedes de comer’”.

Entre las labores que está contemplando para las obras de las iglesias, especialmente en las que tienen más espacio desaprovechado en sus instalaciones. “Es lo que me duele a mí cuando salgo, sobre todo de noche: verlos tirados por la calle por todos lados cuando acá tengo todos los espacios para que estuvieran durmiendo y siquiera resguardándose del frío o de la lluvia”.

Lamentó que actualmente “no tengo los recursos ni el personal”, ni los trámites legales necesarios para establecer un albergue y “abrir las instalaciones”.

Sin embargo, de la mano de donantes “hay una luz en el camino” que podría llevar a que puedan ofrecerle a las personas en situación de calle “algo digno, porque en cada uno de ellos está Cristo”.

Fuente: www.aciprensa.com

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