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Maternidad, duelo y esperanza: la guía que prepara el corazón para dar a luz


Sara, Agustín y sus hijas / Crédito: Cortesía Sara Gómez

Sara y Agustín (Agus) son dos “almas misioneras” que el Señor llamó al matrimonio, y hoy tienen una familia numerosa entregada a la Providencia de Dios. Con sus tres niñas pequeñas que hacen algo más difícil misionar viajando por el mundo, se han convertido en fuente de esperanza para muchos en el continente digital, donde ofrecen recursos para parejas y familias. 

Sara es colombiana y tiene 31 años, mientras que Agustín, de 36, es argentino. Casados desde noviembre de 2021, su hogar en El Santuario, Antioquia –una zona que podría considerarse “fría” para el calor habitual de buena parte de las tierras colombianas– fue creciendo rápidamente con Josefina, luego Clara y después Ana María.  

En 2025, el embarazo de Juan Pablo no llegó a término y hoy los acompaña desde el Cielo, mientras esperan a Inés, que lleva 31 semanas en el vientre de su mamá y llegará a principios de julio. 

La familia se sustenta con su taller llamado “Enviados” donde realizan piezas de arte iconográfico, cada una pensada, rezada y realizada con amor, y muy confiados a la providencia de Dios, confianza propia del carisma de la comunidad del Cordero, a la que ambos pertenecen. 

Sara y Agustín con uno de sus íconos. Crédito: Cortesía Sara Gómez
Sara y Agustín con uno de sus íconos. Crédito: Cortesía Sara Gómez

Priorizando el hogar y la crianza, y con su mochila de misioneros colgada en un perchero, el matrimonio se lanzó a llevar su testimonio al continente digital. Luego de escribir una guía para el matrimonio, con elementos de la liturgia para la Misa de Esponsales y reflexiones propias de la vida conyugal, Sara avanzó en un proyecto más grande: escribir sobre maternidad para mujeres. 

Así nació “Preparando el Corazón: una guía para dar a luz”, un libro donde vuelca su experiencia en sus tres partos y cinco embarazos, para poder iluminar el “caminito hacia el parto” de otras mujeres.  

El libro, explicó Sara a ACI Prensa, “nace de una pregunta que le hago a mi Dios sobre cómo servirle más al mundo desde mi casa, porque siempre he sido muy misionera”. 

“Yo veo que hay mucha sobreinformación, hoy en día hay como todo un camino esotérico de preparación al parto, espiritual, pero una espiritualidad con una antropología y una cosmogonía muy diferente, y entonces lo que brota en mi corazón es que sea una preparación espiritual, que nosotras las mujeres podamos entender que estamos gestando un alma; que al mismo tiempo que el cuerpo, se forma el alma, y eso pasa dentro de nosotras, y que esa es una virtud de Dios que Él nos comparte”, detalla. 

Dispuestos a recibir 

Cuando decidieron casarse, Sara y Agustín habían acordado esperar para ser padres, porque los dos habían sido misioneros durante mucho tiempo y querían mejorar primero su situación económica. “No teníamos un mango, nos habíamos gastado los ahorros en misiones, entonces dijimos: espaciemos un poquito los hijos, como para hacer un nido”, recuerda Sara.  

Sin embargo, el día de la boda, ese temor se esfumó para los dos. “Fue muy lindo porque fue muy liberador, así sin miedo y confirmando la pregunta que se hace en el matrimonio: ¿Están dispuestos a recibir los hijos que Dios tiene para ustedes y educarlos cristianamente? Y la respuesta es sí. ¿Preparados? No. ¿Dispuestos? Sí. ¿Listos? No. ¿Dispuestos? Sí. ¿Con el dinero? No. ¿Pero dispuestos? Sí. Entonces fue como esa disposición del corazón que se abrió”, relata. 

La familia a la espera de Inés. Crédito: Cortesía Sara Gómez
La familia a la espera de Inés. Crédito: Cortesía Sara Gómez

Al poco tiempo llegó Josefina, su primera hija. Y menos de un año más tarde, Clara. Ana María nació a principios de 2025, y ese mismo año, Sara quedó embarazada nuevamente, pero su bebé no llegó a nacer. Sin embargo, luego de que sus estudios médicos resultaron óptimos, los sorprendió la noticia de que Inés venía en camino. 

“Descubrirme amada y capacitada para amar” 

“¿Qué ha hecho la maternidad en mí? Yo nunca me había sentido tan Sara como me siento al ser madre, sin saber que esto era yo. Es como si hubiera un cuarto cerrado con llave dentro de mí, que siempre estuvo y de golpe lo abrí, y es un universo y es precioso”, afirma.  

“Es descubrirme amada y capacitada para amar cada día. Y veo mucho la acción de la gracia. A veces hay cosas… obviamente la culpa, sentirse mala madre, siempre está, es una lucha constante. Yo creo que también se nos ha metido mucho, porque la sociedad nos hace creer que hay que tenerle miedo a la maternidad. Obviamente hay miedos reales, pero hay mucho miedo que es infundado”, advierte.  

“Para mí es descubrir que es más fácil de lo que parece, sobre todo si está el Señor. Para los hombres es imposible, pero para Dios no, y descubro la acción de Dios en cada momento y la presencia de la Virgen, muchísimo”, reconoce. 

La maternidad: una cruz transfigurada 

En ese sentido, Sara afirma que “la maternidad viene con la gracia”, y le gusta describirlo como “una cruz transfigurada”, porque “obvio es duro, obvio es agotador, es muy retador, es un camino de santidad donde en serio te puedes hacer santo porque ves tus pobrezas cada día, ves tus debilidades cada día, uno muchas veces se desborda, grita, actúa mal, actúa como, ‘hago el mal que no quiero, y dejo de hacer el bien que quiero’, como decía San Pablo. Pero, al mismo tiempo, ves la transfiguración, la luz, la resurrección”, asegura. 

Como matrimonio y como familia, vivieron cada embarazo de manera diferente y muy especial. “Muchas veces uno cree que como cristianos estamos llamados a estar abiertos a la vida, y eso significa: voy a tener treinta muchachitos. Y la verdad es que la apertura a la vida consiste en una apertura del corazón, no en un número”, aclara. 

La familia a la espera de Inés. Crédito: Cortesía Sara Gómez
La familia a la espera de Inés. Crédito: Cortesía Sara Gómez

“Si el Señor quiere para nosotros un hijo, y yo lo recibo con la apertura del corazón, es que estoy abierta a la vida, y si quiere dos hijos, si quiere ocho hijos, si no quiere hijos para nosotros, porque también ese es el camino”, precisa. 

“No existe la vocación a la maternidad, existe la vocación a ser esposa. Y la maternidad es un don que viene con la esponsalidad, es como el ciento por uno que el Señor añade, digamos. Luego uno dice: claro que hay una vocación, siento vocación a ser mamá, es un llamado también. Pero es verdad que es un don, no es un derecho que yo tengo, es un don”, sostiene. 

“Cuando llega Josefina, la alegría, primera bebé, el primer hijo del niño en la casa de Agus. Yo también soy la niña de mi casa, entonces, mi primera bebé. En mi familia hay un nieto, pero tiene 23 años, entonces, imagínate, otra vez un bebé, fue increíble”, repasa. 

A medida que se iban sucediendo los embarazos, el entorno del matrimonio comenzaba a ofrecer cierta resistencia y expresar preocupación: “Tan rápido, ¿Cómo van a hacer con lo económico?”. Sin embargo, la noticia de que Juan Pablo venía en camino fue muy bien recibida, “como si todo el mundo entendiera que era la voluntad de Dios”, recuerda la mamá. 

Perder un bebé: del vientre al corazón 

Cuando se confirmó la pérdida del bebé, Sara recuerda haber experimentado “cambios muy fuertes en mi cuerpo y en mi mente, irascibilidad profunda, enojo, ganas de no hablar con nadie, mucha tristeza, llanto de la nada”.  

“Entonces hablo con una amiga que trabaja en la Red Provida Latam, me dice: ‘Amiga, eso se llama síndrome postaborto, y necesitas ayuda profesional’”. 

Sara es “la más provida” y para ella, escuchar eso fue un baldazo de agua fría: “¿Cómo va a ser síndrome postaborto? Yo no aborté, ¿cómo me vas a decir eso?”, se resistió al principio. Sin embargo, decidió participar de un retiro llamado “Del Vientre al Corazón”. 

“Este retiro es católico, pero dentro de los que lo dictaron había un neurólogo, había psicólogos, había trabajadores sociales, un sacerdote. Fue un retiro de un solo día, pero la sanación que yo experimenté al ponerle palabras a lo que yo vivía, y al darme cuenta que yo no era la única, fue muy sanador, y fue decir: ‘Bueno Señor, ¿cuál es el propósito de Juan Pablo, de mi bebé?”, relata. 

La cruz con el Niño Jesús y la leyenda "Él vive". Crédito: Cortesía Sara Gómez
La cruz con el Niño Jesús y la leyenda «Él vive». Crédito: Cortesía Sara Gómez

“No hay nada peor para un corazón de madre que despedir a un hijo. Y cuando uno tiene tal conciencia de que hay vida, de que es tu hijo, tu sangre, desde el minuto cero de la concepción, pues es tu hijo, aunque mida dos milímetros”, aclara.  

Ese retiro, reconoce, la hizo mucho más empática: “Pude tener conversaciones con amigas que han perdido bebés, a las que yo les dije, ‘uy, qué pena’, pero nada más, como que no acompañé, no pregunté, gracias a eso también he podido acompañar a otras que han perdido bebés”. 

“Yo sentí el dolor físico, o sea, yo le puedo decir a una mujer que está pensando en abortar, habiendo vivido ya tres partos, tres embarazos completos, que es mucho más doloroso el aborto que el parto, que es mucho más doloroso y más intenso lo que uno vive en un aborto, que en un embarazo”. 

Al respecto, considera que “es muy lindo poder tener esta empatía, y entender también un poquito a las víctimas de la cultura de la muerte, que son las mujeres”, afirma. 

Cuando se enteraron del embarazo de Inés, “literalmente fue una sorpresa, y mi hermana, que es Hermanita de la Comunidad del Cordero, me decía: ‘Sara, capaz es mi Dios, que sabe cómo sanar el corazón’”. 

“Fue una alegría inmensa para nosotros, Inés viene como a sanar el corazón, a quitar los miedos desde el principio, porque obviamente uno queda con muchos temores después de una pérdida”. 

“Preparando el corazón: una guía para dar a luz” 

El libro “Preparando el corazón”, que Sara comenzó a escribir durante el embarazo de Ana María, continuó luego de la pérdida de Juan Pablo incluyendo ese testimonio, “porque también es verdad que no todos los embarazos llegan a un feliz término… o sí, porque la misión de los padres es llevar a los hijos al cielo, y con dolor humano, pero yo ya tengo un hijo en el cielo”, reflexiona. 

La guía, explica Sara, está atravesada de manera transversal por su historia: los partos, la pérdida de Juan Pablo y la espiritualidad que se vive en su hogar. Por eso tiene muchas citas bíblicas y mucho del catecismo, explica. 

En sus páginas habla de maternidad como un don del Cielo, de la preparación espiritual, también profundiza sobre los sacramentos, cómo prepararse en cuanto a la oración, de la preparación emocional y lo importante de conocerse una misma. 

Por otra parte, toca temas como sanar la relación con la mamá, pedir perdón y ser perdonada, sanar el propio parto, y toca asuntos como el papel fundamental del esposo en el parto, “que muchas veces queda en segundo lugar”, la importancia de hacer terapia si es necesario y de “no hacer del parto vaginal un ídolo”, sino “poder aceptar la realidad de cómo venga la situación”. 

En otra de sus secciones, trata sobre la preparación física, el movimiento, algunos ejercicios prácticos muy generales para la preparación del canal vaginal y de las caderas, la importancia de la alimentación balanceada, del descanso. 

La guía enumera también aspectos prácticos del parto, e información sobre el sueño de un bebé, la leche materna, la formación como padres. 

Menciona además los duelos que hay que afrontar cuando dejan de ser dos, cuando llegan más hijos; habla de identificar la red de apoyo, de la gratitud y la humildad como virtudes aliadas para la maternidad. 

Entre sus experiencias relata también lo que vivieron en la unidad de cuidados intensivos cuando su segunda hija, Clara, estuvo internada allí una semana. 

Por último menciona la importancia del bautismo, de “no dejarlo para cuando haya plata”, sino de la importancia hacerlo rápidamente, y el libro culmina con un envío misionero muy personal. 

Quienes deseen adquirir este o alguno de los recursos que ofrece Enviados, pueden ingresar a este enlace. Para conocer más sobre el proyecto, pueden seguirlo en su cuenta de Instagram @en.via.dos

Fuente: www.aciprensa.com

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