InicioActualidadGrupo de los Jueves y su legado en Santo Domingo

Grupo de los Jueves y su legado en Santo Domingo

Desde hace más de medio siglo el golpe de las copas, el sonido de los cubiertos sobre los platos y las voces que se cruzan sin elevar el tono se repiten cada jueves.

No es una junta administrativa, tampoco una peña ni una tertulia política. Es el Grupo de los Jueves, un círculo de profesionales de República Dominicana que nació en 1971, en medio de los 12 años del gobierno de Joaquín Balaguer y cuando disentir, para los jóvenes, costaba la libertad e incluso, la vida.

Hoy, la mayoría de sus integrantes supera los 70 años. Algunos rondan los 80. El país cambió bastante. Atrás quedaron las épocas de convulsión y de sangre, pero cada jueves se sientan alrededor de una mesa en un restaurante de Santo Domingo para hacer lo mismo que cuando eran unos muchachos.

Durante dos horas, casi una veintena de hombres hace algo que parece cada vez más inusual en tiempos donde las redes sociales promueven la confrontación y el odio. Ellos representan una rareza.

Nacimiento

Para entender el grupo hay que volver a 1971.

Las persecuciones políticas, la violencia y la presencia de la Banda Colorá marcaban la vida pública. Muchos jóvenes sentían que solo existían dos opciones. Alinearse con el poder o enfrentar las consecuencias.

El empresario Frank Rainieri, líder del grupo, todavía recuerda la conversación que tuvo con sus amigos Eduardo y Fernando Gutiérrez, Colorado y Joselín Miniño.

“Yo decía que eso no podía ser. Había que construir una democracia y mantener unidos a los jóvenes alrededor de principios y valores”, cuenta.

Fue Miniño quien recordó una experiencia que conoció durante sus estudios en México. Un grupo de estudiantes del Tecnológico de Monterrey se reunía con periodicidad para discutir ideas y aprender unos de otros.

La propuesta de Ranieri surgió casi de inmediato.

“Reunámonos todos los jueves”.

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Frank Raineri, empresario turístico. (DIARIO LIBRE/JUAN GUIO)

Las primeras reglas fueron simples. Los integrantes debían tener menos de 30 años. Ninguno podía pertenecer a un partido político. Y el respeto sería innegociable.

Las primeras reuniones se efectuaron en El Mesón de la Cava, entonces propiedad de Rainieri.

El dinero no sobraba. Había papas fritas, refrescos y, si alguno tenía unos pesos de más, invitaba una botella de ron. Las reuniones terminaban antes de las ocho de la noche para dejar libres las mesas del restaurante a quienes sí pagaban.

Comenzaron siendo cuatro. Luego fueron seis. Después ocho.

Y todavía crecen.

El grupo conserva el mismo propósito con el que nació hace 55 años. Mantener un espacio donde las ideas puedan discutirse sin convertir las diferencias en enemistades.

Regla importante

En cinco décadas y media cambiaron los restaurantes, aumentó el límite de edad para admitir nuevos miembros y aparecieron los teléfonos inteligentes.

No obstante, la filosofía sigue intacta.

Uno que otro jueves invitan a un protagonista de la vida nacional para dialogar.

Aquí nadie llega a leer un discurso. Los invitados van a responder preguntas y a “contestar lo que les da la gana”.

Los integrantes escuchan y participan, aunque las diferencias son inevitables. Lo único que no se permite es el irrespeto.

“Cuando uno respeta al otro, primero lo escucha. Y escuchar también es una forma de aprender”, resume el ingeniero electromecánico Gabriel Aldebot, uno de los miembros más antiguos.

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Gabriel Aldebot, ingeniero electromecánico. (DIARIO LIBRE/ JUAN GUIO)

El círculo reúne empresarios, médicos, arquitectos, ingenieros, economistas, comerciantes y profesionales de distintas áreas.

En contadas ocasiones, negaron la permanencia a personas involucradas en temas indebidos.

Ranieri, como líder del grupo, se encarga de esos menesteres. “Penosamente me corresponde a mí”, comenta. Mientras que uno de sus compañeros bromea y menciona que están bajo “la dictadura popular de Frank Ranieri”.

No obstante, ese tipo de tragos amargos pasó muy poco. Asumir un cargo en el Gobierno constituye otro de los motivos de salida del grupo. También convertirse en político partidista.

“Automáticamente esa persona trae su agenda y sus posiciones de gobierno. Lo obligaríamos a hablar mal de algo o si invitamos a un político de la oposición se cohibiría de hablar delante de esa persona”.

Presidentes

Por el Grupo de los Jueves pasaron todos los mandatarios de la República desde la década de 1960. Balaguer fue al único que visitaron. Cuando perdió la vista, los integrantes se trasladaron hasta su hogar.

También acudieron figuras como José Francisco Peña Gómez, embajadores, intelectuales y especialistas de todas las disciplinas.

En una de las visitas de Peña, se dieron cuenta que detrás de una de las puertas del lugar en que se encontraban habían dos personas espiándolos. “Eran calieses. Salimos y los perseguimos”.

Página llena

El momento más doloroso llegó el 17 de marzo de 1975.

El periodista Orlando Martínez, quien perteneció al grupo, se sentó con ellos un jueves. Lo asesinaron cinco días después.

Durante años el grupo evitó pronunciamientos públicos. Sin embargo, aquella vez hizo una excepción. Publicaron durante un año un comunicado reclamando el esclarecimiento del crimen. Las amenazas florecieron, pero no desistieron.

Las pérdidas también llegaron con el paso del tiempo. Despidieron compañeros, esposas, hijos y amigos.

Dentro de la mesa

Un jueves pueden debatir sobre genética. Al siguiente sobre narcotráfico, economía, educación o política internacional. Hablan de religión, béisbol, política y dinero.

Temas que, por tradición, se evitan para no tener desacuerdos.

Pero aquí ocurre algo distinto. Ninguno busca ganar la discusión, sino entender el porqué y conformar su propio criterio. David Paiewonsky, ingeniero civil con 40 años en el grupo, sonríe cuando resume la experiencia.

“Desde que llega el lunes espero que llegue el jueves. Uno aprende muchísimo, pero además nos reímos. Eso también hace falta para la salud mental”.

Para el arquitecto Gustavo Luis Moré (Cuquito), el mayor privilegio consiste en sentarse a escuchar personas brillantes de disciplinas distintas a la suya. Mientras que el cirujano plástico Luis Andrés Cordero asegura que muchas de sus mejores decisiones personales y profesionales nacieron de conversaciones sostenidas en esa mesa.

Y el economista Luis Canela cree que existe una agenda permanente que atraviesa todas las discusiones y que le hace sentir orgullo de pertenecer. “La agenda se llama República Dominicana”.

Continuidad

El grupo nunca tuvo estatutos formales. La mayoría de sus reglas son verbales. No faltar tres jueves consecutivos sin una razón válida. No utilizar el espacio para promover intereses partidarios. La única escrita, aseguran, respetar la confidencialidad de las conversaciones.

Algunos miembros tuvieron que salir al asumir cargos públicos o militar en partidos políticos. Otros se mudaron al extranjero. Pero la renovación nunca se detuvo.

Durante la pandemia tampoco dejaron de reunirse. Las conversaciones continuaron por videoconferencia y hasta recibieron invitados internacionales, entre ellos el embajador de China.

En 55 años pasaron por 14 lugares distintos. Aun así, el jueves todavía es el rey.

Resistencia

Al final de la noche las copas quedan vacías y los platos desaparecen. Cada uno vuelve a su rutina hasta la semana siguiente. No suelen verse fuera de ese espacio. Los mantiene unidos la idea de que la democracia también se construye alrededor de una mesa.

Quizá por eso, cuando les pregunto sobre el secreto para sobrevivir durante 55 años, nadie habla de liderazgo, prestigio, riquezas o influencia.

Mencionan la palabra respeto y quieren servir de ejemplo para que se creen otros grupos en los que sea posible discrepar, escuchar y volver a sentarse juntos siete días después.

 

Conversaciones de la mesa

Después de 55 años de reuniones, los integrantes coinciden en que son las anécdotas personales, más que las grandes discusiones, las que mejor retratan el espíritu del Grupo de los Jueves.InesperadoCuando el empresario Iván Mejía, presidente del Grupo Ramos, recibió la invitación para integrarse al círculo, pensó que había algún error. “Cuando vi quiénes lo conformaban me pregunté: ‘¿Y yo qué hago aquí?’. Lo primero que pensé fue que alguien había hackeado el sistema”, recuerda entre risas.Con el tiempo entendió que el criterio para entrar nunca fue la notoriedad ni la profesión, sino compartir una forma de entender el diálogo.“Cuando conoces a cada uno de ellos descubres que lo que los une son los valores. Uno cree que el éxito depende de otras cosas, pero aquí termina entendiendo que los valores también construyen una trayectoria”.Para cenarEn este grupo hay un código que siempre provoca sonrisas.Cuando el economista Alejandro Espaillat levanta la mano para hacer una pregunta al invitado de turno, alguno de los presentes advierte con humor que cuando Alejandrito habla da tiempo a que el invitado coma.Espaillat comienza con la pregunta, luego ofrece el contexto, desarrolla su propio análisis, comparte su respuesta y, luego, le cede la palabra al invitado.La broma se repite durante años y forma parte del ritual de cada jueves.EspaciosVarios restaurantes presenciaron la historia del grupo.Pasaron por El Mesón de la Cava, Neón, El Vesubio, La Fromagerie, Cantábrico, Bottega Fratelli y otros establecimientos más.

Fuente: www.diariolibre.com

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