
Sin experiencia alguna en este tipo de situaciones, estos jóvenes ponen en riesgo su integridad física, encarnando las palabras del Señor en el Evangelio: “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos”. / Crédito: Andrés Henríquez/EWTN.
Los terremotos que golpearon a Venezuela este miércoles, devastando la ciudad de La Guaira y afectando gravemente a Caracas y otras ciudades, han sacado a relucir lo mejor del pueblo venezolano y han desmontado, aún en medio del dolor que deja una tragedia de enormes proporciones, el mito de que este es un país dividido.
Según el último boletín de las autoridades del gobierno interino, emitido al mediodía de este viernes, la cifra oficial de fallecidos alcanza los 920 mientras que se contabilizan más de 3.000 heridos. Estimaciones de las Naciones Unidas, por otra parte, señalan que hasta 50.000 personas podrían estar desaparecidas.
¿En dónde queda la esperanza cuándo abunda el sufrimiento y la muerte? Los jóvenes venezolanos dan respuesta con un servicio heroico y desinteresado por las víctimas y por sus seres queridos.
Amigos que arriesgan la vida por los amigos, aunque sean desconocidos
Los muchachos son mayoría en torno a los edificios que se han derrumbado en Caracas. Demostrando una enorme valentía, jóvenes de entre 18 y 30 años han llegado voluntariamente hasta los lugares del desastre para colaborar, de cualquier manera posible, con los cuerpos de rescate.
Lo común es que lleguen en grupos pequeños y medianos. Son amigos que se han puesto de acuerdo para comprar cascos, guantes, palas, cinceles y otras herramientas con las que sea un poco más fácil romper y mover las enormes losas de concreto, las vigas de hierro y los escombros que han sepultado a decenas de personas.
Sin experiencia alguna en este tipo de situaciones, estos jóvenes ponen en riesgo su integridad física, encarnando las palabras del Señor en el Evangelio: “No hay mayor amor que dar la vida por los amigos”, aún y cuando estos “amigos” sean completos desconocidos.
“Soy una persona sana. Tengo los dos brazos, las dos piernas, me siento útil y de verdad estoy cansado de que la gente espere que nos vengan a salvar, nos tenemos que salvar nosotros mismos”, dice Héctor Lezama a ACI Prensa.
Héctor es uno de los voluntarios que trabajan en el sector de Los Palos Grandes, en el este de Caracas, donde el miércoles se desplomó por completo un edificio residencial de catorce pisos: Residencias Petunia.
“Simplemente es iniciativa propia, conciencia. A esta gente que está aquí en los edificios no los conozco de nada, pero yo sé que tienen familia, que hay gente preocupada por ellos y, entonces, es simplemente querer ayudar”, añadió el joven.

Héctor reiteró que los venezolanos no pueden esperar a que “el gobierno actúe” o a que llegue la ayuda de otros países, porque “cada segundo cuenta” y la diferencia entre la vida y la muerte de una persona puede estar en la voluntad de ponerse en acción sin esperar que otros lo hagan primero.
“Nosotros somos el futuro del país y también el presente, en este momento en el que más nos necesita. Hay que poner de nuestra parte”, aseguró.
Amigos que buscan a sus amigos atrapados
Pablo Gómez llegó a la zona con otro grupo, porque tiene amigos atrapados debajo de los escombros. Desde el primer momento decidieron organizarse y también lograron comprar insumos y materiales para escarbar ellos mismos entre los escombros.
“Queremos ayudar en lo más posible porque es una tragedia”, dijo a ACI Prensa.

Pablo no duda al destacar la labor de los jóvenes venezolanos en medio de la tragedia y asegura ser testigo de primera mano del empuje y la urgencia por servir que se ha despertado en la gente de su edad.
“Me ha parecido algo muy bonito, todo el mundo ha sido solidario y ha tratado de ayudar en lo que pueda. Ha sido algo supremamente importante”, señaló.
Más testimonios de la heroica juventud venezolana
La necesidad de ayudar se ve potenciada por la inoperancia de un sistema que nunca ha puesto el bienestar de los ciudadanos como prioridad. En Venezuela, los cuerpos de rescate y los organismos de seguridad trabajan con muy escasos recursos, por lo que los operativos de salvamento se han retrasado considerablemente.
En redes sociales abundan las denuncias: personas sepultadas por demasiadas horas que han fallecido porque no estaban disponibles las herramientas necesarias o sencillamente nadie nunca llegó a socorrerlos.
En la zona cero de La Guaira, completamente destruida por el terremoto, el caos es total porque la presencia del Estado es nula. Es en este lamentable escenario donde el venezolano de a pie —con los jóvenes a la cabeza— decidió hacerse cargo, excavando con sus propias manos, quitando escombros gigantescos con una cuerda y la fuerza bruta de un puñado de hombres, o simplemente acompañando a quien más lo necesita.
Nelson Moreno, voluntario también en Los Palos Grandes, con mucha humildad le resta importancia a su labor, asegurando que “es simplemente un acto de solidaridad” que sencillamente surge de entender “que estamos viviendo una circunstancia que amerita de todos”, cada uno “ayudando y sirviendo” con lo que pueda.
“Es algo que nace de una situación bastante delicada que, de alguna u otra forma nos sacude y nos interpela. Quiero venir acá para aportar lo poco o lo mucho que pueda a las personas que lo necesiten, sean las víctimas o los cuerpos de rescate”, agregó.

Esta inquietud que impidió a Nelson quedarse tranquilo en su casa es el factor común que comparten todos los jóvenes voluntarios, tal y como señala José Miguel Ferrer, quien también compartió sus impresiones con ACI Prensa:
“No hay otra cosa que podamos hacer. Creo que quedarse en casa tragando moscas, pudiendo hacer otra cosa, es una acción muy egoísta. Mi cabeza no se podía quedar quieta viendo que la ciudad está destruida, que La Guaira está destruida y teniendo tantas personas que están pasando por vicisitudes: me rompe el corazón”, dijo.

La iniciativa de estos jóvenes es tan solo el reflejo de una sociedad que, ante el desastre, se ha unido para atender a los afectados y a las víctimas de muchísimas maneras. De manera especial, la Iglesia Católica ha habilitado diferentes centros de acopio y ha convocado a una Jornada Nacional de Oración, este domingo 28 de junio, para rezar por las víctimas, por sus familias y por todo el país.
“Tengo muchas personas afectadas en Caracas y en La Guaira, y este es mi granito de arena y lo que puedo hacer, desde mi punto de vista, para colaborar”, añadió José Miguel.
Las mujeres también han decidido colaborar, atendiendo a los afectados e incluso moviendo los escombros. Laura llegó con su grupo de amigos e hizo un llamado a quienes aún no se deciden a ayudar, pidiéndoles ponerse al servicio de quien más lo necesita.

“Me parece muy importante la unión y que todos podamos colaborar de la mejor manera, con nuestras habilidades y con lo que podamos. Hay muchas personas afectadas y las personas que no resultaron afectadas podrían venir a ayudar. Quise formar parte de esa labor, como muchas personas que están aquí”, dijo.
Fuente: www.aciprensa.com






