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Caen las cifras de migrantes en México, pero un sacerdote revela lo que queda fuera de los registros


Vías del ferrocarril cerca de la parroquia Nuestra Señora de la Asunción, en la ciudad de Puebla. Durante años, muchos migrantes han utilizado el sistema ferroviario de carga conocido como “La Bestia” para avanzar hacia el norte de México. | Crédito: David Ramos/EWTN News.

Las cifras oficiales muestran una caída drástica de la migración irregular en México, así como de los encuentros de migrantes indocumentados con autoridades estadounidenses en la frontera norte. Aunque esta tendencia también se refleja en el número de personas atendidas por albergues católicos, para un sacerdote que las acompaña desde hace más de una década hay una realidad que queda fuera de los registros: rutas menos visibles, más costosas y expuestas a las redes del crimen organizado.

En México, de acuerdo con cifras de la Unidad de Política Migratoria, Registro e Identidad de Personas, los eventos de personas en situación migratoria irregular pasaron de más de 1,2 millones en 2024 a 155.730 durante 2025. Hasta mayo de este año han sumado 18.083 casos.

Del lado estadounidense, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP, por sus siglas en inglés) contabilizó 443.671 encuentros en la frontera suroeste durante el año fiscal 2025, frente a 2,1 millones del año anterior. En lo que va del año fiscal 2026, la cifra asciende a 90.121.

Ubicada a mitad del camino de quienes buscan llegar al norte del continente, en Puebla también se percibe ese descenso en el número de migrantes que llegan a pedir auxilio a los albergues católicos.

En los tres albergues de la Arquidiócesis de Puebla se atendió a 1.200 migrantes durante 2023, señala el P. Alberto Vivar León a ACI Prensa. Dos años después, en 2025, la cifra fue de 145.

El sacerdote, párroco de Nuestra Señora de la Asunción, en el norponiente de la ciudad de Puebla, estima que durante la primera mitad de 2026 han atendido alrededor de 60 migrantes. Ordenado hace casi 15 años, ha dedicado los últimos 11 años a acompañar a personas migrantes.

Su cercanía con los migrantes comenzó en la parroquia de San Felipe de Jesús, en Hueyotlipan, dentro de cuya jurisdicción se encuentra la Terminal Central de Autobuses de Pasajeros de la Ciudad de Puebla (CAPU), que durante años ha servido como punto de paso para muchos migrantes que continúan su recorrido hacia el norte.

Tanto esa parroquia como Nuestra Señora de la Asunción —de la que es párroco desde finales de 2021— se encuentran cerca de las vías del ferrocarril —conocido por muchos como “La Bestia”—, otro de los medios de transporte que históricamente han utilizado muchos migrantes, pese a los riesgos que implica viajar sobre vagones de carga.

El P. Alberto Vivar León muestra un mapa de la red de albergues para migrantes en México durante una entrevista con ACI Prensa en Puebla. | Crédito: David Ramos/EWTN News.
El P. Alberto Vivar León muestra un mapa de la red de albergues para migrantes en México durante una entrevista con ACI Prensa en Puebla. | Crédito: David Ramos/EWTN News.

Más allá de las cifras

Aunque las cifras apuntan a una disminución del flujo migratorio, el P. Vivar León asegura que eso no significa que las personas hayan dejado de intentar llegar a Estados Unidos. “El tráfico sigue”, afirma, “quizá no tantos como antes, pero siguen pasando. En México sigue pasando gente”.

El sacerdote considera que las políticas implementadas por los gobiernos de Donald Trump en Estados Unidos y de Claudia Sheinbaum en México han contribuido a una “disminución natural del número de personas porque no podían pasar tan libremente”. Sin embargo, sostiene que también dieron lugar a que “el crimen organizado utilizara esa situación y comenzara a hacer negocio con ellos”.

Los criminales “se organizan, cobran para que puedan pasar», denunció. Según los testimonios que ha recibido, actualmente les exigen “entre 6.000 y 7.000 dólares para poder atravesar México”.

“El crimen organizado sí se metió en ese negocio, y son los que siguen aprovechándose”, reiteró.

Un cambio importante en el camino de los migrantes

A lo largo de los años de su labor pastoral, el P. Vivar León ha visto un cambio importante “en la cuestión del transporte”.

Antes, dijo, “se subían al tren” para aprovechar las rutas que los llevaban hacia el norte. Sin embargo, desde 2018 y 2019 es una decisión que muchos evitan, cuenta, “porque se suben los narcotraficantes con armas largas, cobran y al que no pague lo avientan del tren”.

Esa información comenzó a correr entre los migrantes, por lo que “empezaron a tomar autobuses”, pero luego las autoridades mexicanas incrementaron las revisiones de documentos para quienes viajan por el país.

Desde entonces “empezaron a ver otro tipo de autobuses y demás”, explicó. Para el sacerdote, el resultado fue que muchos migrantes comenzaron a depender de quienes ofrecían rutas alternativas, algunas de ellas controladas por grupos criminales.

En esos caminos, asegura el P. Vivar León, algunos migrantes terminan siendo víctimas de estafas, abusos e incluso situaciones de trabajo forzado.

El P. Alberto Vivar León ha dedicado los últimos 11 años al acompañamiento de personas migrantes en Puebla. | Crédito: David Ramos/EWTN News.
El P. Alberto Vivar León ha dedicado los últimos 11 años al acompañamiento de personas migrantes en Puebla. | Crédito: David Ramos/EWTN News.

La violencia, una constante en el camino migrante

Uno de los casos que recuerda el sacerdote mexicano es el de un grupo de cinco o seis jóvenes a los que les aconsejó desconfiar de quienes intenten ofrecerles ayuda, “porque la gente está viendo de dónde vienes y quién eres”.

“No me hicieron caso (y) se los llevó una camioneta”, dijo. “Los llevaron a un rancho. Ahí los tuvieron trabajando como 15 días sin pagarles” y apenas les daban de comer.

“Un día, como pudieron, se escaparon. Volvieron al albergue (…) y dicen ‘padre, tenía usted razón’”.

Los criminales, alertó el presbítero, “están pendientes en las paradas de autobuses”, como es el caso de la CAPU, donde “hay varios que están buscando asaltar justo a migrantes”, porque son fáciles de reconocer “y saben que, si los asaltan, no van a gritar”, porque las autoridades “los van a deportar”.

También recordó a un migrante que fue retenido en San Luis Potosí y fue víctima de abusos sexuales a manos de criminales. Según el sacerdote, la víctima logró escapar cuando sus captores le pidieron preparar el desayuno. Aprovechó un descuido, huyó descalzo y, tras recibir ayuda de varias personas, consiguió llegar al albergue en Puebla. “Fue una situación muy, muy fea; y de aquí le pagamos un pasaje hasta Tapachula”, al sur de México, “y de ahí para seguir hacia su país”.

La parroquia Nuestra Señora de la Asunción, en el norponiente de la ciudad de Puebla. Su párroco, el P. Alberto Vivar León, coordina allí la atención a personas migrantes. | Crédito: David Ramos/EWTN News.
La parroquia Nuestra Señora de la Asunción, en el norponiente de la ciudad de Puebla. Su párroco, el P. Alberto Vivar León, coordina allí la atención a personas migrantes. | Crédito: David Ramos/EWTN News.

La respuesta de la Iglesia

Frente a la realidad del sufrimiento de los migrantes, el P. Vivar León destaca que la Iglesia continúa sosteniendo albergues donde reciben alimento, ropa, atención médica y un lugar donde descansar antes de continuar su camino.

“El gobierno no tiene albergues de migrantes, es la Iglesia la que tiene albergues de migrantes a lo largo de todo el país. (El Instituto Nacional de) Migración tiene centros de detención, no son albergues”, subrayó.

Estos albergues, subrayó, no reciben “ninguna ayuda de parte del gobierno”. Años atrás, cuando ocurrieron las multitudinarias caravanas de migrantes, las autoridades “mandaban algunas cosas, y nosotros nos encargamos de lo demás”, pero “hubo un distanciamiento a partir de 2018 para acá, con los nuevos gobiernos, porque ya no hubo ese apoyo”.

El sacerdote explicó que los albergues ofrecen hospedaje por una o dos noches, alimentos, atención médica y ropa. Además, gracias a un bazar organizado por la comunidad parroquial, logran reunir recursos que en muchos casos les permiten ayudar también con el costo del pasaje.

Sin embargo, la asistencia a los migrantes no es algo que deba restringirse a los albergues católicos, sino a todo creyente, subrayó, pues cada cristiano debe “tratar de ayudar”.

La limosna, dijo, no es dar de lo “que me sobra”, sino que se trata de “dar lo justo”: “Da tu limosna, pero la limosna en el sentido de darle lo necesario. Si tienes alguna ropa, si tienes una chamarra, dásela”.

“Si tienes que darle de comer, yo creo que no te pasa nada si le das una comida completa”.

“Ayuden en lo que puedan y de ahí, pues sí, mándenlos a los albergues que tenemos y ya veremos qué más podemos hacer”, añadió.

El migrante, dijo, “no salió de casa por gusto (…), no se está aguantando días sin comer y dormir en la calle por gusto”, sino “por necesidad, porque no tienen de otra” y “buscan un sueño, buscan sacar adelante a la familia”.

Fuente: www.aciprensa.com

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