La industria del cine siempre está buscando su nuevo gran filón y parece que, cuando una fórmula empieza a dar señales de agotamiento, aparece un género dispuesto a recoger el testigo: el terror. Los superhéroes ya son un modelo que parece más que desgastado y, desde luego, ya no son esa respuesta infalible que dominó la taquilla durante una década (que se lo digan a James Gunn y su ‘Supergirl’). Así que la misión es encontrar ahora esa próxima gran franquicia capaz de arrastrar al público a las salas.
De hecho, no es la primera ocasión en la que Hollywood encuentra algo de oxígeno en el terror, ya que cuando necesita reinventarse recurre a él como un auténtico laboratorio de ideas. Ocurrió con el found footage, con el terror de autor que alumbró a toda una productora como Blumhouse y, ahora, parece que la próxima revolución llega gracias a una generación de creadores que aprendió a contar historias en YouTube antes que en una escuela de cine.
Es cierto que con las tres últimas películas punteras (‘Iron Lung’,‘Obsession’ y ’Backrooms’), y con los números en la mano, es fácil sacar esa conclusión. Pero lo que quizá vale la pena apuntar es que esto no es un fenómeno de este último año ni es una mera moda. El terror lleva años siendo campo de pruebas de la industria; experimentando con nuevas tecnologías, modelos de producción más arriesgados y con narrativas innovadoras.
La diferencia, es que ahora la puerta de entrada no es un festival como ‘Sundance’, una escuela de prestigio o cierto apellido. Esta nueva generación ha aprendido a editar, crear, montar y guionizar desde su habitación.
Los nombres propios
Curry Baker ya apuntaba maneras con su metraje ‘Milk&Serial’, un found footage rodado con apenas 800 dólares y publicado gratis en YouTube que cuenta con más de dos millones de visualizaciones. Pero nada hacía pensar que su siguiente proyecto, ‘Obsession’, acabaría convirtiéndose en uno de los fenómenos del año.
Su retorcida e innovadora versión del clásico “ten cuidado con lo que deseas” no solo ha disparado la popularidad de su protagonista, Inde Navarrette (ya encadena nuevos proyectos y hasta protagoniza el nuevo videoclip de Sombr junto con una de las estrellas de ‘Off Campus’), sino que también ha puesto patas arriba la taquilla. Con 371,2 millones de dólares recaudados en todo el mundo ya ha superado a ‘Sinners’ convirtiéndose en la producción original de acción real en inglés más taquillera de la década.
Y, por si fuera poco, ha logrado algo que no ocurría desde 1982: aumentar su recaudación durante cada uno de sus primeros tres fines de semana.

No se queda atrás ‘Backrooms’ de Kane Parsons. El californiano abrió su canal de YouTube con apenas diez años, pero fue en 2022, con solo 16, cuando llamó la atención de medio internet con su corto ‘The Backrooms (Found Footage)’. Inspirado en la popular creepypasta sobre un laberinto infinito de oficinas y dimensiones alternativas que empezó a ganar tracción en un foro como 4Chan, acabó redefiniendo el analog horror y acumulando decenas de millones de reproducciones.
Cuatro años después Parsons no sólo se anima a dirigir ‘Backrooms’, también firma el guion junto con Roberto Patino y participa en la banda sonora. El resultado, otro éxito rotundo, convirtiéndose con 330 millones de dólares recaudados, en en la película más taquillera de A24 con su primera versión.
El tercer nombre de esta hornada es Mark Fischbach, “Markiplier”. En este caso su fama no nace de un cortometraje viral, sino de una de las comunidades más grandes de Youtube, donde acumula cerca de 40 millones de suscriptores. Acostumbrado a escribir, montar e incluso financiar sus propios proyectos decidió dar el salto al largometraje con ‘Iron Lung’, adaptación del videojuego de terror indie de David Szymanski publicado en 2022.
Y, así se formó otro éxito para esta generación de cineastas surgidos de internet, colándose en el segundo puesto de la taquilla estadounidense en su primer fin de semana en cartelera.
Hollywood adapta comunidades
Cuando Hollywood quiere experimentar, lo hace con terror; pero ahora los estudios juegan con ventaja. Apostar por Barker, Parsons o Markiplier no es lanzarse al vacío, todos vienen con una comunidad detrás que ya ha validado su trabajo. Han aprendido con Adobe Premiere, y no haciendo sus pinitos en grandes producciones, pero también han perfeccionado un lenguaje que conecta de manera natural con una generación que ha crecido con internet.
Ahí conviven con naturalidad esos ritmos heredados de YouTube, un found footage llevado más allá, espacios liminales y una narrativa más fragmentada que el público joven reconoce al instante. Al final, se está comprando una forma distinta de contar historias.
Fischbach escribe, dirige, monta, produce, financia y protagoniza gran parte de su propia obra. Estrenó ‘Iron Lung’ a través de su propia productora y distribuidora, Markiplier Studios. Convirtió a su público en el motor de la distribución, ya que su base de 39 millones de suscriptores, sin duda, tuvo algo que ver en su éxito de taquilla de 50 millones de dólares.

Parsons, con su 1,7 millones de suscriptores, crea un fenómeno desde cero con una audiencia muy bien construida y acostumbrada a lo que el autor tenía que ofrecer; esos found footage evolucionados y esa estética tan particular. Así que, pese a no tener una comunidad tan enorme cuando Hollywood llamó a su puerta, la construyó a raíz de una idea muy concreta.
“Lo que ha ocurrido aquí demuestra que es posible crear un nicho en la red, hacerlo funcionar de forma sostenible y luego escalarlo cuando llegan más recursos. Estoy seguro de que ahora mismo hay mucha gente intentando descubrir cómo repetir ese fenómeno, cómo hacer que el rayo caiga dos veces” Kane Parsons
Estos fenómenos son la siguiente gran mutación del género. Es más, los estudios de Hollywood apuestan por los activos digitales y no se quedan solo en Tiktok o Youtube: ahora su radar apunta a Reddit. Buscan en la plataforma relatos cortos e ideas que puedan convertirse en películas tras lo acontecido este último año; vamos, una ‘Blood list’(recopilación de los mejores guiones de género no producidos del año) más moderna y reformulada.
Nada descabellado, ya que el propio director de marketing de Reddit, Jim Squires, definía la plataforma como “una especie de incubadora de IPs casi en tiempo real, con moderadores y comunidades que están creando estos espacios en los que las historias y los fandoms pueden crecer de forma orgánica”.
¿Y en España?
Si miramos en el territorio nacional, no contamos con un caso tan claro y reciente como el de Parsons o Markiplier, pero eso no significa que la industria española haya permanecido ajena a este fenómeno. Mucho antes de que Hollywood se fijara en YouTube, el cine español ya había incorporado con ‘REC’ algunos de los códigos visuales que más tarde se harían habituales en internet: una cámara en primera persona, esa sensación de grabación improvisada y falsa inmediatez que funcionaba perfectamente para la inmersión del espectador.
Y, en cuanto a lenguaje se refiere y apartando el género, figuras patrias como Carlo Padial lleva años explorando esa frontera entre internet y cine. Desde sus videos para Playground o proyectos como ‘Vosotros sois mi película’ Padial ha convertido los códigos de los videos virales, los memes y la comunidad online en materia cinematográfica muchos antes de que Hollywood usara YouTube como su cantera.
Si finalmente intentamos abarcar toda la producción audiovisual y aceptamos un formato como el documental dentro de esta búsqueda de caminos similares en nuestro territorio, nos encontramos un caso reciente de éxito como el de Carles Tamayo. Ha pasado mucho tiempo desde que su documentada infiltración en El Palmar de Troya llamase la atención de la televisión generalista pero ahora es en concreto Televisión Española la que le encargó su último proyecto documental con ‘Se nos ha ido de las manos‘.
Siempre que Hollywood prueba algo, primero experimenta con el terror
Y es que si, no es una moda aislada ni mucho menos reciente, el terror lleva funcionando como el gran banco de pruebas de la industria desde hace décadas. A diferencia del drama o la comedia, este género no necesita conquistar a todos los públicos para ser rentable, con conectar con los aficionados del terror ya puede convertirse en fenómeno.
Basta con echar la vista atrás: el found footage, ese material grabado encontrado posteriormente por los personajes, asoma la cabeza en los 80 con ‘Holocausto Caníbal’ pero es con la famosa ‘El Proyecto de la Bruja de Blair’ (1999) cuando esa experimentación con el formato crea una sensación de realidad nunca vista en el género y, así, hace 27 años Hollywood constata que una cámara doméstica podía crear más angustia que cualquier superproducción.
Durante los 2000 el cine digital se consolida con este género. Mientras los estudios canónicos apostaban por producciones tradicionales, el terror se hacía amiga de esas cámaras digitales de bajo coste convirtiéndolas en su herramienta creativa. Más tarde, cuando Blumhouse Productions aparece se centra en un aspecto diferente y cambia las reglas del juego, no quiere revolucionar la técnica o el lenguaje del género sino su modelo económico: presupuestos bajos, libertad creativa para los autores y beneficios considerables si el público respalda los productos. Gracias a esta fórmula contamos con tótems como ‘Insidious’(2010) o ‘La purga’(2013).

El siguiente paso es más artístico que económico. Películas como ‘It Follows’(2014) demostraron que el terror podía volver a conquistar a la crítica sin perder el favor del gran público. A24 supo leer ese cambio como nadie y lo convirtió en su seña de identidad. A partir de 2015 elimina esa categoría de nicho y atrapa a algunos de los directores más interesantes del momento como Robert Eggers (‘La bruja’) o Ari Aster (‘Hereditary’, ‘Midsommar’).
Desde entonces ese grito ahogado de Florence Pugh en ‘Midsommar’ o esa mirada penetrante de Anya Taylor-Joy en ‘La Bruja’ son difíciles de superar. Ahora el ciclo parece repetirse, sólo que esta vez no hablamos de una nueva cámara o de un nuevo modo de producción.
La verdadera clave
Más allá de innovaciones técnicas y presupuestos, el terror ha funcionado como un nexo y como chispa creativa para la industria desde hace décadas gracias a lo cotidiano del miedo. Es un género que ha sabido leer como nadie el temor y retos de cada época y cada generación. Bajo una lente fantástica o un elemento irreal, Jordan Peele o Ari Aster nos hablan de racismo, del duelo, de las relaciones familiares o la ansiedad construyendo así un miedo más perturbador que cualquier monstruo o festival inquietante.
“Tengo mucho miedo. Todo el rato. Pero el cine de terror me ha ayudado desde que era niña: a la vez que alimentaba mis temores y generaba muchos nuevos, me ha brindado un lugar en el que cobijarme, en el que aprender” Desirée de Fez en ‘Reina del grito’
Entonces, la conclusión parece evidente, ¿Quién puede entender mejor los miedos e interpelar mejor a una generación que ha crecido entre videos virales, algoritmos y comunidades online? Los propios creadores que han aprendido ese lenguaje desde dentro. Y, si algo continúa demostrando este fenómeno, es que si Hollywood necesita reinventarse mira al terror. Y cada vez que el terror necesita reinventarse, mira fuera de Hollywood.
Fuente: www.xataka.com






