Microsoft lleva casi dos décadas intentando demostrar la existencia de los modos de Majorana: cuasipartículas que emergen en ciertos materiales superconductores topológicos y que se comportan como si fueran fermiones de Majorana. El físico italiano Ettore Majorana describió matemáticamente la existencia de estos fermiones en 1937, y desde entonces muchos investigadores se han obsesionado con ellos porque tienen una característica que los hace únicos: son a la vez una partícula y su propia antipartícula.
No obstante, los modos de Majorana con los que trabaja Microsoft no son partículas fundamentales; son fenómenos emergentes en el ámbito de la materia condensada. Su atractivo reside en que si logra dominarlos podría fabricar cúbits intrínsecamente más estables que los de sus rivales y capaces de resistir el ruido externo que hoy lastra a todos los ordenadores cuánticos.
Sobre esa apuesta llegó Majorana 2 a principios de este mes de junio, un nuevo procesador cuántico topológico que incorpora nuevos materiales para crear una fase topológica más estable. Su base científica procede de un artículo publicado en febrero de 2025 en Nature, central para todos los desarrollos posteriores de esta compañía. Sobre ese trabajo, Chetan Nayak, el director técnico de hardware cuántico, anunció que Microsoft había reducido su calendario a la mitad: el objetivo de tener un ordenador cuántico plenamente funcional queda ahora fijado para 2029.
La sombra se cierne sobre la investigación cuántica de Microsoft
La comunidad científica está siendo extraordinariamente exigente con ese artículo y con el programa de investigación que lo rodea. De hecho, esta capacidad de ejercer la crítica y el análisis es una de las fortalezas del método científico. El pasado miércoles, Nature publicó una crítica revisada por pares y firmada por Henry Legg, profesor de física cuántica en la Universidad de St. Andrews (Escocia), que plantea nuevas dudas sobre los fundamentos de ese trabajo. No acerca de un detalle periférico. Sobre sus cimientos.
Y los antecedentes de los de Redmond no ayudan. Dos artículos científicos respaldados por Microsoft ya fueron retirados de Nature. En aquellas ocasiones los editores señalaron además varias alertas sobre posibles problemas en otros dos textos: uno de Nature y otro de Science. Microsoft explicó que los artículos retirados fueron elaborados fuera de sus laboratorios y que no revisó los datos antes de su publicación. Sea como sea, el trabajo de febrero de 2025 cuestionado por Legg es el quinto bajo escrutinio y, a diferencia de los anteriores, no está siendo retirado.
«Es casi como debatir si el vuelo es posible o no, y luego te encuentras junto a un avión. Pues venga, sube y da una vuelta»
La respuesta de Microsoft ha sido contundente. Según Reuters, esta compañía asegura que respalda su investigación y que su programa está llevando a cabo avances prácticos a pesar de las dudas que está suscitando. Nayak lo ha ilustrado con una metáfora: «Es casi como debatir si el vuelo es posible o no, y luego te encuentras junto a un avión. Pues venga, sube y da una vuelta».
La réplica ha sido igual de rotunda. Sergey Frolov, físico de la Universidad de Pittsburgh, apunta a un problema de fondo: Microsoft carece de la evidencia acumulada que respalda a IBM o Quantinuum, rivales que no dependen de la existencia de los modos de Majorana. «Ni Microsoft ni nadie más ha sentado las bases que dejen claro que estos avances basados en los modos de Majorana son plausibles a través de una serie de experimentos fiables», ha declarado Frolov. «Al contrario, tenemos varios artículos que siguen siendo cuestionados en el nivel más básico por distintas personas».
El contexto geopolítico añade una presión adicional. La Administración Trump ha invertido 2.000 millones de dólares en computación cuántica y esta semana ha fijado el objetivo de contar con un sistema funcional para 2028, un año antes del plazo de Microsoft. La carrera es real. La pregunta es si la ciencia que la sustenta también lo es.
Imagen | Microsoft
Más información | Reuters
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La noticia
Microsoft prometió un ordenador cuántico para 2029. Nature publica una crítica que pone en duda su promesa
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Xataka
por
Laura López
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Fuente: www.xataka.com







