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Imitando a la Virgen María podremos crecer en la fe, la esperanza y la caridad, afirma obispo


Virgen de Fátima. / Crédito: Pixabay.

La Virgen María es “modelo de fe, esperanza y caridad” e, imitándola, los católicos podrán crecer en estas tres virtudes que les ayudarán a peregrinar por el mundo, confiando sus vidas en las manos de Dios, afirmó el Obispo de Cúcuta (Colombia), Mons. José Libardo Garcés Monsalve.

En una columna publicada en el sitio web del Episcopado colombiano, el prelado reflexiona sobre el final del mes de mayo, que la Iglesia Católica dedica a la Virgen María, para animar a los fieles a esforzarse por imitar a la Madre de Dios para cumplir con el mandato de Cristo de ir y hacer discípulos suyos a todos los pueblos.

La fe, la esperanza y la caridad son las virtudes teologales que “adaptan las facultades del hombre a la participación de la naturaleza divina”, señala el Catecismo de la Iglesia Católica. Además, estas “se refieren directamente a Dios” y “disponen a los cristianos a vivir en relación con la Santísima Trinidad. Tienen como origen, motivo y objeto a Dios Uno y Trino”.

En su columna, Mons. Garcés Monsalve recuerda que la primera virtud, la fe, se manifestó en la entrega de María a la voluntad de Dios cuando aceptó ser la madre del Salvador, un acto que fue reconocido por su prima Isabel cuando exclamó: “¡Dichosa tú que has creído¡ Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá”.

En ese sentido, el prelado anima a imitar la fe de María, porque así “es posible que se engendre en nuestro corazón la virtud de la esperanza”.

Como ejemplo, el Obispo de Cúcuta recuerda que “en los momentos más oscuros y tormentosos de su vida, María ‘brilla como signo de esperanza segura y de consuelo’. Desde la Anunciación, María sabe que Cristo es la roca firme sobre la que se edifica la vida cristiana y la respuesta a Dios”.

Por ello, incluso durante la crucifixión de Jesús, la Virgen tiene “el corazón lleno de esperanza”, y ahí “enseña a cada cristiano a estar junto a la cruz del Señor, con dolor, pero de pie y con esperanza”. 

Finalmente, el obispo asegura que la Virgen puso en práctica la caridad “con todos los que se encontró en el camino”.

“La caridad y el amor de María por cada uno de nosotros, conduce de inmediato hasta Jesús, una caridad silenciosa, prudente, que de nuevo al pie de la cruz de su Hijo, calla y ofrece por la humanidad el acto de amor más grande de entrega”, afirma.

El prelado asegura en su columna que imitar a María en estas virtudes “es la tarea de la Iglesia en su vocación de evangelizar”, pues “transmitir a Jesucristo a otros es la obra de caridad más grande que podemos hacer”.

Fuente: www.aciprensa.com

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