InicioActualidadPréstamos cuando el banco no llega, aparecen préstamos informales

Préstamos cuando el banco no llega, aparecen préstamos informales

A las 11 de la mañana, Raúl De la Rosa ya ganó 2,500 pesos en la parada de motores donde trabaja, en Santo Domingo Este. Tiene un motor nuevecito de paquete y los clientes lo buscan por su rapidez y el trato amable. Pero una parte de ese dinero ya tiene destino. En cualquier momento aparecerá uno de los cobradores de la ruta de préstamos que cada día recorre la zona.

Raúl paga dos créditos al mismo tiempo. Uno de 5,000 pesos, cuya cuota asciende a 250 pesos diarios durante 24 días, y otro de 25,000 pesos, con pagos semanales de 2,550 pesos durante trece semanas.

Como miles de trabajadores informales, encontró en esos prestamistas ambulantes una solución inmediata cuando la banca formal le cerró las puertas.

Las llamadas “rutas” —guaguas, carros y motocicletas que recorren barrios y comunidades ofreciendo efectivo— han construido una red financiera paralela que abastece a motoconchistas, vendedores ambulantes, colmaderos, saloneras, agricultores, obreros de la construcción y pequeños comerciantes. La rapidez explica buena parte de su éxito. También sus riesgos.

Sangre detrás del efectivo

La facilidad para obtener dinero tiene un costo que va mucho más allá de los intereses.

Información obtenida por Diario Libre, mediante la Ley General de Libre Acceso a la Información Pública, revela que entre 2020 y mayo de 2026 los conflictos relacionados con deudas provocaron 52 homicidios y 110 personas heridas en el país. Solo en 2025 ocurrieron 13 asesinatos y 31 lesionados, mientras que las armas de fuego estuvieron presentes en 102 de los casos registrados.

Uno de los episodios más impactantes ocurrió en enero de este año, cuando fueron hallados enterrados en Santiago los cuerpos de Reini Rodríguez y Rodolfo Martínez, cobradores de una empresa de préstamos, desaparecidos mientras realizaban labores de cobro.

Los expedientes policiales muestran un patrón recurrente: discusiones por deudas, represalias, cobros compulsivos y enfrentamientos que terminan en violencia.

La cobranza del miedo

Raúl conoce perfectamente las reglas del negocio.

“Imagínate una mujer que te diga que no tiene leche pa’ el niño. Hay que buscar los cuartos obligao”, dice entre risas.

Los prestamistas nunca pierden contacto con él. Cuando se quedó sin teléfono celular, uno de ellos le entregó otro equipo por el que todavía paga 200 pesos diarios.

“Ellos nunca pierden. Si uno deja de pagar tres veces, le suben 200 pesos al pago”.

Luego describe la presión psicológica que acompaña el cobro.

“Meten su terror psicológico. ‘Uaa, uaa, te voy a matar’. Pero mentira; nadie quiere matar a nadie”.

En Santiago Oeste el método cambia poco. Allí conocen estas operaciones como Rapiditos o Cuartos Rápidos.

Carmen —nombre ficticio— ha recurrido en varias ocasiones a estos préstamos. Cuenta que los prestamistas empiezan con cantidades pequeñas y, una vez generan confianza, ofrecen sumas cada vez mayores.

“Comienzan con 5,000 pesos. Después prestan 50,000 y hasta 100,000”.

A veces ni siquiera esperan que el cliente solicite el dinero.

“Ellos te dejan una cantidad encima de los muebles y te dicen que la uses”.

Cuando aparecen los atrasos también llegan las humillaciones. Desde grupos que acuden a insultar al deudor hasta comerciantes a quienes les destruyen la mercancía frente a los clientes.

“Lo peor es cuando ponen letreros frente a la casa que dicen: ‘Mala paga, págame mi cuarto’.”

Una banca paralela sobre ruedas

Las rutas dejaron hace tiempo de ser simples prestamistas de barrio. En la región norte existen estructuras que diariamente recorren localidades desde Samaná, Nagua, Cotuí y San Francisco de Macorís hasta Moca, Tenares y Salcedo. En el este llegan a La Romana, El Seibo, Monte Plata y San Pedro de Macorís.

Los cobradores rara vez son propietarios del dinero. Funcionan como intermediarios que reciben comisiones por colocar y recuperar préstamos.

El negocio también se modernizó. Muchos utilizan aplicaciones móviles para administrar las cuentas y emiten recibos mediante dispositivos electrónicos similares a verifones. Antes de prestar investigan discretamente al cliente, aunque casi nunca exigen documentos.

En algunos vehículos viajan hasta cinco personas: conductor, cobradores, secretaria y personal de seguridad.

El vacío que deja la banca

La expansión de estas rutas refleja una limitación persistente del sistema financiero formal.

Don Máximo vende mangos en el Mercado Nuevo de Villa Francisca. Acaba de pagar una cuota diaria de 850 pesos por un préstamo de 30,000 pesos durante 46 días.

“El prestamista solo te pregunta cuánto necesitas”.

Con los bancos, dice, la historia es distinta.

Le exigen garante, referencias, comprobantes de ingresos y varios días de espera para terminar escuchando que no califica o que recibirá menos dinero del solicitado.

“Si solicitas 20,000 pesos, te dicen que calificas para 10,000”.

Víctor conoce el negocio desde el otro lado.

Hace 10 años comenzó prestando pequeños ahorros en Sabana Perdida. Hoy su ruta incluye Los Tres Brazos, Los Mina y San Isidro, donde atiende alrededor de 150 clientes por semana.

“Estos préstamos tampoco favorecen al que no está bien económicamente, pero es la única forma porque la situación está muy crítica”, dice. 

Fuente: www.diariolibre.com

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