
Bienaventurados / Crédito: Cortesía Teru Terán
En 2015, Teresa “Teru” Terán tenía 20 años. Había vivido una infancia muy vinculada a la música, pero no lograba proyectar eso a su futuro profesional, cuando en el colegio donde trabajaba como preceptora le encomendaron la tarea de hacerse cargo del coro de alumnos del nivel secundario, un proyecto que con el tiempo se convertiría en “Bienaventurados”, y que hoy acompaña a los jóvenes de Buenos Aires en un ciclo de adoración, música y formación católica.
Su vínculo con la música comenzó muy temprano: “Con mis hermanos estudiamos violín durante seis años, yo estudié desde los cuatro años hasta los diez. Después, por un tiempo lo dejé, pero retomé cuando era adolescente y empecé a tocar la guitarra, después el piano, después a cantar”, relata Teru.
“A fines de secundaria me planteé seriamente que Dios me estaba llamando para que sea algo más que un hobby, algo más profesional, pero no me animé. Al principio me dio un poco de miedo y elegí hacer Educación Física por un año, porque era otra carrera que tenía en mente», recuerda.
La música, una herramienta de transformación
Cuando terminé ese año, por una experiencia muy puntual que tuve con la música, me di cuenta de que Dios me estaba llamando a ser instrumento de paz”, revela. “Esa frase me quedó resonando luego de ver lo que generaba la música en la gente, la transformación en las personas, cómo los enriquecía poder vivir eso”.
“En ese momento caí en la cuenta de que la música realmente tiene algo muy especial que yo no estaba sabiendo ver… lo tenía muy naturalizado y lo quería dejar como hobby porque no lo podía proyectar como algo profesional”.
Cuando comenzó a dirigir el coro del colegio, Teru empezó a buscar canciones católicas para los ensayos en plataformas online, pero no encontraba versiones adecuadas, y “siempre terminaba grabando yo las cosas”, recuerda.
Por eso, al ver los frutos “tan lindos y tan ricos” que surgían del trabajo del coro, Teru pensó: “Esto no puede quedar acá”, y buscó la manera de promoverlo.

Si Dios quiere que se haga, se va a hacer
“Esa fue una de las cosas que a mí me hizo despertar un poco mi vocación de productora musical”, relata Teru, y resume: “La razón por la cual estudié la carrera es por este proyecto, por Bienaventurados. Fue este sueño de Bienaventurados lo que me animó a decir: ‘Dios me va a ayudar en esto. Si Él quiere que esto se haga, se va a hacer, porque yo no tengo ni idea cómo vivir de esto’”.
A los pocos meses, ese camino la acercó a la composición de canciones propias. Así comenzó a tomar forma el proyecto, ya con un propósito más firme: “Evangelizar a través de la música”.
El nombre Bienaventurados nació por inspiración del himno de la JMJ 2016: “Lo habíamos empezado a cantar mucho en el coro, y los chicos, en chiste, empezaron a decir Bienaventurados”, señala.
“Después, en una juntada, habíamos pensado opciones, y todos votamos Bienaventurados, porque nos sentimos muy identificados con el mensaje”.
Un camino de discernimiento
“Desde 2016 hasta el 2021, fue todo un camino de discernimiento, de cómo lanzar el proyecto, de soñarlo, de tomar decisiones para responder al llamado de hacer un canal de música católica”.
En el primer tiempo, “estábamos los chicos del coro, el Espíritu Santo y yo”, bromea Teru, y todo transcurría dentro del colegio. De a poco, la joven empezó a mostrarles sus canciones a algunas amigas. “Una amiga las mostró en su coro y las empezaron a cantar, y un día me mandó un audio: estaban cantando ‘A quién iremos’ en una Misa”.
“Me morí de vergüenza, me sentí re expuesta”, recuerda Teru. Sin embargo, cuando notó la repercusión que estaban teniendo las canciones, lo interpretó como una respuesta de Dios que le decía: “Dale, animate”, asegura.
“Ahí empecé a estudiar Producción Musical en la UCA (Universidad Católica Argentina), y ya en mi último año de carrera, en el 2021, me decidí y dije: ‘Bueno, vamos a empezar a producir las canciones’”.
Entre 2021 y 2023 se grabaron varias canciones, ya bajo el nombre de Bienaventurados pero sin la formalidad que tiene hoy a nivel equipo, con áreas delimitadas y personas dedicadas a diferentes tareas.
“Al principio era yo que me contactaba con diferentes amigos diseñadores, o músicos para pedirles una mano, llamé a algunos que eran del coro de secundaria, y era como ir sumando de manera comunitaria, todo muy a pulmón”.
Actualmente, Teru es la directora del coro y fundadora del proyecto, y el equipo se divide en áreas de trabajo: producción musical y coro; redes y comunicaciones; formación y espiritualidad; fundraising; y comunidad y proyectos.
Sin embargo, hoy por hoy, Bienaventurados no es su medio de vida; Teru trabaja como directora en una residencia para universitarias. El sustento para los proyectos de Bienaventurados viene de donaciones que ellos piden personalmente, “pero hoy en día no tenemos un sponsor, por ejemplo, una empresa o una persona que haya querido invertir en el proyecto”, admite.
Por ahora, las plataformas digitales como Spotify o YouTube tampoco les retribuyen lo suficiente para poder sostener parte de la producción musical.
“Ahora estamos empezando a promover cantar en casamientos, en otros sacramentos como algún Bautismo, alguna Confirmación, que ya lo hemos hecho el año pasado, para poder tener algo que nos genere ingresos”, detalla.
Seguir el camino de las Bienaventuranzas
Mirando hacia atrás, Teru identifica como pieza clave para el proyecto el hecho de “que esté conformado por jóvenes, eso hace que uno se pueda contagiar más. Y el espíritu de sentir esa felicidad, que es un poco el camino que nos proponen también las bienaventuranzas, seguir con ese gozo de la fe. Entonces la alegría siempre contagia, y la música viene de la mano con la alegría”.
“Creo que en parte lo que atrae es ese fervor, ese gozo, y creo que es también apostar por una forma de rezar por medio de la música, que la gente en su cotidianidad pueda escuchar esas canciones, no solamente para rezar, sino también para trabajar, para estudiar, para estar entre amigos”.
“Lo llamativo quizá sean también las canciones nuevas, que sea un canal que viene a traer música nueva y católica, que eso para mí es fundamental: que hable de la Eucaristía, que hable de la Virgen María, que hable de los santos, entre otras cosas. Eso para mí es muy importante, que haya más presencia de eso en lo que es la música católica. Porque muchas canciones que cantamos en vida son en realidad, cristianas, que no está mal, obviamente, pero eso también es un desafío a hacer, a aportar”, analiza.
Un 2026 de adoración, música y formación
Bienaventurados comenzó el 2026 con una nueva propuesta, basada en la certeza de que “la música no es el fin, sino que es un medio”. Por eso, cada miércoles a las 20:30 (hora de Argentina) acompañan con su música la Hora Santa en la parroquia Santa Clara de Asís, iglesia San José, en el barrio porteño de Villa Crespo.
“Nos dimos cuenta que, en realidad, el fin tiene que ser Jesús siempre, y por eso decidimos empezar a concretizar los encuentros en adoraciones”, donde la música que produjeron para propiciar espacios de oración, “sea realmente un puente”.
“Queremos que la gente venga a las adoraciones, no para escuchar a Bienaventurados; lo que más queremos es que vengan porque está Jesús presente”.
El ciclo, que va a durar todo el año, incluye una instancia formativa: el segundo miércoles de cada mes, en lugar de adorar, los jóvenes se reúnen a escuchar una charla en torno a la Eucaristía.
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“Lo de las charlas nos parecía que también podía llegar a nutrir como complemento, porque nos parece que es importante hoy en día, con tanta información, tener una sana formación”. La idea es “poder comprender desde la inteligencia, desde la razón, lo que vivimos en nuestra espiritualidad”.
“Lo más importante es brindar herramientas. Nos dimos cuenta que nuestra misión no es solamente ofrecer la herramienta de la música, sino también tenemos esta posibilidad de brindar herramientas desde lo formativo, o hasta quizás enseñar a hacer una adoración, una meditación”, explica. “Son herramientas para vivir mejor la fe”, resume.
Entre los jóvenes, identifica Teru, “hay mucha falta de formación”, y detalla: “Todo lo que es la catequesis se volvió muy laxa en muchos aspectos, muy superficial, y es muy importante esa pata para poder entender muchas cosas también. No del todo, porque nunca lo vamos a entender del todo, pero sí para acompañar los procesos de maduración, de discernimiento”.
“Veo que en los jóvenes tal vez hay en algunos como una crisis de identidad, y no saber cómo discernir para qué estás en esta vida, para qué Dios te está llamando. Y eso lleva a la desmotivación, a estar perdido, a no tener un rumbo, y también puede recaer un poco en cómo vivimos el camino de la fe, de una manera triste, desesperanzada”.
“Jesús nos propone este mapa de las bienaventuranzas, esta forma de vivir la fe como una manera segura de poder llegar al Reino. Creo que falta cierta claridad en el discernimiento y en lo formativo”.
Hacer silencio, leer el Evangelio, formar comunidad
En ese contexto, Teru aconseja a los jóvenes que, para empezar, vayan frente al Santísimo a preguntarle a Jesús qué quiere de cada uno, “porque el mejor para decírselo es Él y en silencio. Hay que escucharlo, hacer silencio y aprender a escuchar”.
“Este año nos estamos replanteando mucho eso, que nuestras adoraciones no sean 100% cantadas. Hacer silencio para Jesús, porque nos quiere decir muchas cosas”.
“Y lo segundo que les diría es que lean el Evangelio de todos los días, porque en esa palabra se concretiza también ese mensaje, y al menos a mí eso es lo que me inspiró a hacer todas las canciones que compuse, son en base a un Evangelio”.
Como tercer consejo, recomienda ser parte de una comunidad. “El camino de la fe no se hace solo, no se puede hacer solo, aunque nos cuesten las cosas comunitarias y haya siempre cosas humanas, poder ser parte de un espacio comunitario creo que es muy bueno. Jesús nos encuentra ahí también”.
“Nos encontramos con Jesús en el otro también, no solamente en el Evangelio”.
Al sintetizar su recorrido hasta hoy con una frase, Teru habla de un “camino de transformación” que siente a nivel espiritual. “Va a sonar cliché, pero estoy cumpliendo realmente un sueño, porque fue un sueño que Jesús me sembró y hoy en día todo lo que está pasando es soñar despiertos, una frase que siempre decimos”.
Hoy, a más de 10 años de aquel llamado, y en plena producción del tercer disco de Bienaventurados, Teru renueva su misión de ser “instrumento de paz” para los demás, ofreciendo herramientas para el encuentro con Jesús.
Quienes deseen asistir al ciclo de adoraciones y charlas pueden acercarse los miércoles a las 20:30 a la parroquia Santa Clara de Asís (Gurruchaga 1014, Ciudad de Buenos Aires).
Para escuchar la música de Bienaventurados, pueden visitar sus canales de YouTube y Spotify
Quienes quieran colaborar con el proyecto pueden escribir por Instagram a @bienaventurados.arg
Fuente: www.aciprensa.com






