
Madre Elena (izquierda) / equipo de servidores de Sicar Perú 2026 (derecha). Crédito: Cortesía de Madre Elena
“Si conocieras el don de Dios…”, el pasaje del Evangelio que inspira el retiro de Sicar, ha dado origen a una de las experiencias de evangelización juvenil más llamativas en América Latina. Nacida del discernimiento de una religiosa mexicana desde su propia búsqueda de Dios, impulsa un movimiento que hoy llega a miles de jóvenes.
Desde su creación en 2016, Sicar ha realizado 38 retiros en México, alcanzando a cerca de 2.000 jóvenes, y siete en Perú desde su llegada en 2023, donde alrededor de 490 personas han participado de este encuentro con Cristo.
Con más de 30 años de vida consagrada, la Madre María Elena Martínez ha dedicado su vida a la formación espiritual de jóvenes y adultos a través de María, Madre del Amor, una comunidad centrada en retiros de impacto espiritual como Emaús —en parroquias y centros penitenciarios— y Sicar, dirigido especialmente a jóvenes adultos.

Su vida, marcada desde la infancia por la búsqueda de Dios, terminaría entrelazándose con una iniciativa presente hoy día en varios países latinoamericanos como México, Guatemala, Paraguay, Argentina y Perú.
“Yo recuerdo de chiquita que tenía mucha sed de Dios”, afirmó en entrevista con ACI Prensa.
Ese llamado inicial se fue profundizando. A los 11 años, recuerda, nació en ella un deseo de agradar a Jesús. “Un deseo de pureza… yo quería vivir la virginidad”, señaló, explicando que rezaba con insistencia a la Virgen para pedirle esa consagración.

Sin embargo, su camino no fue inmediato ni lineal. “La vida religiosa no era algo que me atrajera mucho”, reconoció. En su juventud, atravesó experiencias diversas, desde completar la carrera de Traducción hasta inquietudes espirituales más amplias que la llevaron a probar la vida consagrada con las Misioneras de la Caridad.
Tiempo después intentó con la vida contemplativa de clausura. “Yo quería algo más interior, más profundo”, confesó.
El nacimiento de una inquietud: “¿Y los jóvenes?”
El origen del retiro de Sicar no fue algo programado, sino una respuesta pastoral que fue madurando. Según la Madre María Elena, durante años muchas personas se acercaban con la misma inquietud: “¿Y los jóvenes?, haga algo por los jóvenes’”, le decían.

El Evangelio de la samaritana comenzó a ocupar un lugar central en su oración y discernimiento. El diálogo de Jesús en el pozo de Sicar —“Si conocieras el don de Dios…”— fue el punto de partida para ayudar a los jóvenes a descubrir a Cristo.
“El pasaje de la samaritana era tan rico, tan rico, que de él podía extraer muchísimo”, explicó.
2016: el primer retiro de Sicar
El paso decisivo llegó en 2016, cuando se realizó el primer retiro de Sicar. La Madre María Elena lo recuerda como el inicio de algo pequeño y sencillo,pero lleno de sentido. Jóvenes provenientes de experiencias previas como Emaús fueron los primeros en participar.

Sicar comenzó a expandirse. Tras consolidarse en ciudades como Ciudad de México, Tehuacán y Tecamachalco, en el estado de Puebla, así como San Luis de la Paz (Guanajuato), Veracruz, Mérida (Yucatán) y Cuernavaca (Morelos), la experiencia empezó a cruzar fronteras más allá de México. En 2017 se realizó el primer retiro en Guatemala; en 2018 llegó a Buenos Aires; en 2022 se estableció en Asunción, Paraguay; y en 2023 desembarcó en Perú.
“Ha ido creciendo en muchos lados, rescatando a tantos jóvenes”, afirmó con gratitud la Madre María Elena.
En México se han realizado 38 retiros de Sicar con un promedio de 50 participantes por encuentro, lo que equivale a cerca de 2.000 jóvenes. En Perú, donde la iniciativa llegó en 2023, ya se han desarrollado siete retiros con alrededor de 70 participantes cada uno, alcanzando aproximadamente a 490 personas.

Ottmar Ricalde, servidor de Sicar en México, recuerda que “Sicar significa y ha significado demasiado durante estos 10 años”. “Podría escribir y hablar de todas las historias, todas las risas, todas las lágrimas, pero lo más importante de todo es el amor de Dios que me ha regalado”, afirmó.
“Mi vida siempre se enfocaba en agradar a los demás, pero cuando conocí a Dios y lo mucho que me ama, comencé a querer agradarle a Él”, dijo.
En Paraguay, la coordinadora de Sicar, Fátima Correa, destaca que la experiencia “fue un espacio de crecimiento y renovación. Nos permitió mirar nuestra historia con nuevos ojos”.

“Fue un retiro hecho por jóvenes y para jóvenes, donde cada testimonio reflejó realidades con las que muchos pudimos identificarnos”, agregó.
Desde Argentina, una pareja que participó en el retiro —y que hoy está casada— afirma que Sicar marcó un punto de quiebre en sus vidas. “Llegamos siendo novios y volvimos con el corazón completamente distinto… hoy sentimos que uno de los frutos más grandes fue nuestro matrimonio”.
Perú: un crecimiento en comunidad
En Perú, Sicar llegó en 2023 y desde entonces ha consolidado una comunidad en crecimiento.
Geraldine Spihlman, directora de Sicar en Perú, explicó que la iniciativa surgió al detectar una necesidad en la pastoral juvenil. “Los jóvenes, al llegar a los 24 o 25 años, ya no tenían dónde seguir caminando en la fe”, señaló.

Tras el contacto con la Madre María Elena, se decidió iniciar la experiencia en Lima.
Spihlman destaca que el fruto más visible es la comunidad: “Muchos jóvenes han descubierto que solos es difícil, pero que en comunidad todo es más fácil. Es una comunidad donde se ve cómo se aman”.
“La misericordia de Dios no tiene límites”
Uno de los frutos más comunes en estos retiros es el cambio de mirada hacia los demás.
“La misericordia de Dios no tiene límites”, recordó la Madre María Elena.
En ese encuentro, la transformación no solo es de quienes reciben el retiro, sino también de quienes sirven. “Tu mirada se vuelve misericordiosa. Ya no juzgas a la persona, sino que la ves como hija de Dios”, explicó.
Eros Acevedo, otro joven servidor, afirma que el retiro “fue un encuentro con Dios que lo cambió todo…Llegué cargando heridas y su presencia las tocó. Salí renovado”.

Rafael Mansilla, de 27 años, asegura que Sicar le enseñó a perseverar en la fe. “La fe no es una llama que se apaga, sino una llama constante”, dijo.
Dina Dávila, por su parte, afirma que ha sido el instrumento que Dios usó para llamarle. “El amor que he experimentado en la comunidad me sobrepasa”, añadió.
“Un Jesús vivo”
A través de los retiros, explicó la Madre María Elena, se invita a conocer a “un Jesús vivo”. “Dios sigue actuando, sigue haciendo milagros cada día”, afirmó.
Lejos de grandes planes humanos, asegura que vive el día a día. “Cada día le digo al Señor: un día más te digo que sí”.

El retiro de Sicar, nacido de una lectura contemplativa del Evangelio, continúa expandiéndose allí donde los jóvenes buscan sentido, sanación y una experiencia de fe madura.
Hoy, cada uno de los jóvenes samaritanos que han vivido esta experiencia llevan consigo la frase que marcó su encuentro con Dios: “El que bebiere del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás” (Jn 4,14).
Fuente: www.aciprensa.com






