
Imagen referencial. / Crédito: Pixabay.
Los obispos católicos de África han publicado un informe final que aborda el desafío pastoral de la poligamia en todo el continente.
El documento de 25 páginas responde directamente al mandato que la XVI Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, el Sínodo sobre la Sinodalidad, dio a los miembros del Simposio de Conferencias Episcopales de África y Madagascar (SECAM) para “promover el discernimiento teológico y pastoral sobre la poligamia”.
Elaborado por una comisión del SECAM integrada por teólogos y profesionales de disciplinas eclesiásticas relevantes, el informe presenta una reflexión estructurada sobre el fenómeno mediante un proceso de “cuádruple escucha”: una atención profunda a las realidades culturales africanas, la Sagrada Escritura, la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio cristiano y las prácticas pastorales ya implementadas en las comunidades eclesiales de todo el continente.
La poligamia en el contexto de la familia africana
El informe comienza situando la poligamia dentro del contexto cultural y religioso más amplio de la familia africana. Según la comisión SECAM: “La familia africana se fundamenta en el pacto: una alianza entre grupos humanos, una alianza con los ancestros y una alianza con Dios”.
Dentro de esta cosmovisión, el nacimiento de los hijos es fundamental. Los miembros de la comisión explicaron que “en el seno de esta familia, el niño representa un tesoro inestimable, una bendición divina. Perpetúa el nombre del linaje y contribuye a consolidar la vida presente”.
Es dentro de este marco que los miembros de la comisión SECAM situaron la poligamia, definida como “un régimen matrimonial en el que un individuo está vinculado simultáneamente a varias esposas”. Aclararon que, si bien el término técnicamente incluye tanto la poliandria como la poliginia, esta última —un hombre casado con varias mujeres— sigue siendo, con mucho, la forma más común en África.
Históricamente, esta práctica surgió de necesidades sociales específicas. En las primeras sociedades agrarias y nómadas, las familias numerosas proporcionaban estabilidad y seguridad económica, señalaron, recordando: “Los matrimonios polígamos se practicaban no solo por el bien de las familias numerosas, sino también por razones de solidaridad, alianzas y objetivos políticos”.
El matrimonio en las sociedades africanas tradicionales también conllevaba dimensiones comunitarias y espirituales que hacían que el divorcio fuera poco común, añadieron, recordando que las ceremonias matrimoniales involucraban no solo a los cónyuges, sino también a familias enteras e incluso invocaban a los ancestros, lo que reflejaba una profunda comprensión comunitaria de la vida familiar.
Discernimiento bíblico
Recurriendo a las Escrituras, los miembros de la comisión SECAM observaron que la propia Biblia refleja diversas prácticas matrimoniales. En el mundo del Antiguo Testamento, “las formas de matrimonio variaban, desde la poligamia hasta la monogamia”, y varias figuras bíblicas vivieron en uniones polígamas.
Sin embargo, los miembros de la comisión destacaron en el informe que la monogamia surgió gradualmente como el ideal bíblico. Señalaron el Libro de Tobías como un texto que “exalta la monogamia” con fuerza, describiendo familias “estrictamente monógamas” y caracterizadas por la fidelidad y la devoción religiosa.
Los miembros de la comisión interpretaron este desarrollo como parte de lo que denominan una “pedagogía divina”. Según su informe, Dios permitió la poligamia históricamente, pero finalmente reveló el ideal del matrimonio monógamo a través de Cristo.
“En su Hijo, muestra que la poligamia no es la pareja ideal que Dios desea”, afirmaron, enfatizando la enseñanza de Jesús de que el matrimonio es la unión entre “un hombre y una mujer”.
Esta reflexión bíblica también abordó una de las motivaciones culturales más comunes para la poligamia: la infertilidad. La comisión insistió en que los impedimentos biológicos a la fertilidad no justifican la poligamia.
Explicaron que la tradición bíblica amplía la comprensión de la maternidad y la paternidad más allá de la reproducción biológica. La verdadera fecundidad, escribieron los miembros de la comisión, puede consistir en la fidelidad a Dios y una vida virtuosa, y no solo en la descendencia biológica.
Cuestiones éticas planteadas por la poligamia
El informe sobre los desafíos pastorales de la poligamia planteó cuestiones éticas acerca de si el significado esencial del matrimonio cristiano puede conciliarse con las uniones polígamas. La comisión destacó la concepción cristiana del matrimonio como una entrega mutua total entre dos personas.
“Si el matrimonio se traduce en ‘la entrega de uno mismo al otro’, cabe preguntarse cómo un hombre o una mujer pueden experimentar esta ‘entrega’ al entregarse a varias esposas o esposos al mismo tiempo”, observaron.
Los miembros de la comisión también plantearon interrogantes sobre las dimensiones emocionales y psicológicas, preguntándose si las relaciones matrimoniales compartidas corren el riesgo de socavar la auténtica comunión entre los cónyuges.
La comprensión cristiana del matrimonio, señalaron, se ve aún más iluminada por la comparación que hace el apóstol Pablo entre el matrimonio y la relación entre Cristo y la Iglesia: una alianza de amor singular y exclusiva.
Retos pastorales: Bautismo y vida sacramental
La comisión reconoció que la poligamia ha planteado durante mucho tiempo retos pastorales para la Iglesia en África, especialmente cuando las personas que viven en uniones polígamas buscan el bautismo o la integración en las comunidades católicas.
Históricamente, los misioneros solían abordar el tema exigiendo la monogamia como condición para el bautismo, recordaron, añadiendo que “el matrimonio monógamo era, por lo tanto, un requisito para ser o llegar a ser cristiano”.
Sin embargo, hoy en día, la práctica pastoral ha evolucionado en muchas diócesis africanas, indicaron, identificando varios enfoques pastorales que se utilizan actualmente en las iglesias locales.
Un enfoque exige que el hombre que busca la plena participación sacramental elija a una esposa mientras continúa proveyendo para las demás mujeres y sus hijos.
Otra respuesta es el “catecumenado permanente”, en el que una persona polígama participa en la formación catequética y la vida comunitaria, sin recibir el bautismo ni los demás sacramentos, debido a la continuidad de su situación matrimonial.
Una tercera práctica consiste en bautizar a la primera esposa cuando ha sido colocada en una relación polígama sin su consentimiento. En tales casos, puede integrarse plenamente en la comunidad cristiana sin salir de su entorno familiar.
Posición sobre el bautismo para polígamos
Una de las conclusiones más claras de la comisión SECAM se refería al sacramento del bautismo. La comisión argumentó que bautizar a alguien que pretende permanecer en una unión polígama conlleva el riesgo de socavar el significado teológico del bautismo.
“Bautizar a un polígamo que seguirá siéndolo daría la apariencia de legitimar esta irregularidad y podría distorsionar o incluso devaluar el bautismo en su esencia”, afirmaron.
Por este motivo, la comisión recomendó que el bautismo se realice normalmente tras un claro compromiso con el matrimonio monógamo.
Según su informe, los catecúmenos polígamos deben someterse a una preparación exhaustiva y estar dispuestos a “aceptar el mensaje del Evangelio, adherirse al ideal cristiano y comprometerse con el matrimonio monógamo antes de recibir el bautismo”.
Implicaciones para los católicos que viven en familias polígamas
En el plano pastoral, los miembros de la comisión hicieron hincapié en el acompañamiento en lugar de la exclusión. La Iglesia, según el informe, debe practicar “un enfoque pastoral de cercanía, escucha y acompañamiento”.
Este enfoque reconoce que muchas familias polígamas no pueden disolver fácilmente los lazos matrimoniales existentes. En tales casos, el acompañamiento pastoral puede mantener la estructura familiar mientras se introduce gradualmente la visión cristiana del matrimonio.
La comisión señaló que algunos miembros de familias polígamas —en particular la primera esposa y los hijos— pueden cumplir las condiciones para la plena participación sacramental, mientras que otros pueden vivir su fe “de manera penitente y con la esperanza de una plena integración en la comunidad de los discípulos de Jesús”.
En definitiva, los miembros de la comisión enmarcaron el tema como parte de un proceso más amplio de inculturación. El reto para la Iglesia en África, concluyeron, es presentar el Evangelio dentro de las realidades culturales, manteniéndose fieles a la comprensión cristiana del matrimonio.
Publicado originalmente en ACI África. Traducido y adaptado por ACI Prensa.
Source: www.aciprensa.com






