
Niñas de la Villa cantando en grupo. / Crédito: EWTN Noticias
Ivonne sueña con convertirse en ingeniera en electrónica. Paloma imagina un futuro como repostera. Teodora, por su parte, quiere dedicarse al diseño de moda. Son metas que, para muchas adolescentes provenientes de contextos vulnerables en México, podrían parecer sólo sueños sin oportunidades, como las que sí ofrecen la Villa de las Niñas.
Así como ellas, 3.200 menores viven y estudian en esta institución ubicada en el municipio de Chalco, en el Estado de México. Fundada por el hoy venerable P. Aloysius Schwartz y administrada por la congregación de las Hermanas de María, la obra ha transformado la vida de miles de jóvenes.

Entre ellas se encuentra la hermana Viviana, quien antes de vestir el hábito fue alumna de la institución y ahora acompaña a quienes llegan buscando una oportunidad. En entrevista con ACI Prensa, explicó que la misión de la Villa consiste en “ayudar a los niños más pobres o que están en escasez de recursos”.
Según relató, el P. Schwartz deseaba que aquellos menores que difícilmente podrían superarse debido a las limitaciones económicas “se les pudiera guiar de una manera espiritual, académica y fortalecer también sus valores”.
“Principalmente, lo que nosotros buscamos es que estas niñas y niños puedan salir de sus lugares de origen, prepararse de manera académica y posteriormente regresar a sus lugares de procedencia para ayudar a sus familias”, señaló.

La escuela que también es un hogar
El día en la Villa de las Niñas comienza temprano. La hermana Araceli, quien ingresó a la Villa de las Niñas a los 12 años y actualmente atiende a las alumnas, explicó que las estudiantes siguen una rutina que combina estudio, labores comunitarias y actividades deportivas.
A las 6 de la mañana las chicas se levantan y una hora después desayunan. Antes de iniciar las clases, colaboran en diversas tareas comunitarias: lavan trastes, barren, limpian espacios comunes y ayudan en el mantenimiento de las instalaciones.

Las actividades académicas comienzan a las ocho de la mañana y se extienden durante gran parte del día. En el bachillerato, las jóvenes pueden elegir entre distintas carreras técnicas como manufactura, gastronomía, informática, contabilidad, electrónica e industria del vestido. Próximamente también podrán formarse en enfermería.
A la par con los estudios, el deporte ocupa un lugar importante en la rutina diaria. Natación, balonmano, hockey, fútbol, básquetbol y atletismo forman parte de las opciones disponibles para las alumnas.

Para Teodora Itzel Escalante Baltazar, de 16 años, una de las cosas que más le gusta es la convivencia diaria con otras niñas. Como ella misma resume, “aquí todas hacemos de todo”. Desde jugar hasta rezar, todo lo hacen juntas.
La fe como motor
La educación en la fe no es algo que se enseñe como una materia más, sino que se integra en cada aspecto de la vida diaria que ayuda a las menores a salir adelante.
Nathalí Fabiola Galván González, de 17 años, aseguró ser “plenamente consciente” de que su relación con Dios la impulsa cada día. “Mi fe me ha ayudado a poder crecer espiritualmente y [así] afrontar lejos mis problemas, pero siempre orando por mi familia y por todos los problemas que hay en casa”, resaltó.

En este sentido, la Hermana Viviana considera que ese acompañamiento es esencial. En su experiencia, sin importar que tanto se haya sufrido en el pasado, es importante enseñar que la “verdadera felicidad la vamos a encontrar en Dios”.
Por ello, insistió en que, aunque existen bienes materiales importantes como la salud o la propia vida, “Dios es el centro de todo y es lo que queremos que nuestras niñas comprendan”.
La Villa también se ha convertido en un espacio para promover vocaciones religiosas. Desde tercero de secundaria se forman grupos de discernimiento para aquellas jóvenes interesadas en conocer más sobre la vida consagrada.

Paloma Guadalupe Magaña Hernández, de 14 años, ha aprendido que con fe es posible superar los errores que se cometen en la vida para “no quedarte en un mismo lugar, sino avanzar y seguir adelante teniendo en mente que hay un Dios y que ese Dios siempre está contigo”.
Salir adelante a pesar de todo
La labor que realizan las Hermanas de María adquiere especial relevancia en un país donde millones de menores enfrentan condiciones adversas. De acuerdo con datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), en 2020 alrededor de 19.5 millones de personas menores de 18 años vivían en situación de pobreza.
A ello se suma que, según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), hasta 2018, cerca de 4.000.000 de niños y adolescentes no asisten a la escuela, mientras que apenas 4de cada 10 jóvenes en pobreza extrema continúan estudiando después de concluir la secundaria.

Por ello, el proceso de admisión que realizan las Hermanas de María busca identificar a quienes realmente necesitan más apoyo: durante varios meses, las religiosas visitan comunidades previamente seleccionadas para evaluar las condiciones de las aspirantes. Muchas de ellas provienen de lugares donde escasean servicios básicos como el agua o la electricidad.
La Hermana Araceli recordó que las niñas suelen llegar con “una cara triste o dificultades de adaptación”. Conforme va pasando el tiempo “se van adaptando y al final ellas reflejan una confianza, una alegría, una emoción de que hay cosas nuevas que aprender todos los días”.

Ivonne Xitlanihuatl Castillo es una de estas niñas. Si bien reconoció que dejar a su familia y comenzar una nueva vida lejos de casa fue una experiencia difícil, lo que la impulsa son sus ganas de “sobresalir y seguir; sacar adelante a mi familia”.
“Es lo que siempre he querido y también crecer como persona es lo que más me motiva”, subrayó.
El modelo de las Hermanas de María no se limita a México. Además de la Villa de las Niñas en el Estado de México tienen una casa para varones en Jalisco, existen instituciones similares en países como Guatemala, Honduras, Filipinas, Brasil, Tanzania y Corea del Sur, país donde comenzó la obra.
“Aprendí que nuestra Iglesia está viva y que tiene una especial preocupación maternal por los pobres”, indicó el P. Caleb Krischke, sacerdote de la Diócesis de Victoria, Texas (Estados Unidos), quien pasó una semana en la Villa de las Niñas acompañándolas en la celebración de los sacramentos.
El sacerdote animó a los fieles católicos a apoyar obras de caridad que tiene la Iglesia Católica por todo el mundo, ya que “nuestro Señor Jesucristo mismo se identificó con los pobres, con aquellos que claman desde lo más profundo de su corazón por ayuda y asistencia”.

Para donar a la Villa de los Niñas puedes hacerlo a través del siguiente enlace.
Fuente: www.aciprensa.com






