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Ante el presidente Milei, arzobispo recordó que “nadie es descartable” y propuso cuatro acuerdos para Argentina


Mons. García Cuerva en el Tedeum / Crédito: Captura de video/Canal Orbe 21

En un nuevo aniversario del Primer Gobierno Patrio, y con la presencia del presidente de la Nación Argentina, Javier Milei, el Arzobispo de Buenos Aires, Mons. Jorge Ignacio García Cuerva, presidió este lunes 25 de mayo el tradicional rezo del Tedeum.  

La celebración que conmemoró 216 años de la Revolución de Mayo tuvo lugar en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, a la que el presidente Milei asistió acompañado por parte de su gabinete.  

En ese contexto, Mons. García Cuerva dedicó su homilía a hacer un llamado a la reflexión a todos los actores de la sociedad, porque “todos construimos la Patria”.   

Al referirse al Evangelio, el prelado citó el pasaje en el que cuatro hombres acercan un paralítico a Jesús y comparó: «Hoy también muchos hermanos experimentan estar paralizados en sus esperanzas, en sus oportunidades, en su dignidad. Desde hace muchos años se sienten postrados, tirados al borde del camino de la vida, y ya no tienen fuerzas para seguir, no pueden sostenerse en sus derechos tan postergados”.  

Sus palabras, aclaró, no tienen intención de “buscar rápidamente responsables” sino de que cada uno pueda “tomar conciencia que tenemos la enorme responsabilidad de ayudar a curar tantas parálisis personales, familiares, y también sociales».   

El prelado recordó además que “nadie es descartable, nadie es desechable, todos somos importantes, comenzando por los abuelos, los niños, los enfermos, las personas con discapacitad, los adolescentes y jóvenes atravesados por la droga, los trabajadores informales y precarizados, y tantos más».  

Citando al Santo Padre, señaló: “El Papa León XIV nos recuerda que la pregunta recurrente es siempre la misma: ¿Los menos dotados no son personas humanas? ¿Los débiles no tienen nuestra misma dignidad? ¿Los que nacieron con menos posibilidades valen menos como seres humanos, y sólo deben limitarse a sobrevivir? De nuestra respuesta a estos interrogantes depende el valor de nuestras sociedades y también nuestro futuro”, reflexionó, subrayando: “O reconquistamos nuestra dignidad moral y espiritual, o caemos como en un pozo de suciedad”. 

Al hacer memoria de aquella Primera Junta de Gobierno de 1810, el arzobispo señaló que “una empresa tan difícil y arriesgada sólo fue posible porque se pusieron de acuerdo, porque dejaron de lado por un rato sus diferencias, porque pusieron en el centro de su misión al paralítico; se pusieron a su servicio, no se sirvieron de él; porque tuvieron el mismo objetivo: acercarlo a Jesús. En términos políticos: acordaron, consensuaron; se plantearon una tarea común pensando en los más frágiles”.  

Por eso, propuso “cuatro acuerdos fundamentales” para la Argentina de hoy:  el bien común, “no como la suma de intereses, sino como la capacidad de una Nación de velar por todos sus hijos, especialmente por los más necesitados»; el diálogo, “escuchando a todos, respetando, hablando cordialmente, buscando consensos en la diversidad”; la amistad social, dejando de “arengar la división y la polarización porque nadie se salva solo, como nos decía Francisco”; y la esperanza que “como un motor interno, anima cotidianamente a tantos argentinos que todos los días hacen enormes esfuerzos y siguen apostando por un futuro mejor”.  

“El pueblo argentino es un pueblo de fe, un pueblo que, a pesar de las crisis crónicas y dificultades constantes sigue adelante y se pone la Patria al hombro”, rescató Mons. García Cuerva. «Lo que nos falta es una clase dirigente que con la fuerza de ese pueblo se anime al diálogo, al encuentro, a la reconciliación; y que lo haga por los que no pueden más, por los que perdieron las ganas de seguir, por los que sufren la parálisis de la falta de trabajo, de educación, de oportunidades», reclamó.  

Continuando con el Evangelio, al hacer referencia a los escribas que criticaron el milagro obrado por Jesús, volvió a hacer una comparación con quienes “viven de privilegios; alejados del común de la gente, pendientes de sus internismos perdieron la sensibilidad con los que sufren y critican a los que intentan hacer algo. Odiadores de aquella época, sentados en la casa de Cafarnaúm, haters de hoy, sentados frente a una computadora de su escritorio, o cómodamente instalados delante de una pantalla para hacer terrorismo de las redes, descalificando, difamando”, describió. 

En ese sentido, y siguiendo con las enseñanzas del Papa, convocó: “Empecemos a desarmar el lenguaje, renunciando a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes y no pueden defenderse, a las calumnias”.  

Haciendo memoria de los próceres y héroes que entregaron su vida por la libertad, Mons. García Cuerva llamó a imitar esa generosidad con aquellos que aún siguen postrados. “Eso se llama empatía. Por eso es cruel y escandalosa la ostentación, el despilfarro, el derroche”, advirtió, pidiendo “que Argentina sea casa, sea mesa familiar a la que se sienten todos sus habitantes”.  

“Si apostamos a una Argentina donde no estén todos sentados en la mesa, donde solamente unos pocos se beneficien, el tejido social se destruye, las brechas se agrandan y entonces terminamos siendo una sociedad camino al enfrentamiento”, alertó.   

«El sueño fundacional fue siempre la unión. Hagámoslo realidad. Por nosotros, por nuestros abuelos, por las futuras generaciones», concluyó el prelado, pidiendo la intercesión de la Virgen por nuestro país, sus gobernantes y todo el pueblo. 

Fuente: www.aciprensa.com

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